El doctor José Ignacio Herrero, responsable médico del programa de trasplante hepático de la CUN desde el año 2000 y director de su servicio de medicina interna desde 2024, expuso este miércoles en el Civican los principales riesgos oncológicos asociados al trasplante hepático en una charla organizada por Atehcna, la Asociación de Personas Trasplantadas y Enfermas de Hígado y de Corazón de Navarra.

Aunque la supervivencia de los pacientes trasplantados de hígado se acerca al 90% en el primer año, los datos del Registro Español de Trasplante Hepático muestran que la curva cae a largo plazo, y que las neoplasias se convierten en la principal causa de mortalidad a partir de los tres años. En el primer año predominan las infecciones; entre uno y tres años, la recurrencia de las enfermedades previas; más allá, el cáncer. "El trasplante tiene un precio que pagar, y ese precio es la inmunosupresión", explicó Herrero para mencionar que el tratamiento que impide el rechazo del órgano atenúa también la vigilancia del sistema inmunitario frente a las células tumorales. Un paciente trasplantado tiene entre dos y cuatro veces más probabilidades de desarrollar un cáncer que una persona de su misma edad y sexo; en tumores relacionados con virus oncogénicos –como los de cuello de útero o algunos cutáneos– ese riesgo puede multiplicarse entre 10 y 100 veces.

Herrero explicó que una mayor exposición al tacrolimus, uno de los inmunosupresores más utilizados, se asocia a un mayor riesgo de neoplasia. Respecto al sirólimus, que algunos estudios apuntaban como protector, el especialista fue prudente: "Frente a los cánceres de piel hay diferencia, pero en los tumores globales no parece que proteja de los tumores realmente importantes". Y descartó también interrumpir la inmunosupresión como estrategia preventiva: un análisis comparativo de pacientes tolerantes frente a pacientes con características similares no mostró diferencias en el desarrollo de tumores. "No debería interrumpirse la inmunosupresión para reducir el riesgo de cáncer", señaló.

Tumores cutáneos

Los tumores cutáneos son los más frecuentes tras el trasplante: más del 20% de los pacientes desarrolla alguno en 10 años, con tendencia a la recurrencia. Las personas con piel clara y mayor exposición solar acumulada presentan más riesgo. Sin embargo, aunque son tumores "muy latosos", no suelen comprometer la supervivencia a largo plazo. Los que sí lo hacen con dureza son los de otro tipo: "La supervivencia cae muy rápido; fallecen en los primeros dos años".

Entre los factores de riesgo modificables, destaca el tabaco. Herrero lo vinculó a los tumores de pulmón, cabeza y cuello, esófago y urotelio, y mencionó que "dejar de fumar reduce el riesgo de cáncer". El perfil de mayor riesgo oncológico tras el trasplante, según los datos presentados, es el de un hombre mayor de 50 años, fumador y con enfermedad hepática previa causada por el alcohol.

Cribado precoz, fórmula eficaz

Frente a este escenario, Herrero defendió con datos los programas de detección precoz como la respuesta más efectiva. En la CUN, los tumores diagnosticados mediante cribado –antes de que den síntomas– presentan tasas de curación muy superiores a los detectados de forma tardía o accidental, cuya supervivencia al año del diagnóstico se reduce drásticamente. En cáncer de pulmón, el seguimiento con TAC torácico ha permitido que el 80% de los casos se diagnostiquen en estadio precoz, frente a ninguno antes de implantar el programa. El TAC ofrece un beneficio añadido: permite detectar calcificaciones en las arterias coronarias, un indicador de riesgo cardiovascular. En tumores de cabeza y cuello, el cribado en pacientes fumadores con consumo acumulado elevado permitió diagnosticar la mitad de los casos en estadios tempranos.

Herrero cerró su intervención abordando la situación de los pacientes trasplantados con infección por VIH, una combinación que podría parecer especialmente desfavorable. Los datos de la cohorte de la CUN, sin embargo, mostraron que en pacientes seleccionados la incidencia de tumores y la supervivencia tras el diagnóstico son comparables a las del resto de trasplantados. "Los trasplantados con VIH seleccionados no tienen más riesgo de cáncer", concluyó.