'El perro andaluz'..., que muerde
El programa se estrenó en La 1, 'by Manu Sánchez, aupado por el Mundial de fútbol
Aupado por el Mundial de fútbol, el estreno en La 1 de El perro andaluz by Manu Sánchez ha brillado en el ranking de las audiencias, precedido de una brutal campaña publicitaria a cuenta -más allá del guiño a Buñuel- del juego de palabras del Perro Sánchez, que en el estreno volvió a repetir ya en el rótulo inicial junto a un elocuente Tele Pedro presenta...
A Manu Sánchez le ha sentado muy bien cumplir años, pese al susto médico sufrido (un cáncer testicular con metástasis, que casi le cuesta la vida) del que incluso se atreve a bromear. Se nota la madurez en su discurso (reivindicativo sin perder el humor), en la presencia escénica (al estilo Buenafuente) y en la verdad que ahora transmite.
Me convence mucho más este Manu Sánchez que aquel que llegó, aún verde, a la cadena ídem (La Sexta) y mucho más que aquel que inició su carrera replicando, en la tele andaluza, monólogos que ya habíamos escuchado en El club de la comedia. Y me gustó mucho también que el otro jueves estrenara el programa haciendo un largo homenaje a El perro verde de Jesús Quintero, aquel magnífico programa de entrevistas que hizo en TVE, del que recicló algunas de sus maravillosas preguntas.
Los primeros minutos de El perro andaluz fueron magníficos y no tanto por la parodia de Bad Bunny en la Superbowl (en La Sexta eligió a Miley Cyrus para debutar) sino por salirse del tiesto, de lo convencional, por sus ganas de morder la actualidad y a quienes nos intentan robar derechos como la educación, la sanidad pública y hasta la democracia.
Al andaluz, el maltrato de la vida le ha hecho más fuerte y más resistente a la crítica, venga de donde venga, también de donnadies como el que firma estas lineas bajo la amenaza yugular de la gran antena de la tele: Torrespaña.
Sánchez estuvo sembrado con el chiste sobre tener colocado ya desde el primer programa a su hermano y con aquello de que la gente se piense dos veces si merece la pena denunciarle si dice algo improcedente, porque la justicia es lenta y la enfermedad rápida y, hoy, solo teme a lo que le diga su oncólogo. Chapeau.
Fue después de todo eso, y al entrar en faena, cuando el ingenio y el brillo dio paso a un late-night más, sin nada que lo haga diferente a todos los demás.
Tampoco sorprendió con sus invitados, el músico Manuel Carrasco (que acababa de pasar por los programas de Bretos y Broncano), y el omnipresente y amuleto de audiencias Miguel Ángel Revilla (que cuatro días antes había estado con Mercedes Milá contando lo mismo).
Fue ahí donde el programa perdió su brillo y se convirtió en otro más, ni mejor ni peor. Por no faltar, no faltó ni el típico colaborador/a que interrumpe, no deja hablar, ni tampoco escucha al invitado, para disgusto (más que evidente) de un desconcertado Revilla.
