Cuando rendirse no es una opción

Alberto Armendariz, ‘txapela’, fue diagnosticado de ela el año pasado y, ahora, tres amigos suyos han organizado un reto para dar visibilidad a la enfermedad

10.02.2020 | 03:15
Alberto Armendariz, ‘Txapela’, fue diagnosticado de ELA hace 15 meses.

Alberto Armendariz, ‘txapela’, fue diagnosticado de ELA el año pasado y, ahora, 3 amigos han organizado un reto.

Alberto Armendariz estaba trabajando cuando, al coger una caja, sintió que no tenía fuerza en los dedos para agarrarla. Trabajaba en ID Logistics, una empresa de logística que suministra piezas del Polo a los operarios de la cadena de Volkswagen, y pensó que aquel percance era algo del momento. Fue pasando el tiempo y un día, al ir a atarse el botón del pantalón, notó los dedos bloqueados. Era invierno y seguramente era cosa del frío, pensó. Pero, poco después, se le empezó a trabar la lengua al hablar, por lo que decidió acudir al médico.

Tras un año de consultas, pruebas y especialistas, en junio del año pasado a Alberto, más conocido como Txapela, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Ahora tiene 48 años y recuerda aquel día como si fuese ayer, cómo recibió la noticia como un jarro de agua fría que lo dejó en shock: "El golpe del diagnóstico me dejó bloqueado y conforme fueron pasando los días me fui dando cuenta de las dimensiones de ese golpe", recuerda. Pero Txapela, lejos de venirse abajo y quedarse en casa, a los dos meses ya era socio de ANELA. "En aquel momento mi familia y mis amigos me auparon, el apoyo que me están dando es brutal y me he dado cuenta de toda la gente que está conmigo", apunta. La enfermedad le afectó principalmente al habla y a la respiración y, en menor medida, también a la movilidad de las manos y los brazos, y aunque ahora le cuesta hablar con fluidez, puede caminar perfectamente: "Me encuentro en un momento de la enfermedad en el que me valgo por mí mismo. A día de hoy, firmo con los ojos cerrados quedarme así".

Ahora, acude a ANELA dos veces por semana para acudir a sesiones de fisioterapia respiratoria y logopedia. Además, por su cuenta también acude a la piscina y queda una o dos veces con sus amigos para pasear o tomar algo: "Intento no ponerme barreras y vivir el presente sin pensar en cómo estaba antes o en cómo estaré en el futuro. La cabeza es muy traicionera".

un reto para dar visibilidad Tras el diagnóstico, Txapela hizo suya una frase que escuchó en 100 metros, película española: Rendirse no es una opción. Y no ha fallado ni un solo día a ese lema, en gran parte gracias al apoyo de su mujer, Josune Larraya, sus hijas, Aitziber e Irune, y sus amigos. Y es que la cuadrilla de Txapela se ha volcado con él desde el primer momento y Ángel Muñoz, Bakayoko, gran amigo de Alberto, empezó a dar forma a una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza. A Bakayoko se le ocurrió hacer un reto para su amigo y así dar visibilidad a la enfermedad. "A Ángel se le ocurrió realizar un reto para luego moverlo por redes sociales. Consistía en subir el Aneto (3.404 metros), descender, realizar en bici el trayecto entre el refugio de Labesurta y el de Linza (220 kilómetros) y subir la Mesa de los Tres Reyes (2.448 metros). Todo eso en menos de 24 horas", señala Txapela, que recuerda que no le contaron nada hasta pocos días antes de emprender la aventura.

Así pues, el 27 de julio Bakayoko junto a Ramón Anaut y Miguel Barásoain, Mauri, -también amigos de Alberto- comenzaron la travesía. "Aquello fue increible. Emocionalmente fue algo muy fuerte que me alegró muchísimo y, además, servía para dar visibilidad a la enfermedad", comenta. Sin embargo, el fuerte temporal que sacudió aquel fin de semana los Pirineos impidió a la expedición realizar el reto en menos de 24 horas. Lo hicieron en 26, pero, para Txapela, los tiempos eran lo de menos: "Ramón vino siendo fiestas de Isaba, su pueblo, y la verdad que los tres hicieron un esfuerzo enorme".

Tras realizar sus amigos la hazaña, a Txapela le picó el gusanillo de hacer él algo parecido: "Soy muy aficionado a la montaña, siempre me ha gustado. Así que me decidí a subir la Mesa de los Tres Reyes el pasado 23 de agosto. Ya la había subido bastantes veces, pero en esta ocasión me costó mucho más esfuerzo, aunque también me ha servido para valorarlo más". Además de la montaña, el fútbol es su otra gran afición. Rojillo hasta la médula, recuerda cuando su padre le llevaba a El Sadar con 4 o 5 años: "Soy socio desde siempre y este año en primera estoy disfrutando mucho. Además, el año pasado tuve la oportundiad de conocer a Jagoba Arrasate y la plantilla me regaló una camiseta firmada. Fue muy emocionante".