Al parecer hay –o ya existía, pero está renaciendo– una nueva moda entre los y las adolescentes que consiste en identificarse con animales y actuar como ellos. Vamos, nada que no veamos a diario hacer a los adultos con cuatro copas encima o sin ellas, no te digo drogas, a los mandos de los coches, en las corridas de toros o en mil situaciones más en las que no es necesario ser adolescente para hacer, en el mal sentido de la palabra, el animal.
Therian les llaman y la pasada semana hubo varias quedadas. Vi algunas y efectivamente la gran mayoría de los pocos y pocas que se cubrían con máscaras e imitaban a animales eran poco menos que críos y algunos de ellos tuvieron que soportar las bromitas y el acoso de los idiotas –ser adolescente no exime de ser idiota y más cuando vas en manada, lo que demuestra tu carácter animal, te guste o no–, también de edades muy bajas, de entre 13 y 17 años. A ver, para mí esto es una frikada más, pero ¿qué mal le hacen a nadie estos buenos chavales y chavalas? ¿Mejor que anden por ahí haciendo el bodoque o qué?
No sé, es una etapa de la vida con la que a todos se nos llena la boca que hay que cuidar y proteger, expuestos como están a muchos cambios personales, físicos y sociales y en cuanto les da por hacer alguna cosa extraña pero completamente inocua ya están los jueces de la sociedad a ponerles de vuelta y media. Que si están todo el día en el móvil, o en el ordenata o que si no se implican con causas o no sé qué y que si ahora esto de los Therian.
Gente que se va a pegar 20 años estudiando y que ve cómo esté el mercado laboral, la vivienda, la vida, sus padres y a la que no se le permite tener frikadas como las hemos tenido todas las generaciones a esa edad tan compleja en la que no sabes qué hacer en el mundo o en qué encajar y ni por qué. Coño, vamos a darles un poco de oxígeno, que no somos tan exigentes con nosotros los adultos.