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Ramón Ibarra: "Pedí a los guionistas de 'Puente Viejo' ser malo, un Rasputín"

El actor vasco sabe que las historias de 'El secreto de Puente Viejo' permanecerán mucho tiempo en la memoria de los espectadores

01.06.2020 | 11:35
Ramón Ibarra y su personaje Raimundo han separado por fin sus caminos.

Parecía una historia sin fin alimentada por la imaginación de un grupo de guionistas que han mantenido el interés por lo que pasaba en Puente Viejo durante nueve años y más de 2.300 capítulos. El pasado día 19 todo terminó. Atrás han quedado los secretos de cada personaje, las medias verdades y las mentiras más absolutas. Ahora empieza una nueva etapa para Ramón Ibarra, una etapa llena de incertidumbres y con proyectos en el limbo de lo incierto. Pasea por la ciudad en la que vive y que nunca ha dejado aunque trabajara en Madrid, Bilbao. Es optimista por naturaleza y cuenta cómo un día quiso ser abogado con claras intenciones de mejorar el mundo. Cambió la carrera de Derecho en la Autónoma de Madrid por la de Periodismo en la UPV. Se especializó en Publicidad y luego llegaron el teatro, el cine y la televisión. Durante la última década ha sido uno de los personajes más seguidos en la pequeña pantalla, y todo gracias a un personaje: Raimundo Ulloa.

Ha terminado con Raimundo Ulloa, y solo eso es ya una noticia.
Raimundo nunca se acaba, se ha convertido en un personaje inmortal. Más bien, él ha estado a punto de acabar conmigo. Puede que resucite, no descartes esa posibilidad.

¿Cansado de un personaje al que ha dado vida durante más de nueve años, o hubiera seguido con él de por vida?
De por vida es mucho decir, pero quizá sí hubiera seguido un rato más en la piel de este hombre. Es cierto que he estado mucho tiempo atado a él, pero cansado nunca me he sentido.

¿Qué ha supuesto en su carrera?
Quizá necesite un poco más de perspectiva, porque como quien dice acabamos de terminar la serie [la despedida se hizo, y a lo grande, el pasado día 20]. Lo que sí sé es que estas cosas pasan una vez en la vida. He grabado unos 2.300 capítulos o más, he estado nueve años en un mismo proyecto, y juro que no es algo que pase todos los días. Soy muy consciente de que ha sido un privilegio. Cuántos actores hubieran firmado por estar en mi situación.

¿Tan apasionante ha sido convertirse en Raimundo?
Raimundo, todos lo habéis podido ver, es un hombre apasionante, pero no solo significa lo que es como personaje. Me ha permitido sobrevivir en los momentos más duros de la profesión, momentos marcados por una crisis económica que nos afectó muchísimo a los actores. Se nos fueron al carajo todos los circuitos teatrales. Además, ha aportado mucho a mi vida la gente que he ido conociendo en este proyecto, y como actor descubrí hace nueve años un modo nuevo de interpretar y de enfrentarme al melodrama. A bote pronto, aunque aún falta por analizar, el resultado es bueno, muy bueno.

Raimundo ya está en el baúl de los recuerdos, es agua pasada, aunque sea reciente. ¿Cuáles son sus planes ahora?
No tengo ninguno. Hace dos años pensaba que iba a saltar a otra bonita embarcación, pero antes de dar el salto se hundió. Tenía también un par de espectáculos teatrales que prometían y ahora están encallados.

Así que naufragio total, ¿no está preocupado?
Ja, ja, ja€ Siempre soy optimista. En esta profesión puedes comenzar a estar preocupado desde que la eliges o desde que te elige, así que mejor vives el momento. A futuro teníamos un proyecto teatral para estrenar en Bilbao, pero como se puede imaginar, ya no se sabe nada, nadie sabe nada. ¿El futuro? Una incógnita total, veremos cómo salimos de esta. No lo digo con pesimismo, más bien con curiosidad.

Usted apareció en Puente Viejo como el tabernero del pueblo. Hay quien dice que ser barman o tabernero asegura la duración del personaje.
Ja, ja, ja€ Sí, es verdad, pero en mi caso, yo duré poco de tabernero, pronto me pusieron a hacer otras cosas. Mira, era algo que pedía a los guionistas, que me devolvieran a la taberna, porque me sacaron de allí como al tercer año. Salí de donde estaba muy a gusto y me fui a vivir a casas señoriales. ¿Sabes lo que me hubiera gustado? Haber tenido un piano al fondo de la taberna de Puente Viejo y haber hecho remakes de canciones. Estar en una taberna donde entraba mucha gente diciendo tonterías o grandes verdades era algo que me gustaba mucho. Como espacio, la taberna era lo que más me gustaba de Puente Viejo.

"Madrid es una ciudad sumamente absorbente"


Nueve años en El secreto de Puente Viejo y nunca se asentó en Madrid. Siempre sacaba el billete de viaje de ida y vuelta a Bilbao.
Al principio ese viaje de ida y vuelta era cada quince días, pero después ha sido semanal. He tenido piso en Madrid, pero mi casa siempre ha sido Bilbao. La familia la tengo aquí y de aquí no me saca nadie, ni con aceite hirviendo. El apego al lugar de donde uno viene no se olvida. Hay quien dice que se es de donde se hace el bachillerato.

Y es usted lo hizo en Madrid, ¿no?
Sí, me fui allí con mi familia cuando era muy joven y estudié la mitad del bachiller en el Ramiro de Maeztu, porque la otra mitad la había hecho en Getxo. Así que siempre he estado a caballo entre Madrid y Euskadi.

¿Qué tiene Bilbao que no tenga Madrid?
¿Además de mi familia? Pues que cuatro ciudades como Bilbao caben en Madrid. Madrid es una ciudad sumamente absorbente en todos los sentidos, y es tremendamente incómoda. Supongo que has oído eso de Madrid me mata. Yo diría: Amo Madrid, pero Madrid me mata.

¿No es una ciudad abierta?
Madrid tiene de todo a casi todas horas, cuando en Bilbao hay horarios y en Euskadi hay horarios.

Y eso le gusta más, ¿no?
Para vivir, sí. Todos los de arriba que vamos allí a trabajar a la larga volvemos, bien los fines de semana, bien cuando acabamos el trabajo. Madrid es una ciudad muy agresiva. Hay mucho de todo, y si no encajas en ese maremágnum acabas muy perdido. Es un lugar para tener dinero. Un amigo me dice siempre que Madrid es el lugar ideal para ir de vacaciones teniendo dinero, pero no es una ciudad para trabajar doce horas y vivir en un cuchitril.

¿Tiene algún lugar que sea su refugio en Bilbao?
Esta es una confesión para que no se entere nadie.

¿Es un lugar indecente?
Ja, ja, ja€ No. Mi sitio refugio está a 40 kilómetros de Bilbao, en Burgos, pero si me quedo en Bilbao, mi lugar es la plaza Unamuno y alrededores. Los guiris nos han ido echando. Ahora, con esto del coronavirus, quizá podamos ocupar los sitios que usaban ellos. Por parte de mi madre mi procedencia es burgalesa, venimos de la parte de Belorado.

Hablando de guiris, sabrá que en un tiempo van a llegar pocos cruceros turísticos a Bizkaia.
Eso es cierto, y menos mal que no les dejaban entrar en la ría. Sí que van a tardar un ratito en volver... No me molesta la gente, me molesta que todos los lugares estén dedicados al turismo, todo dedicado al comercio para ese turismo y con poca base humana.

Usted no eligió Arte Dramático como carrera, sino que comenzó Derecho.
A los 18 años no tenía ni idea de que iba a encaminar mis pasos a ser actor, así que empecé Derecho en la Autónoma de Madrid. Entonces era una idealista€

¿Y ahora no?
Soy más realista. Entonces, igual que muchos compañeros, pensaba que iba a cambiar el Derecho Penal, el Derecho Civil y el Derecho Procesal, incluso el Derecho Internacional. Estábamos en plena época de lo que se llamaba la Transición; para nosotros, plena revolución.

Parece que sus planes de cambio no se cumplieron.
No, y a la vista está. Mi padre me dijo que me viniera para Euskadi, que estudiara alguna cosita en la universidad de Leioa. Me metí en Periodismo, pero acabé Publicidad. Me gustaba mucho.

¿Más que interpretar?
Visto ahora, con el tiempo que ha pasado, supongo que sí, que prefería la publicidad a la interpretación. En aquellos momentos, a principios de los años 80, decidí que me iba a ganar la vida con la publicidad.

Pero lo dejó todo para ser actor.
No, para ser actor no; para hacer teatro. Te planteabas la interpretación de otra forma, aunque es cierto que con garantes por detrás. Al final, la interpretación ganó a la publicidad, pero todavía sigo mirando las campañas publicitarias y las campañas políticas con análisis crítico.

"La creatividad va por modas, igual que la publicidad"


¿Y qué busca observando las campañas de consumo o las políticas?
Ver dónde está la creatividad, y ese ramalazo no me lo quita nadie.

¿Y la encuentra?
Ja, ja, ja€ La creatividad va por modas, igual que la publicidad. A mí siempre me han gustado las campañas sencillas, las que tienen cierto tono de comedia. Me gustan esas campañas que se hacen con poco presupuesto y mucha creatividad; campañas con menos música y menos mensajes, menos letra y más habilidad en el texto.

¿Le gusta por dónde va la publicidad ahora?
¿La que se está haciendo en plena crisis del coronavirus? No sé qué decir. Va por lo emocional, porque es todo tremendamente emocional. Todos somos maravillosos, vamos a salir de esta juntos, todo será distinto€ Vamos, que no se lo cree nadie.

Le van a acusar de cínico.
¿De verdad? ¿Nos creemos esos mensajes? Yo pienso que no. ¿Cínico? Tampoco. Soy uno de esos que dicen que racionalmente es pesimista y por voluntad, optimista. Creo que hay que ser optimista; si no, ¿para qué? Pero no creo que vayamos a salir ni mejores ni peores, ya veremos cómo salimos.

Dicen que con menos dinero, que saldremos más pobres.
De eso no tengo ninguna duda, eso fijo, menos los que todavía siguen haciendo dinero a expensas de productos sanitarios y de trapicheos infames. Lo que me da pena es que se quiera sacar la economía adelante y que no se den cuenta de que la economía no sirve si no sacamos adelante a la gente. Ellos dicen que entre todos saldremos juntos; pues a ver si alguno se lo repiensa y es verdad. Es bueno que se diga que todos juntos, pero todos incluye desde Amancio Ortega hasta el yonqui de la esquina.

¿No le entran tentaciones de coquetear con la publicidad de nuevo?
No, de forma profesional no. Hace poco veía al profesor de Creatividad de la universidad y pensé que me gustaría volver a participar en algún curso, pero como profesional no. Ejercí medio año y me di cuenta de que una cosa es lo que uno hace, y otra lo que al final se acaba mostrando al público. En ese mundo hay muchos filtros y algo que no me gustaba nada: una competencia desgarradora.

Diga una profesión en la que la competencia no sea desgarradora.
Posiblemente tengas razón y ocurra en todas, pero yo tenía claro que estaba para crear una idea, no para pegarme con el de al lado. No era bueno en publicidad.

¿Porque no tenía ideas o porque no se pegaba con el que tenía al lado?
Por lo segundo. Podía tener una cierta inventiva, pero era incapaz de pegarme con otro por mi idea, y ser así es no ser bueno en publicidad.

Volvamos a ponernos sentimentales. ¿Cree en los amores imposibles?
Mira lo que pasaba en Puente Viejo entre Raimundo y Francisca€

"Pedí que Raimundo fuera malo de verdad"

¿Ha sido el amor más imposible que ha interpretado en su vida de actor?
Ja, ja, ja€ Como historia de amor es la más imposible en la que he participado, sí. También es cierto que no he hecho muchas historias de amor. He sido más un actor de comedia que de drama o melodrama. Me temo que ya no va a haber en mi vida otra como esta, por lo menos otra que dure tanto. Otros diez años seguidos con un personaje no voy a tener, eso te lo aseguro, pero fíjate qué historia hemos contado. Al principio éramos dos desconocidos y al final nos casamos.

Eso, después de que Francisca intentara matarle varias veces.
Creo que fueron cinco, y también hicimos tres bodas falsas. Eso ya no se puede volver a repetir, creo.

Una vida sentimental muy agotadora. ¿Se la imagina en la realidad?
Uf. Terriblemente agotadora. Sinceramente, no me la imagino en la vida real. Estos dos mantenían la llama viva constantemente y nuestras fans nos seguían pidiendo más llama. Ha sido agotador, pero con María Bouzas ha sido divertido llevar adelante esta historia.

María pidió a los guionistas un beso entre el personaje que interpretaba usted y el suyo.
Ja, ja, ja€ Y hubo besos. Yo les pedí que Raimundo fuera malo de verdad.

¿Se había cansado de ser el bueno de la película?
Sí. Yo quería que Francisca se convirtiera en Teresa de Calcuta y Raimundo en Rasputín. Les pedí a los guionistas de Puente Viejo, ser malo, un Rasputín.

Un poco extremo, ¿no? Sinceramente, no veo a Francisca en el personaje de santa.
Ja, ja, ja€ Yo tampoco, y me gustaba más de mala. A mí, desde luego, no me hicieron caso. Parece que no cuajó la idea.

Vaya pasión que tienen los actores por ser los malos...
No habrá un actor ni una actriz que te diga que prefiere un personaje bondadoso a uno malvado. A mí siempre me ha dado mucha rabia, pero la maldad se asocia a la inteligencia.

¿Usted lo cree?
No. Las personas inteligentes son bondadosas, son las que ven el mundo con ojos de cooperación y de mutuo apoyo, no con ojos de aprovechamiento, pero para interpretar siempre son jugosos los personajes malos, los malísimos.

¿Ha hecho alguna vez de malo con intensidad?
Hice un corto con Sandra Cervera donde éramos padre e hija. En esa historia era malo, malísimo, y pensé: Este es un tono que tendré que hacerlo más. El personaje se cepillaba a la madre, a la hija y a todo bicho viviente. Siempre es interesante hacer de malo porque hay más aristas, espinas y recovecos.

Le gustarán los malos, pero quedará en la memoria de la gente como el bueno de Raimundo.
Pues sí, pero no desprecio a ningún personaje. Yo le doy a todo: al blanco, al tinto y al rosado. 

PERSONAL
Edad: 61 años (31 de agosto de 1958).
Lugar de nacimiento: Getxo (Bizkaia).
Formación: Comenzó la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Abandonó los estudios y volvió a Euskadi para terminar Periodismo en la rama de Publicidad en la UPV.
Trayectoria: Aunque dice que lo suyo con la interpretación no es vocacional, tras una sustitución a Álex Angulo en una obra de teatro del grupo Cómicos de la Legua el teatro le atrapó. Después llegarían la televisión y el cine. Ha pasado por las series más conocidas de la televisión española. En ETB, su último trabajo fue en Euskolegas, el spin off de Vaya semanita. Acaba de terminar la serie El secreto de Puente Viejo en la que ha sido el protagonista masculino con el personaje de Raimundo Ulloa, el amor eterno de Francisca Montenegro, la mala del pueblo.