Un exalumno denuncia los abusos de un sacerdote jesuita en Pamplona en 1965

Acude a la Policía Foral y expone que el padre Ignacio Ruiz de Gauna, que falleció en 2013, cometió tocamientos sobre él a la edad de 11 años

09.02.2020 | 04:54
Xabier, el pasado viernes, frente a la cruz de una iglesia.

PAMPLONA - Un exalumno del colegio Jesuitas de Pamplona, donde estudió entre 1961 y 1968, ha presentado recientemente una denuncia en la Policía Foral en la que expone que fue víctima de unos posibles abusos sexuales en 1965 en un hecho puntual protagonizado por el sacerdote Ignacio Ruiz de Gauna Barrueta, que era el tutor de su clase e impartía la asignatura de Francés. Dicho jesuita falleció en Bilbao el año 2013 a los 73 años y, en palabras de su Compañía, está siendo investigado por testimonios similares. Según la denuncia, el antiguo alumno, que tiene ahora 65 años, recuerda que a la edad de 10 o 11 años, un día que se encontraba entre la fila de alumnos para salir al recreo, dicho sacerdote lo sacó de la hilera sin ninguna razón, lo dirigió a unas escaleras por las que los Padres y Hermanos accedían a sus habitaciones y le llevó hasta sus aposentos. El denunciante, al que se le quedó grabado lo mucho que olía la habitación a tabaco, recuerda que el sacerdote se sentó en una silla y subió al denunciante encima de sus piernas y, tras empezarle a hablar, "me empezó a tocar por las piernas primero y luego por los genitales".

Como alumno, portaba bata y pantalón corto por aquel entonces, así que el sacerdote aprovechó para meterle la mano por dentro del pantalón y de la ropa interior y le manoseó los genitales. "Se me hizo eterno", recuerda ahora. "Me fui de allí corriendo pero no recuerdo nada más. Tenía mucho miedo. Llegué al recreo con mis amigos y me preguntaron dónde había estado y no recuerdo lo qué les dije, pero nunca se lo conté a nadie. Hasta hace una década que lo empecé a contar a mi mujer y a la familia e incluso intervine en un programa de televisión".

El denunciante, al que llamaremos Xabi como nombre ficticio, no espera tras esto el perdón de la Compañía de Jesús, sino que su objetivo es que se conozcan todas aquellas situaciones de abuso, de autoridad y de intolerancia. "Aquello me dejó una huella imborrable. Me sentí abusado y vulnerable. En aquella época los curas podían hacer lo que quisieran. Y el que a mí me tocó era muy sádico, me daba miedo y entonces no podías contar nada a nadie", expone en la denuncia.

Tras participar en un programa televisivo sobre esta lacra hace unos años, este hombre rememora que recibió una llamada del rector del colegio de Jesuitas de Pamplona, para conocer qué quería y qué le había pasado. "Le respondí que solo quería que no volviera a ocurrir". En aquella conversación, el rector, según consta en la denuncia, le trasladó a este exalumno sus sospechas sobre otros dos hermanos que podían haber cometido abusos en aquella época. "Yo le pregunté, ¿me hablas de Moles y de Castillo? Y él me lo confirmó. Y, al mismo tiempo, se sorprendió de que Ruiz de Gauna fuera el autor de los abusos que conté".

A pesar de que en esa llamada, el rector se comprometió a volver a contactar con él, "hasta el momento, y ya han pasado tres años, nadie me ha vuelto a llamar". Como datos, añade que, tras aparecer en el programa "me llamó otro antiguo alumno para decirme que se le habían saltado las lágrimas y que él había sufrido mucho". Y que, a su vez, al preguntarle al familiar de una amiga que también estudió en Jesuitas años después por el sacerdote al que denuncia, recuerda que le contestó que era "un puto pederasta".

respuesta del colegio

LA COMPAÑÍA YA

LO INVESTIGABA

Investigación interna. El departamento de Comunicación de la Compañía de Jesús respondió que no tiene notificada la denuncia presentada por un exalumno de su centro de Pamplona sobre unos hechos ocurridos en 1965, pero confirmó que "en el transcurso de una investigación que estamos realizando desde hace unos meses en nuestros centros educativos, salió el nombre de este jesuita". Sin embargo, dicen que las personas que lo habían mencionado previamente exigen absoluta confidencialidad. Así, desean que la víctima contacte con ellos para avanzar en su investigación, manifiestan su apoyo a la misma por el sufrimiento que la conducta de un miembro de nuestra orden le haya podido generar" y reafirman su "compromiso con la protección de menores y personas vulnerables". Jesuitas ya tiene un protocolo de actuación y medidas implantadas ante este tipo de casos.

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