Patxi Vera, nuevo Defensor del Pueblo: "Hay que poner el foco en las personas que lo pasan mal, y hay que actuar ya"

Sustituye al 'eterno' Javier Enériz, al que agradece un traspaso de poderes cuidadoso y ordenado, y aterriza con la intención de conocer de cerca las preocupaciones de la sociedad y el tejido asociativo

11.03.2022 | 21:23
Patxi Vera tomará posesión como nuevo Defensor del Pueblo a finales de mes

Patxi Vera Donazar es un pamplonés del campo. Nacido en la calle Calceteros el 6 de enero de 1959, cuando se nacía en casa, lleva casi toda su vida en contacto con el agro. Desde sus primeras prácticas como periodista en la revista de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN) hasta la gerencia de Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN), donde ha trabajado durante treinta años. Quizá del cooperativismo, del trabajo en comunidad, del auzolan –"me encanta esa palabra", confiesa– le venga la sensibilidad social que brota en su discurso, que ya es el del nuevo Defensor del Pueblo. Sustituirá a Javier Enériz, interino desde 2013, a quien agradece el ordenadísimo y detallado traspaso de papeles. Y será a finales de mes cuando tome posesión, pero ya tiene algunas líneas claras: interlocución directa, pisar la calle, recuperar el cara a cara, estar cerca de las personas y las organizaciones, acortar las brechas de Navarra –en plural– y exigir que lo que la política promete, se cumpla y se ejecute bien.

Coge el relevo de Enériz, bloqueada desde 2013. ¿Le hubiese gustado llegar en otras circunstancias?
–Nunca me había planteado nada parecido, así que cuando me llamaron me llevé una sorpresa. Le di vueltas, hablé con mi mujer. Lo acepto porque me gusta trabajar, aprender y porque es un reto muy bonito, y porque creo firmemente que si se quiere se pueden hacer cosas.

Aterriza en un momento en el que la sociedad navarra, en un gran auzolan, se ha volcado con Ucrania, país del que provienen casi 2.000 vecinos de Navarra.
–Me encanta la palabra auzolan. En Navarra sabemos mucho de eso, y creo que podemos estar orgullosos. Lo vimos también en la pandemia, y el asociacionismo navarro, que tiene muchísima tradición, hace que todo esté bien canalizado y llegue donde tiene que llegar.

No vale con ayudar de cualquier manera, ¿no?
–Claro. Hoy leía al responsable de trata de personas de la UCO [la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil], que advertía de que este contexto de refugiados es aplaudido por los proxenetas. Y quien dice proxenetas dice pederastas.

Precisamente, el Gobierno ha alertado de los riesgos en la frontera. Esta crisis provocará una gran llegada de refugiados a Navarra. ¿Cómo se afronta?
–Hay momentos en los que simplemente hay que actuar. Intentaremos hacerlo de la mejor forma posible, pero lo que está claro es que se tiene que hacer. El ciudadano tiene que ver que todos nos movemos en la misma dirección, y no que nos ponemos a discutir sobre cómo se hace. Es una medida extraordinaria en la que hay que tomar medidas extraordinarias.

Compareció en el Parlamento y dijo que su prioridad es "no dejar a nadie atrás". ¿Qué significa?
–Creo que no hemos hecho suficiente caso a esa petición que en su día formuló Naciones Unidas, y que yo he hecho mía. Desde la Defensoría del Pueblo se puede velar por que lo que se afirma desde los Gobiernos, que a veces palían problemas en lugar de atajar causas, se cumpla.

Allí dijo que hay quien padece por malas prácticas de la Administración. ¿Qué quiere decir?
–No creo que se trate de que la Administración provoque directamente esas situaciones, sino que la Administración a veces es insuficiente para llegar a todo, y que hay que establecer prioridades. A veces falta empatía. Y en la Administración hay gente estupenda y otra que no cumple su cometido, como pasa en la sociedad, en la gasolinera de la esquina y en cualquier sitio.

¿Qué es lo urgente para el Defensor del Pueblo?
–Tengo la sensación de que vivimos en una etapa de incertidumbre total. En mi comparecencia hablé del problema del acceso a la vivienda de los jóvenes, por ejemplo. Pero pensemos en los problemas de salud mental, acentuados en los últimos tiempos, y que ya afectan a toda la sociedad. Hay una ansiedad generalizada por esa incertidumbre, por no saber qué puede ocurrir pasado mañana, fruto de que cuando parece que la cosa se encarrila, de repente pasa algo. Hay gente que lo pasa mal porque no sabe cómo llenar la cesta de la compra, y se pregunta: ¿ahora seguirán subiendo los precios o directamente habrá desabastecimiento? Todo esto genera una inseguridad que va a afectar más de lo que ya lo hace.

¿Qué se puede hacer desde el Defensor del Pueblo?
–Hay que poner el foco en la gente que, como consecuencia de esto, lo pasa mal. Hay que poner el foco ya porque en esto o actúas rápido o ya vas a llegar tarde. A veces nos parece que aquí hay menos brechas, pero sigue habiéndolas.

Pandemia, crisis económica y ahora la guerra. Se habla también de una brecha generacional, de hijos que vivirán peor que los padres. ¿Está el ambiente más crispado que nunca?
–Coincido en que eso de que los hijos vivirán mejor que los padres, que ha sido una idea fuerte durante bastante tiempo, ahora está en entredicho. La pandemia ha acelerado todo, y no sé si lleva a la crispación o al desánimo.

En ese escenario de volatilidad total, ¿cómo se atajan las brechas de las que habla?
–Creo que los poderes públicos tienen que emplearse a fondo, tiene que haber acuerdos amplios, tiene que transmitirse a los ciudadanos que los partidos están para resolver estos problemas, y no para discutir. Hay que mandar ese mensaje de que quien está al mando, que no soy yo, se pone las pilas para resolver. Y lo que se anuncia, hay que cumplirlo, ejecutarlo.

¿Qué temas necesitan de acuerdos amplios y de rebajar el tono?
–Hablamos de salvar vidas en pandemia, de energía, de abastecimiento de alimentación. La gente tiene que ver que los poderes públicos trabajan a una para evitar muertes en pandemia, para evitar que la gente pase hambre...

Se suele hablar de dejar temas al margen de la agenda partidista, pero es difícil. ¿Lamenta que en Navarra sea a veces complicado llegar a grandes acuerdos?
–Le contesto con una pregunta: ¿esto ocurre solo en Navarra? El enfrenamiento, el no por el no, no ocurre solo en Navarra, ni en España.

Cuando he mencionado la brecha tecnológica me ha añadido: y no solo tecnológica. ¿Qué brechas hay en Navarra?
–Es la tecnológica, pero es la de género, la de edad, la territorial...

Por la brecha tecnológica hemos visto protestas de personas mayores contra la pérdida de la presencialidad en los bancos. ¿Falta esa empatía de la que habla?
–A veces hago trámites por internet y me pregunto: si yo tengo dudas de si es esta casilla, qué dudas no tendrá gente de mi entorno, más mayor y que no tiene ni ordenador. No puede ser que la única comunicación que tiene un ciudadano con su propio dinero, y subrayo, su propio dinero, sea mediante una herramienta que no controla y que no entiende. Y con la Administración pasa lo mismo.

¿Lo de la Administración también es cosa de empatía?
–A ver, la Administración es algo muy grande. Creo que lo que se percibe es que algunas personas de la Administración no tienen claro que son un servicio público, que están ahí para hacer que la vida del ciudadano sea mejor. En algunos colectivos puede estar muy claro, los sanitarios han dado un ejemplo, como las cajeras de los supermercados. Ha habido partes de la Administración que se han parapetado y dices, ¿pero no estás para servir al ciudadano?

¿Percibe una desconexión progresiva de la sociedad de la Administración?
–Todos siempre podemos hacer más, esto lo tengo claro. Cada uno de nosotros podemos hacer más y podemos hacer mejor.

¿De ahí que pida la reforma de la Administración, y que haya criticado a los partidos que no la hayan puesto en marcha?
–Yo no veo a ningún partido ni grupo parlamentario planteando una reforma. Se estarán haciendo cosas, no digo que no. Ahora con la que está cayendo hay que atajar lo urgente. Pero antes de la pandemia tampoco percibía que esto estuviera en las agendas. Y esto antes o después va a ser necesario.

¿Qué es reformar la Administración?
–Hablo de cercanía al ciudadano. Pienso en los silencios administrativos positivos, que ya ni los viejos del lugar los recuerdan. Pienso en que tú le debas dinero a la Administración y tengas que pagar con intereses, pero que si es la Administración la que te debe dinero a ti no te los pague. Pienso en los recursos de alzada, en que yo en treinta años no he visto que le den la razón al recurrente. No digo que no lo haya habido, pero yo personalmente no lo he conocido. Son cosas de la Administración que se tienen ya como consolidadas, como: es que esto es así. ¿Por qué? Ahí el ciudadano está en desventaja, cuando es la Administración la que tiene que servir al ciudadano.

Es la Administración-frontón de la que hablaba Enériz...
–Y me da mucha pena hablar así, porque conozco a muchas personas que no trabajan así pese a que la estructura te aboca a eso. Son mayoría los trabajadores de la Administración que son cercanos a la gente, que meten horas por encima, que duplican jornada para sacar adelante expedientes, pero hay que cambiar la estructura.

Esa actitud ha provocado que el Defensor del Pueblo haya tenido que incorporar multas para evitar que algunas administraciones no colaboren.
–Lo que tengo claro es que si Javier Enériz, después de todo su trabajo durante todos estos años, ha recurrido a esto, es porque ya no tenía más opciones. Y si el Parlamento lo ha reconocido así, es porque tiene conciencia de que hay un problema. Hay que analizar las razones de por qué una Administración no colabora. Será mi último recurso, pero si no me queda otro remedio tendré que estrenarlas.

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