Ordino, en Andorra, el secreto mejor guardado de los Pirineos
Andorra, el pequeño país pirenaico, es bien conocido por sus bellos paisajes. Las rutas interiores del Principado conducen a pueblos y parroquias encantandoras, rodeados de impresionantes montañas y lagos, donde Ordino es solo un hermoso ejemplo, lejos de las aglomeraciones humanas
“Si quieres bullicio, vete a Andorra; si quieres tranquilidad, vete también a Andorra”. La paradójica frase, escuchada al simpático guía Robert Lizarte, no encierra ninguna contradicción. Andorra la Vella, su capital, junto a Les Escaldes, concentra la mayor parte de la oferta comercial y hotelera del principado. En ellas llama la atención su incesante dinamismo; el ir y venir de turistas y visitantes por sus calles es de por sí un bullicioso espectáculo. Porque las compras siguen siendo, aún hoy, un reclamo de primer orden en este país. Pero a sólo unos minutos de este imponente paraíso consumista, se puede disfrutar también de la tranquilidad, el sosiego, y la paz que brinda la alta montaña.
Es lo que ofrece la otra cara andorrana. Estas son, pues, las dos opciones que presenta este milenario territorio. La elección depende de las preferencias del viajero. Aunque, obviamente, una no es excluyente de la otra.
Un pueblo de fábula
Cada rincón de este país es un deleite para la vista. La dirijas donde la dirijas, te parece contemplar la foto fija de una postal. Una mirada irresistible en la que sus impresionantes paisajes hacen sentir al viajero insignificante ante tanta bucólica belleza. Pero Andorra es también un privilegio para el visitante que se atreve a mirarlo hacia su interior.
Ordino es, en este sentido, el pueblo más bonito del Principado. Tiene la población más alejada de las multitudes con las que te topas en el área comercial de la capital y Les Escaldes. Un destino perfecto para el viajero que busca tranquilidad, rodeado por la majestuosidad de sus montañas, pistas de esquí (Arcalis), bosques, y lagos. El pueblo es famoso por sus calles bien cuidadas y adornadas con flores, especialmente por la acogida de sus gentes.
Ordino, parece de fábula, pero es real. Puede verse, olerse y se deja acariciar. Destaca por su modélica arquitectura de piedra montañesa. Nada hay en ella que desentone. Uno de sus elementos, entre otros, más singulares se encuentra en la plaza del pueblito. Se trata de un comunidor, un porche de pequeñas dimensiones desde donde el rector lanzaba los exorcismos contra las tormenta.
La mejor manera de conocer sus encantos naturales alrededor de Ordino es recorrer la extensa red de caminos conocidos como GRP, a pie, en bicicleta, automóvil, todo terreno, o a caballo. Hay también una rica oferta de senderismo, incluyendo los Lagos de Tristaina y el Parque Natural del Sorteny, famoso por su biodiversidad y la flor nacional (grandalla), declarado Reserva de la Biosfera por al Unesco, así como un tramo de la Ruta del Ferro o de la Vall de Sorteny. Todas ellas son espectaculares rutas de las que te enamoras a primera vista.
Las casas-museo
Pero un itinerario ideal para quien le guste disfrutar tanto de los paisajes naturales, como del importante patrimonio histórico-cultural es visitar dos de las más típicas casas rurales que evocan la antigua forma de vida andorrana, ubicadas en Ordino.
Casa Cristo, en Encamp, es una curiosa vivienda payesa, humilde, pero que encierra entre sus paredes, el secreto de la supervivencia. Sus habitantes sabían elaborar por sus propios medios los alimentos básicos, como el aceite o el pan, y dotarse asimismo de los utensilios necesarios en su vida diaria. La casa consta de cuatro plantas, que conservan mobiliario, recuerdos, y objetos que harían hoy la delicia de cualquier coleccionista o anticuario. En la repisa de la chimenea, por ejemplo, se observa, una bandeja de correo de la que destacan algunos sobres con ribetes coloreados típicos de la vía aérea, procedentes de familiares que emigraron a ultramar a principios del pasado siglo. Una visita guiada que despierta aún más interés por los extensos conocimientos que transmite el afable responsable turístico del lugar.
Por otra parte, La Casa d’Areny-Plandolit (siglo XVII ), sin embargo, es uno de los museos más emblemáticos de Andorra. Se trata del único ejemplo de casa señorial en Andorra que ha llegado intacta hasta nuestros días. En contraste con la anterior, ésta es una muestra representativa de las familias más acomodadas del país. En la primera planta se ubican las dependencias más nobles: el comedor, la cocina, la hermosa biblioteca, los dormitorios, la sala de las armas, y la sala noble, decorada con los retratos de los miembros más destacados de la familia. La solariega residencia conserva intacto y en perfecto estado todo el mobiliario, los enseres, las lujosas vajillas, ropas, e incluso los juguetes de la época de los niños.
La visita a estas dos casas-museo es la excusa idónea para realizar un itinerario por la irrepetible naturaleza del Principado, y que pocos se atreven a descubrir si su objetivo es sólo el de las compras en la capital del Principado.
Parada con almuerzo en Llorts
Ordino cuenta, además, con núcleos de población tradicionales bien conservados. Con algo menos de 5.000 habitantes repartidos entre las poblaciones del mismo Ordino, se encuentran, La Cortinada, El Serrat, Ansalonga, Arans, Segudet, Sornás, y Llorts.
Si el viajero ha llegado hasta aquí, sería imperdonable que no se acercarse a otro vecino pueblo de Llorts (100 habitantes), a no más de dos o tres kilómetros. No sólo para admirar el conjunto urbano mejor conservado de la zona, sino también para saborear la exquisita cocina del restaurante La Neu cuyos amabilísimos maestros de ceremonia, los que con sus creativos y sugestivos platos, elevan la gastronomía a categoría artística. El acogedor establecimiento brinda una atractiva decoración en la que predomina la madera, y, desde el comedor, los comensales pueden gozar, a través de amplios ventanales, de unas vistas panorámicas que aumentan, más si cabe, el deleite del paladar. Al menos, ésta fue la sensación gustativa del que suscribe este artículo.
El regreso puede realizarse por la parroquia de la Massana, a muy poca distancia ya de Andorra la Vella o Les Escaldes. Después de haber visitado varias veces Andorra supe que el verdadero descubrimiento, muchas veces, no consiste en buscar nuevos territorios, sino en ver el mismo con nuevos ojos.
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