Retoques estéticos: la pérdida de expresión facial en Hollywood
Estos procedimientos parecen haber transformado el rostro de algunos actores y actrices de manera evidente, lo que supone una pérdida de la narrativa profunda a cambio de una máscara estática
Desde hace eones -prácticamente desde el comienzo de su existencia- el cine se ha sostenido sobre la cara humana, utilizándola como su herramienta más profunda a la hora de reflejar todo tipo de emociones. Muchos recordarán la escena de El club de los poetas muertos, en la que el personaje interpretado por Robin Williams se da cuenta de que su alumno le miente sin decir nada verbalmente.
Desde la era del cine mudo con Charles Chaplin hasta leyendas como Meryl Streep, la capacidad de transmitir emociones a través de microexpresiones ha sido lo que ha hecho a un actor o actriz inolvidable. No obstante, y sobre todo desde el estreno de la última temporada de Stranger Things a principios de año, los estándares de belleza impulsados actualmente por el uso normalizado del bótox, los rellenos y las carillas dentales parecen estar provocando una crisis narrativa sin precedentes, basada en la desaparición de la expresión facial en Hollywood.
Víctimas del sistema
La directora de teatro orozkoarra Agurtzane Intxaurraga opina que “esta sociedad es víctima del sistema capitalista, machista y patriarcal”. De hecho, matiza: “Antes lo que era la imagen parecía que solo afectaba a las mujeres y, en vez de solucionar eso, ahora el género masculino también es una víctima de todo lo que tiene que ver con la belleza”.
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Y es que algunos de estos procedimientos, más aún si se abusa de ellos, pueden paralizar ciertos músculos necesarios para comunicar sentimientos como el enfado o la tristeza, lo que ocasiona como resultado rostros lisos e impecables, pero extrañamente vacíos. Casos recientes evidencian este hecho, incluso al tratarse de figuras consagradas como Nicole Kidman o Zac Efron, donde su expresividad se ve amortiguada por una máscara de tensión que dificulta la conexión son el espectador.
Desde edades tempranas
Lo más preocupante del asunto es que esta tendencia ha llegado a las generaciones más jóvenes.
Un ejemplo de ello es Millie Bobby Brown, que refleja cómo la presión estética afecta ahora a quienes crecieron frente a la cámara, mostrando en sus trabajos más recientes una rigidez facial que limita esa visceralidad que la caracterizó en sus inicios, cuando comenzó a interpretar a Eleven en Stranger Things, instantes en los que tan solo era una niña.
Intxaurraga incide en que es algo muy distinto a romperse “una rodilla”, pues más bien se trata de que “nos estamos rompiendo emocionalmente”. Cree que “el gran problema está en que empiezan casi desde niños” y lo compara con la presencia de “los chavalitos y chavalitas” en redes sociales. Esto también es comparable a la habituabilidad con la que se utilizan los filtros estéticos en dichas plataformas. “Como directora, ¿qué te voy a decir? Se necesitan tener herramientas para no dejarse guiar por esa vía. Siempre juegan con la autoestima, y te juzgan no por tu trabajo, sino por cómo eres. Y eso no puede ser”.
El cine de época, un ejemplo revelador
Cabe destacar que el impacto no es solo estético, sino estructural. Por ejemplo, el cine de época también está sufriendo un anacronismo visual si tenemos en cuenta que producciones como Bridgerton -que también ha estrenado este año una nueva temporada- presenta rostros intervenidos con pómulos y labios que pertenecen a un presente digital muy distinto al de la época de la Regencia inglesa.
Debido a esta rotura de verosimilitud histórica, es cada vez más habitual toparse con producciones guiadas por directores que están modificando su técnica. Evitan planos largos, aumentan el uso de música intensa y recurren a diálogos explicativos o a voces en off para narrar lo que es rostro del actor ya no es capaz de mostrar.
En última instancia, crea mucha incertidumbre ser testigo de cómo la industria sacrifica sin miramientos la verdad emocional en favor de una imagen propia de un catálogo o un feed en redes sociales. Al borrar las arrugas y las huellas del tiempo de los rostros, el cine corre el riesgo de dejar de ser un arte humano para convertirse en una vitrina de belleza vacía, en la que los espectadores terminemos quedándonos solos frente a la pantalla. Pero, ¿podemos culpar a los actores y actrices que recurren a esta causa? Yo no lo creo.
