La familia de Jon Sustacha “ruega humanidad” para encontrar al ingeniero bilbaino bajo las paredes de su edificio en La Guaira, Venezuela
Un sueño de volver a Euskadi, enterrado bajo los escombros: planeaba pasar su jubilación junto a su mujer, Roxana Meneses, en Bizkaia donde había comprado una casa
El abandono pesa más que los escombros. “Nuestro familiar se merece un duelo digno y aquí nadie del Gobierno nos ayuda ni nos va a ayudar a pesar de ser la zona más castigada”. Este es el grito desesperado de la periodista Daniela Mendes a DEIA. Su cuñado Esteban es el único hijo de Jon Sustacha Loygorri, bilbaino que recientemente había comprado una casa en Bizkaia y, tras tenerla alquilada, planeaba pasar su jubilación en ella junto a su mujer, Roxana Meneses. Sin embargo, el doble terremoto sepultó su cuerpo el pasado miércoles, así como su inminente sueño dorado en Euskadi.
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Roxana, devastada, se mantiene acariciando a su perro ante los escombros sobre los que mantiene que está su marido. “Es carismática, amigable y un amor de persona”. Nadie la movilizará hasta que den con su cuerpo, el de un ingeniero bilbaino de 69 años, tranquilo, de sonrisa amable, aquejado de hipertensión, y que comparte expresiones en euskara con su familia, así como recetas de la gastronomía vasca, de la que es embajador en la diáspora venezolana. Pero, “no se oye ninguna voz de hombre, solo una de una mujer desde hace horas” y a la que tratan de rescatar en el Edificio Los Corsarios de Playa Grande en La Guaira, antes Estado de Vargas. “Solo han podido rescatar hasta ahora a los del penthouse, a los del edificio más alto: tres cadáveres. Y por suerte, una mujer con vida”.
“Impotencia, rabia”
La familia muestra en todo momento su “impotencia, rabia”, transmiten. “No sabemos cómo está. Posiblemente muerto. Sería un milagro hallarlo con vida. Queremos saber, al menos, si está muerto, porque merece un duelo digno. Pero sabemos que el Gobierno no va a venir. Aquí no viene ni el Ejército ni nadie. No hay rescatistas”, lamenta y apostilla: “Son las empresas privadas las que están trabajando gratis por solidaridad. Los del Gobierno son unos inútiles de mierda. ¡Qué rabia tengo! Disculpe. Solo podemos apoyarnos entre nosotros y ¿cómo va a poder una persona con un techo caído de más de 60 kilos?”.
A renglón seguido habla de la mujer de Sustacha. “Está fatal. Imagínese. Hace dos años se le murió su padre, el año pasado su madre y ahora su esposo. Y el hijo de Jon –no es hijo de ella- está en Canadá, en la distancia con mi hermana Vanesa”. La familia se reunió junta por última vez en el país norteamericano donde fue bautizado su nieta. Allí conversaron sobre su futuro, siempre cerca del mar. De hecho, “él es ingeniero marítimo. Desconozco si trabajó en una empresa de aire acondicionado, como dice algún medio. En Venezuela no hay trabajos fijos. Igual que se abren empresas, se van cerrando, y la gente sigue sobreviviendo como puede”.
Un hombre arraigado al País Vasco
Daniela, de forma inconsciente, habla durante la comunicación sobre Sustacha en ocasiones en presente, con vida, y en otras, en pasado, como fallecido. Su esposa tuvo la suerte a su lado. “Roxana se libró del desplome del edificio gracias a que había salido con su perrito a visitar a un familiar. Y ahí sigue, como Jon que lleva más de 24 horas bajo los escombros. Solamente se escucha la voz de una mujer atrapada. No llegan rescatistas y el Gobierno, como le decía, no manda a nadie: ni cuerpos de rescate ni militares. Sabemos que está difícil, pero estamos desesperados y esperamos un milagro”, amplifica.
Sin duda, él, a pesar de los muchos años que ha vivido en Venezuela, era un hombre arraigado al País Vasco. “Nuestra lucha es porque no pase una hora más bajo los escombros. Ruego humanidad por favor”.
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