Liliana Ulchur y otros muchos campesinos del Departamento del Cauca vieron cómo vulneraban sus derechos en su propio territorio. El gobierno colombiano les usurpó las tierras para vendérselas a multinacionales que utilizaban abonos químicos que destruían el campo y que impedían a los campesinos recuperar sus vidas pasadas. “Éramos personas, pero no nos reconocían como sujetos de derecho”, sentenció Liliana. La coordinadora ONGD Navarra ha organizado una jornada sobre El cuidado de los derechos humanos. Cooperación para la convivencia global, que ha contado con la participación de la periodista Patricia Simón y de la propia Liliana Ulchur, lideresa social y defensora de Derechos Humanos con enfoque territorial en el Departamento del Cauca.
En 2013, se produjo en Colombia una gran movilización porque que la población quedó sometida a unas condiciones de vida “poco dignas. Nos obligaron a manejar semillas transgénicas y a vender nuestros productos a unos precios muy inferiores con respecto a su valor original”, ha relatado Liliana. Durante un mes, trataron de luchar para mostrar al gobierno su sufrimiento ante esta situación. “Pero no sirvió de nada. Nos sacaron de nuestras tierras por completo”. Después, les prometieron que les iban a pagar por cuidar ese territorio. Pero tampoco.
En una de las movilizaciones, golpearon a Liliana en la cabeza y sufrió una lesión craneoencefálica por la que estuvo durante dos semanas en el hospital. Además, le tuvieron que desplazar de uno a otro para que no le detuvieran. Con todo, aquello no fue lo peor para ella. “Hemos batallado tanto que hasta hemos tenido que perder la vida. El 20 de diciembre de 2023 asesinaron vilmente al padre de mi hija. Y unos días después iniciaron una persecución contra mí y tuve que huir. No sabemos qué hacer con todo el dolor que sentimos”, se ha emocionado.
La lucha de las personas que defienden su territorio “representan una de las pugnas sociales en las que más asesinatos ocurren y, también, es uno de los escenarios de conflicto más habituales, tal y como se puede observar en conflictos como el de Israel y Palestina”, ha explicado Patricia Simón. A pesar de esta trágica sentencia, la periodista señaló que “nunca antes ha habido tanta consciencia sobre los derechos humanos. Es importante recordar que gracias a luchas como las de Liliana, el mundo está tratando de avanzar”.
Según Simón, esta situación está mayormente provocada porque, a pesar de que el mundo se encuentra cada vez más “hiperconectado”, hay una “mayor sensación de caos, debido a que no hay una reclamación de la ciudadanía para que se amplíen los derechos humanos”, ha valorado. Por esta razón, el periodismo debe adoptar un papel de “asociación vecinal. Me parece pertinente que, en un mundo tan globalizado como este, nos tratemos de reencontrar para reconectarnos y descubrir realmente las historias de nuestros vecinos. Pero, para eso, hay que sanar la brecha y activarse en la lucha”, ha considerado. En ese sentido, Simón ha mencionado que cuando se desplaza para conocer los testimonios de las personas a las que no les reconocen sus derechos, muchas veces le responden que “para qué voy a contar si ya sabéis cómo vivimos”. A lo que la periodista les responde que están en lo cierto, pero que “escuchar es una forma de reconocer su dolor. Jamás les debería haber pasado, pero no por eso no tenemos que prestarles atención, que se sientan reconocidos y realizar buenos relatos comunicativos”.
Una vez se exponen sus historias, los lectores “conectan porque, por ejemplo, la lucha del campesinado es global. También tenemos que encajar con las cosas buenas que suceden para no asfixiarnos. Y quizá así nos demos cuenta de que es posible que, si nos unimos, hay un hueco para la esperanza”, ha finalizado.
Mientras tanto, la lucha de Liliana continúa. El gobierno sigue sin devolverles la tierra, los grupos armados se han adueñado de todos los territorios y ella no puede volver a su casa. “En Colombia no nos dan la garantía de tener una vida digna, pero no nos queda más remedio que seguir trabajando y no creen que seamos personas que aportemos a la sociedad. Por eso, nuestra motivación desde el principio ha sido que se nos considere sujetos merecedores de derechos”, ha dicho. Precisamente por eso, a pesar de que el camino no esté siendo fácil, el campesinado del Departamento del Cauca continúa reclamando aquello que les pertenece sin miedo a contar sus historias. Con la creencia de que, algún día, la brecha se cierre, la sociedad se solidarice y puedan recuperar sus tierras.