Cada septiembre, el sonido de las mochilas y las carreras en los patios de Navarra inaugura algo más que un calendario escolar. Lo que se abre tras las puertas de las aulas de Infantil y Primaria es un reflejo de la sociedad actual en un entorno donde ya no existe la uniformidad. En un mismo pupitre conviven hoy niños con ritmos de aprendizaje opuestos, lenguas maternas diversas y realidades familiares distintas. Esta pluralidad ha dejado de ser una anécdota para convertirse en el eje del trabajo diario a través de un marco que busca garantizar que cada estudiante progrese desde su propio punto de partida.
Diseñar un programa universal
Atender esta diversidad no consiste en dar a todos lo mismo porque la eficacia del sistema reside en saber gestionar la diferencia. Bajo este prisma, la educación inclusiva en la Comunidad Foral ha trazado una línea clara entre la igualdad y la equidad. Mientras la primera se limita a garantizar el acceso a los recursos, la equidad ajusta esas herramientas a las necesidades particulares de cada alumno. Este cambio de paradigma encuentra su respaldo legal en la Ley Foral 17/2023, de 5 de abril, de Educación de Navarra, que junto a la Orden Foral 69/2023 constituye la guía para que los centros no solo detecten las dificultades de forma temprana, sino que transformen su propia estructura operativa para eliminarlas.
En la práctica, esta transformación se traduce en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), un enfoque que permite que el contenido sea una vía con múltiples accesos. Ya no se trata de que el alumno se adapte forzosamente al libro de texto, sino de ofrecer diversas formas de participar y expresar lo aprendido,y evaluar más las competencias adquiridas en el aula. En estas aulas el apoyo ya no conlleva sacar al niño del grupo para llevarlo a un espacio de refuerzo, sino que la inclusión se integra en el aula ordinaria.
Mediante el trabajo cooperativo y los agrupamientos flexibles, los especialistas trabajan dentro de la dinámica general para que quien necesita ayuda la reciba sin perder el vínculo con sus compañeros de referencia.
El cimiento de la salud emocional
El aprendizaje es una estructura que corre el riesgo de resentirse si no se asienta sobre un bienestar psicológico sólido. Para el alumnado que encuentra barreras de aprendizaje de manera intrínseca, la jornada escolar puede convertirse en una sucesión de metas inalcanzables que erosionan su autoconfianza y generan un desánimo profundo ante la tarea. Esa sensación de esfuerzo sin recompensa visible es la que la normativa actual busca mitigar al reconocer que la inclusión es, ante todo, una cuestión de pertenencia.
Desde los primeros años de escolarización, el aula se configura como un espacio de convivencia donde gestionar el impacto de estos obstáculos es tan prioritario como los contenidos académicos. Sentirse capaz y parte del grupo no es un beneficio secundario, sino una condición necesaria para el desarrollo cognitivo. Por ello, la detección precoz de cualquier señal de retraimiento o de desvinculación permite activar una red de protección que asegura que el crecimiento académico y la seguridad personal avancen de forma equilibrada. Al intervenir sobre la raíz del malestar, se evita que las dificultades técnicas de aprendizaje se conviertan en una herida en la identidad del niño o la niña.
Una red compartida de recursos
Este engranaje no funciona de forma aislada, sino que se entiende como un proceso compartido donde la colaboración entre docentes, orientadores y familias resulta esencial. El acompañamiento de los núcleos familiares es la pieza que permite ajustar los apoyos al ritmo real de cada estudiante, asegurando que el esfuerzo realizado en el colegio tenga una continuidad coherente en casa. En este escenario, el Centro de Recursos para la Equidad Educativa de Navarra, conocido como CREENA, actúa como el organismo técnico que asesora a los colegios en la identificación de barreras específicas y en la formación permanente del profesorado.
La atención a la diversidad está directamente vinculada con la capacidad de respuesta del sistema educativo en su conjunto. Desde el primer ciclo de Infantil hasta el final de la Primaria, la escuela en Navarra se configura como un espacio frente a la exclusión. La legislación se entiende como la garantía de que la educación cumpla su función social al ser un lugar donde aprender, participar y convivir sean derechos efectivos para todo el alumnado, independientemente de su situación de partida y con el interés superior del menor como principio de cada decisión tomada.