¿Puede un navarro quedarse sin funeral si sus cenizas se esparcen en la calle Estafeta o el monte?

La Iglesia recuerda su rechazo a esparcir las cenizas de los difuntos o guardarlas en casa y a que se hagan homenajes en los funerales

17.01.2021 | 21:14
Una mujer limpia un columbario durante la festividad de Todos los Santos

¿Si un navarro elige ser incinerado a su muerte puede ver cómo la Iglesia le niega un funeral católico? ¿Puede un católico dejar dicho que se espazan sus cenizas en el monte, el mar o incluso en la calle Estafeta cómo ha ocurrido en alguna ocasión? Los obispos españoles presentaron recientemente un documento en el que plantean cómo deben ser las exequias de los difuntos, una instrucción pastoral que afecta a católicos y, de alguna manera, también a no católicos porque más de la mitad de los cementerios españoles son eclesiásticos, no así el de Pamplona, que es municipal.

La Iglesia española aborda en el documento una práctica que va en aumento: las incineraciones, extrañas hasta hace pocos años en las costumbres católicas. Los obispos lamentan cómo "se han introducido prácticas que son ajenas a la tradición cristiana: la incineración u otras prácticas, que no formaban parte de la tradición cristiana" y, aunque admiten la cremación, recomiendan "insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados".

Pero ¿por qué la Iglesia prefiere el enterramiento a la cremación? "Para los cristianos el cuerpo de una persona que ya ha fallecido merece respeto y veneración porque, desde el bautismo, ese cuerpo fue lugar de la presencia de Dios y está llamado a la resurrección. Nosotros afirmamos que al final de los tiempos los cuerpos de cada persona resucitan para una vida eterna. Esa fe y esa esperanza se expresa de manera más visible en la inhumación que en la cremación. No obstante, la Iglesia permite la cremación en el rito católico, si no implica la negación de la fe en la resurrección", explica el Arzobispo de Pamplona y Tudela, Francisco Pérez.

"Muchas veces, social y culturalmente, se olvida la cuestión de Dios", puntualizó durante la presentación del documento Enrique Benavente, el obispo responsable de la comisión de Doctrina de la Fe en la Conferencia Episcopal y uno de los redactores del documento, quien criticó "maneras insólitas" de conservar las cenizas de los difuntos que "son difíciles de conciliar con el respeto cristiano al cuerpo del difunto".

El texto contiene numerosas precisiones sobre esta cuestión: "En caso de que una familia opte por la cremación, no debe hacerse contra la voluntad del difunto y se debe evitar todo signo, rito o modalidad de conservación de las cenizas que nazca o pueda ser interpretado como expresión de una visión no cristiana de la muerte y de la esperanza en la vida eterna", escriben los obispos, que no ven bien prácticas como las de "esparcir las cenizas en un paraje natural porque se piensa que la muerte es el momento de fusión con la madre naturaleza, o relacionar la cremación con la reencarnación, o repartir las cenizas para utilizarlas como mero objeto de recuerdo del difunto", como "recuerdos conmemorativos, piezas de joyería u otros artículos".

Negar las exequias a un muerto


Tanto es así, que el documento recuerda, en las orientaciones sobre los columbarios, que "en el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias". ¿Entonces, si un católico navarro opta por la cremación, tiene que renunciar a un funeral católico aunque sus cenizas vayan a depositarse en lugar sagrado? "No, de hecho, -precisa el arzobispo de Pamplona-, son muy habituales los funerales con las cenizas del fallecido, que además, en muchos casos, se depositan en un columbario en el entorno de la parroquia.

Para la Iglesia, si se opta por la cremación, algo que considera legítimo, los columbarios son los "lugares idóneos para depositar las cenizas después de la muerte y de la cremación de los difuntos", y se exige que sean rincones sagrados, cerrando la puerta a otras iniciativas lanzadas por entidades civiles o deportivas. En todo caso, según la pastoral, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente.

Porque, afirman los obispos, "la conservación de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. Así, además, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas". De este modo, "no está permitida la conservación de las cenizas en el hogar" ni "pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares".

Sólo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de carácter local, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el Sínodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. "Las cenizas, sin embargo, no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación", aclara la instrucción pastoral.

En cuanto a los funerales, la Iglesia española advierte de que "no debe convertirse en un homenaje al difunto", por lo que tratan de reducir al máximo las intervenciones de familiares o amigos durante la despedida al fallecido, con el fin –afirma el documento– de "evitar un juicio global sobre su persona". El arzobispo de Pamplona explica por qué la Iglesia rechaza este tipo homenajes: "Los funerales no son nunca un homenaje y por tanto no lo pueden parecer. Los funerales son una celebración por un difunto, para que Dios tenga misericordia de él, le perdone sus pecados y le conceda la vida eterna. Las personas que, al morir, merecen un homenaje por su vida deberían recibirlo en un contexto adecuado, con la participación y la intervención de quienes lo deseen, familiares y amigos. El funeral es otra cosa, es la celebración para pedir a Dios que tenga misericordia del difunto.

Además, para preservar la catolicidad de las exequias, según la instrucción pastoral, se prohíbe utilizar algunas expresiones "incompatibles con la fe": no podrá decirse "Allá donde estés", o "Si es que estás en algún lugar". Para Leonardo Lemos, presidente de la Comisión Episcopal para la Liturgia, la otra comisión encargada de la redacción del texto, "las exequias no son homenajes al fallecido, no son lugar para un panegírico".