san sebastián. Paco Larrañaga tiene la sensación de estar viviendo un sueño. El rostro que acompaña a esta información, poco después de aterrizar en Madrid, no hace justicia con su estado de ánimo. El semblante cansado parapeta la alegría. En una o dos semanas, el joven de origen guipuzcoano será trasladado a la cárcel de Martutene, objeto recurrente de denuncias por sus condiciones, "un hotel de doce estrellas" para el joven, que deja atrás no pocas penalidades durante su estancia en la prisión de Manila.
Larrañaga durmió ayer a pierna suelta en Soto del Real. Descansó en la cárcel madrileña junto a un compañero de confianza a quien conoció la madrugada del miércoles. Sus padres le visitaron ayer por la mañana. Charlaron con él durante un cuarto de hora, exprimieron cada segundo, y pudieron comprobar que, definitivamente, se encontraba con mucha ilusión y unas ganas irrefrenables de estar más cerca de los suyos.
En Euskadi acabará de cumplir la condena impuesta en Filipinas por el secuestro, violación y asesinato de dos hermanas. Él se reafirma en su inocencia. Su abogado solicitó ayer mismo el traslado a la prisión donostiarra y el visto bueno parece cuestión de días. Sólo queda una cuestión pendiente por dilucidar.
Instituciones Penitenciarias ya ha recibido la solicitud y estudia las condiciones que ofrece la cárcel donostiarra, destino que encuentra su principal escollo en el alto número de reclusos que acoge.
La familia del joven confía en que sea integrado en un tercer grado o una prisión atenuada. De ser así, el traslado a Martutene sería un hecho, ya que se trata de un régimen que encuentra mejor acomodo en una cárcel de estas características. En el caso de cumplir íntegramente la condena "habría que mirarlo", indicaron escuetamente desde Instituciones Penitenciarias. "Creo, sinceramente, que ingresará en Martutene", confesó ayer a este periódico su abogado, Javier Viada, despejando las dudas que puedan quedar por el camino.
En todo caso, el tratado firmado entre el Estado y Filipinas sobre personas condenadas prohíbe cualquier remisión de condena. El único que podría hacerlo sería el Gobierno filipino, una decisión poco menos que impensable teniendo en cuenta la honda consternación y sorpresa que ha causado en el archipiélago su traslado, tal y como reflejaban ayer los dos rotativos de mayor difusión.
Pese a ello, Larrañaga cumplirá condena de acuerdo a la ley penitenciaria española, lo que, según su abogado, abre "posibilidades muy grandes" de que el joven goce de beneficios.
complejo de barracas A Larrañaga le cuesta asimilar todo lo que viene ocurriendo en los últimos días. Su morada ha sido en la última década New Bilibid, un inmenso complejo de barracas y celdas comunes donde malviven 17.000 presos. "No ha sido fácil hacerme respetar aquí", ha confesado en más de una ocasión.
No se puede creer que vaya a poder disfrutar por fin de agua, ni siquiera de electricidad, cuestiones básicas de las que ha estado privado hasta ahora en su larga reclusión. "Tiene la sensación de ser trasladado a un hotel de doce estrellas", reconocía su abogado. En cierto modo, está incluso asustado porque entró en la cárcel de Manila con 19 años y ahora, doce años después, se tiene que adaptar a un mundo diferente.
Maisha Ortoll, prima de Larrañaga, es otra de las pocas familiares que por el momento ha podido mirar cara a cara al chaval en las últimas horas. "La última vez que le vi estaba en una cárcel filipina sin ninguna esperanza. Ahora el escenario cambia. Tiene una vida por delante, y hay que seguir luchando por su inocencia y porque recupere su vida", confesaba poco después de hablar con él.
Larrañaga fue declarado culpable en 1999 y después el Tribunal Supremo de Filipinas le condenó a muerte. La pena capital fue abolida en 2006, y conmutada por cadena perpetua, equivalente a 40 años.