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Osasuna no respondió a la exigencia de un encuentro en el que se presuponían aspiraciones y ambición para mirar hacia otra parte de la clasificación –la zona de Europa–, y cayó sin rechistar ante la Real Sociedad. Si se quería ver un encuentro entre dos equipos con anhelos y pretensiones, Osasuna no estuvo a la altura de las circunstancias y fue superado con autoridad por un rival que consiguió una renta cómoda y supo gestionar la continuación.
Los rojillos ofrecieron muy pocos argumentos, casi ninguno, para incidir en la historia del encuentro y completaron una de las actuaciones más pobres fuera de casa de la temporada. Si se quería demostrar otro rango para lo que viene de Liga, fue un mal día para pinchar. Activos en los diez primeros minutos, arrollados a continuación, los dos goles en cuantro minutos de la Real Sociedad sentenciaron el encuentro con mucha antelación, cuando no se había cumplido la primera media hora. Los intentos de reacción de Osasuna en la segunda mitad fueron sofocados con rapidez por la Real, que a los siete minutos de la reanudación anotó el tercer gol y atornilló el marcador.
Con semejante escenario –cuarenta minutos de juego con el 3-0 quemando en el luminoso de Anoeta–, el encuentro se convirtió en una huida hacia adelante para Osasuna, que mejoró algo con los cambios y que, gracias a los pulmones del grupo y el ímpetu de Víctor Muñoz, se acercó en el marcador gracias a un gran tanto del delantero. La Real nunca temió por el resultado, sostenido por sus tres goles, como tampoco el equipo de Lisci tuvo más opciones para intentar atacar la portería rival salvo por el aumento de los centros. En Anoeta no se enterraron las ilusiones y opciones por pelear por otras cosas, pero si se falló en una cita de nivel frente a un contrincante al que se ve luchando en la misma zona de la Liga. Y eso solo se puede medir con el metro de la decepción.
Fue un partido fatalmente muy plano, porque los acontecimientos aplanaron cualquier pico de emoción rojilla. Osasuna duró la primera parte lo que le dieron de sí los minutos iniciales, cuando Rosier probó a Álex Remiro y Víctor estrelló un cabezazo en el palo. Fueron tan solo doce minutos, los que dieron paso al dominio absoluto de la Real que de algún modo iba a salir a relucir por algún lado. Oyarzabal desperdició dos ocasiones clarísimas, sin nadie que le molestara, solo ante Sergio Herrera, pero se sacó la mala uva de los graves fallos con el gol de penalti que no erró. La mano de Boyomo en un centro desde la banda le abrió el camino de la portería.
Aturdido por el gol Osasuna, la segunda diana fue coser y cantar para la Real, porque hubo una pérdida de balón en la antesala del área y un disparo sin oposición desde el borde del área de Guedes que nadie fue capaz de controlar. En menos de media hora el partido ofrecía la molesta sensación para los rojillos de que estaba ventilado, como así fue. Sin capacidad para crear peligro, a Osasuna se le atragantaba la pelota porque no sabía qué hacer él ante una Real que regulaba la situación: lo mismo esperaba, que saltaba como gatos a la presión. Aimar, que protagonizó una acción para el análisis al reclamar penalti por mano de Aramburu en una pugna con el defensa, se sacó un disparo de la chistera para avisar a Remiro, que se lució en la estirada, y para recordar que Osasuna estaba por allí.
Con el partido con pintas de estar sentenciado, Lisci hizo cambios para dar más animación e incidir en la comodidad de los locales, que no pasaban un solo apuro. Antes de que Guedes pusiera el punto final al encuentro con el tercer gol a los siete minutos del regreso de los vestuarios, Víctor Muñoz fue el que probó a Álex Remiro con un zapatazo bien despejado por los puños del meta navarro. El atacante llevó el partido al apartado personal cuando derrochó vigor para inquietar a la defensa de la Real y para marcar tras recibir un pase de Kike Barja. Fueron los minutos de rebeldía de un Osasuna que estuvo desbordado en Anoeta.