María Chivite: “Este Gobierno progresista y plural es la apuesta estratégica del PSN y va a salir bien”

La cirbonera María Chivite, de 41 años, recibe en un despacho presidencial que aún no ha hecho del todo suyo. El discurso lo tiene tan interiorizado como la ilusión

10.02.2020 | 00:07
María Chivite

La cirbonera María Chivite, de 41 años, recibe en un despacho presidencial que aún no ha hecho del todo suyo.

pamplona - La presidenta defiende su legitimidad numérica y su compromiso con la palabra dada. Abrió la vía para que el PSN dejase de operar como "el monaguillo" de UPN y se muestra convencida de que con el diálogo como herramienta llevará a su Gobierno de progreso y transversal a buen puerto, "se ponga la derecha como se ponga".

Sus lágrimas en la toma de posesión denotaron emoción pero también su esfuerzo hasta alcanzar la presidencia. ¿Cuánto ha sufrido para llegar hasta aquí?

-Pues sí, esas lágrimas fueron de emoción aunque también de pensar qué duro había sido el camino. Lo peor, este verano al tenerme que tragar acusaciones gravísimas de la derecha, falsas absolutamente, instrumentalizando a Navarra y a las víctimas del terrorismo para imputar traiciones inventadas. Pero echo la mirada atrás, a la victoria en las primarias del PSN en 2014 y todo lo que vino después, y ahí está lo que me encontré y en que posición estamos ahora, al frente del Gobierno.

El PSOE filtró a escasos días de las elecciones sus serias reticencias a que su Gobierno dependiera de los votos de EH Bildu. ¿Cuál fue el momento más delicado para la culminación de este proceso y cuándo se sintió ya presidenta?

-Siempre fuimos dando pequeños pasos, poco a poco, primero dentro del partido y luego con los socios. En el PSOE hubo que hacer una labor de convencimiento, ganándonos la confianza con una labor digamos de proselitismo. Cierto que pese a todo el ruido externo alentado por ciertos medios de comunicación, que también provocó algún malentendido subsanado rápido. Ante la tergiversación constante de la derecha intoxicadora fueron claves las explicaciones de primera mano, mías y también del secretario de Organización del PSN (Ramón Alzórriz). Sobre cuándo me sentí presidenta, sólo al serlo de forma efectiva.

Desde la premisa de haber situado al PSN como segunda fuerza tras perder el 40% del voto entre 2007 y 2015, ¿qué porcentaje de su presidencia corresponde a Cerdán en el orden interno y al PNV en el externo?

-Santos ha jugado un papel básico en esa labor pedagógica dentro de la ejecutiva federal, clarificando que no ha habido pacto con Bildu y que el PSN se había ganado en las urnas intentar aprovechar su oportunidad frente a una derecha liderada por UPN que se presentó a las generales para desalojar a Sánchez, como lo demostraron en Colón. El PNV ha sido también un actor, no sé calibrar exactamente su peso porque han sido muchos los elementos en juego para darle seguridad a la dirección del PSOE, el definitivo un acuerdo programático que incorpora la lealtad constitucional y sin estridencias ni ventas de nada ni nadie.

¿Sería usted presidenta si Esparza no hubiera articulado el frente de derechas, incluyendo en Navarra al antagonista estatal del PSOE y a una sigla abolicionista del Fuero?

-Lo que tal vez pudo ser y no fue... Pero desde el minuto uno anunciamos en el PSN nuestra voluntad firme de no hacer al señor Esparza presidente y yo creo sinceramente que hubiéramos llegado igual hasta aquí.

La cuenta suiza de Otano frustró el tripartito de 1995, en 2007 el PSN claudicó de nuevo ante UPN y en 2011 ya pasó directamente a cogobernar con el regionalismo hasta la expulsión de sus tres consejeros al año escaso. ¿Siente la responsabilidad de redimir al PSN por aquellos fracasos, de librarle definitivamente de sus complejos respecto a UPN y sus grupos de presión?

-No es una cuestión personal, sino un proceso de reflexión interna del PSN en su conjunto, de un partido que estaba hecho unos zorros y que quería abrir otra vía para no seguir siendo el monaguillo de la derecha navarra. Todas las decisiones de las dos últimas ejecutivas del PSN han sido compartidas con las agrupaciones y con posicionamientos reflexivos. Este es el camino conjunto que hemos emprendido entre todas y todos, aunque lo encabece yo.

La colaboración entre el socialismo y el nacionalismo vasco moderado se halla plenamente asentada en la CAV y se ha extendido a las Cortes españolas. ¿Puede confirmar si esta es también su apuesta estratégica para Navarra? ¿No deja ningún resquicio a retomar la cohabitación con UPN, por ejemplo si suelta el lastre de la derecha estatal?

-Las cohabitaciones con UPN han dado al PSN pésimos resultados, hasta el punto de que en 2011 cogobernamos con Barcina dándole la presidencia, a los dos meses UPN retomó su pacto con el PP y al año expulsó a nuestros consejeros. Aquello fue un punto de inflexión radical, ahora abrimos un tiempo de entendimiento con el nacionalismo moderado que espero, deseo y creo, por los pasos que vamos dando en menos de tres meses de trabajo, que va a dar frutos muy positivos. La colaboración que ha alumbrado este Gobierno progresista y plural es la apuesta estratégica del PSN, que tiene que salir bien y va a salir bien. Vamos a poner toda la carne en ese asador y no hay ninguna puerta abierta a aquella subsidiaridad respecto a UPN.

Esa colaboración estructural con Geroa Bai precisa de una empatía que con carácter general no afloró en la pasada legislatura. ¿Le ha sorprendido su generosidad? ¿Se arrepiente en cierta medida de alguna de las críticas al Gobierno anterior habida cuenta de que el programa acordado ahora resulta una continuidad?

-La relación con el Gobierno precedente fue por barrios, con algunas consejerías trabajamos bien y con otras al revés, no sé si por los talantes o más por los contenidos. Pero apoyamos el 75% de las iniciativas de la anterior legislatura, por tanto hubo muchas coincidencias. Respecto al traspaso de poderes, tanto la presidenta como los consejeros salientes han sido ejemplares. Y lo mismo cabe decir de la actitud en las mesas de trabajo para conformar el acuerdo de programa y para definir el propio Gabinete.

Adentrémonos en el programa de Gobierno. ¿Cuáles son las tres primeras medidas que usted quisiera implementar?

-Lo más urgente es abordar la precariedad laboral, por mucho que tengamos buenas tasas de empleo. Temporalidad, parcialidad, siniestralidad laboral, brecha salarial, paro juvenil, todo eso hay que atajarlo de acuerdo con la patronal y los sindicatos, también con ELA y LAB como actores representativos de esta sociedad y con una presencia nada desdeñable. La normalización democrática y de la convivencia es otro reto principal, más allá de las hipérboles a cuenta de ETA que nos ha dedicado la derecha y de los insultos en el homenaje a Casanova en Berriozar, que no son ni mucho menos unánimes. Como tercer desafío principal me quedaría con la transformación digital de la industria navarra, que representa el 30% del PIB navarro, porque o nos modernizamos o perdemos el tren.

¿Cómo procurará este Gobierno transversal que la atención en euskera en la Administración se corresponda con la realidad sociolingüística de Navarra, siempre a partir del consenso básico entre el PSN y Geroa Bai sin modificar la zonificación de que establece la Ley del Vascuence?

-Determinando perfiles para atender en euskera al ciudadano en los puntos y servicios en contacto con él. A partir de la sentencia del decreto del euskera, prevista para septiembre, tendremos la pauta para definir la baremación en el acceso a la función pública y concretar los puestos que necesiten conocimiento de euskera. En Burlada o en Egüés el PSN impulsó ordenanzas de euskera con ese criterio de puro sentido común.

Otro asunto 'caliente' para su Ejecutivo es la política fiscal, por su cuestionamiento de la reforma del Gabinete de Barkos y por su promesa de devolver las retenciones de IRPF por prestación de maternidad. ¿En qué variará el sistema impositivo de Navarra? ¿Cuándo y cómo piensa cumplir con las madres cuando no hay acuerdo entre los socios de Gobierno en esa cuestión?

-En el programa ya consta que habrá una menor presión fiscal para las familias con menos ingresos, en un umbral por fijar cuando veamos los números. Conforme vaya avanzando la legislatura, y en función de una economía que según todos los indicios va a desacelerarse, veremos cómo queda Sociedades y las desgravaciones a empresas, que en algunos casos pueden no resultar operativas. La fiscalidad verde y la imposición al comercio electrónico también será objeto de estudio y en su caso de actuación para compensar las rebajas a los trabajadores. Respecto a las madres, está en el apartado de las discrepancias entre los socios de Gobierno, básicamente por la seguridad jurídica a la hora de hacer la devolución. Pero vamos a intentar aclarar esas dudas con los preceptivos informes jurídicos para poder tener acuerdo dentro del Ejecutivo porque la lealtad prima. También en esta materia estamos a expensas de las sentencias pendientes, lo que no quita para que la consejera Saiz tenga la indicación de reunirse pronto con ese colectivo.

El TAV navarro continúa siendo una entelequia tras los sucesivos incumplimientos del Gobierno central y ya ni siquiera hay plazos para su finalización. ¿Cuál es su pronóstico desde el realismo para los próximos cuatro años?

-Si hubiéramos tenido aprobados los Presupuestos del Estado, a los que Navarra Suma y Bildu votaron en contra, ya tendríamos asignada una inversión de 98 millones para el tren de altas prestaciones. Se trata de una apuesta clara por parte del Gobierno de España y de la Comisión Europea, que al contemplar nuestro trazado puede articular una subvención de hasta el 40%. También es clave la posición francesa, para que haga su tarea hasta la frontera, y aquí deberíamos seguir la senda del Gobierno Vasco y actuar con la misma decisión.

El PSN censuró en marzo de 2018 la falta de iniciativa del Gobierno de Barkos en la negociación de la transferencia de competencias pendientes. Y citó, además del Tráfico, la gestión económica de la Seguridad Social, instituciones penitenciarias o la investigación científica, entre otras. ¿Para cuándo una reunión de la Junta de Transferencias con el fin de impulsarlas y por qué orden?

-Con un Gobierno central en funciones poco podemos avanzar, esto es lo primero. Yendo a lo concreto, la de sanidad penitenciaria es la transferencia que más avanzada está, con un acuerdo con el ministerio del ramo pendiente de ratificación. Respecto al Tráfico, soy optimista para solventarla en los próximos cuatro años después de mis conversaciones informales con el ministro Marlaska, de hecho, es un compromiso expreso del presidente Sánchez. El cómo hay que verlo, porque la Policía Foral no puede asumir el Tráfico de forma exclusiva y la Guardia Civil no se merece un mensaje de que se le echa de esta tierra a la que tanto ha dado. El traspaso de la gestión económica de la Seguridad Social no forma parte del acuerdo de Gobierno. Por cierto, también tenemos que negociar el nuevo Convenio Económico y eso sí es trascendental.

Tan relevante resulta un programa ambicioso y congruente como un Gobierno que lo materialice adecuadamente a partir de la capacitación de sus miembros y de su cohesión. ¿Por qué prevalecen los perfiles políticos sobre los técnicos? ¿Ha sido una configuración buscada o ha obedecido a la necesidad de encajar los intereses de todos sus participantes?

-Ha obedecido a todo. Como PSN apostamos al principio por gobernar solos pero tuvimos claro que había que llegar al acuerdo posible. Estoy contenta con el contenido, con la estructura del Ejecutivo y con sus integrantes, a los que hay que dejar trabajar y juzgar por sus hechos.

¿Hubo vetos cruzados?

-Categóricamente no. Nadie ha vetado a nadie, se ha respetado la propuesta de cada sigla a partir del criterio de la solvencia personal para un Gobierno paritario. Por cierto, sacudir a personas que no han comenzado a trabajar no me parece justo.

¿No supone un cierto hándicap a efectos de coordinación interna contar con trece consejerías? ¿Cómo se van a atenuar las discrepancias cuando se produzcan?

-El diálogo ha sido la herramienta para conformar el Gobierno y lo será para mantener su cohesión y limar las asperezas cuando afloren. En el acuerdo consta una comisión de seguimiento del pacto que estrenaremos antes del curso parlamentario. Y las consejerías tendrán un cauce de comunicación abierto con los portavoces parlamentarios de cada ámbito y de los cuatro partidos que consensuaron el programa. Antes de cada comparecencia en el Legislativo los miembros del Gabinete se reunirán con esos portavoces. Además, las discrepancias están tasadas, sabemos cuáles son los escollos.

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