En el tajo en Navidad

25.12.2021 | 16:37
Egoitz Sanchez y Oihane Artola en el centro de transeuntes de Trinitarios.

Santiago Rubio, de la farmacia 24 horas de Ripagaina, Egoitz Sánchez, del albergue de Trinitarios y los agentes de la Policía Municipal de Villava Txema y Peio son ejemplos de trabajadores esenciales que no cesan su actividad ni en las fechas más señaladas del año

Un trabajador de una farmacia, uno del albergue de Trinitarios y un policía. Son tres ejemplos de profesionales que siguen en el tajo cuando los demás se entregan a la fiesta, como ocurre, por ejemplo, en Nochebuena y Navidad. Trabajadores esenciales que no dejan su puesto ni en las veladas más familiares del año para que todo funcione correctamente. 

Comienzo el reportaje agradeciendo su impagable labor. Y continúo pidiendo disculpas porque el texto tan solo recoge tres testimonios, cuando es evidente que son decenas de oficios y miles de trabajadores y trabajadoras las que curran en la sombra para que todos podamos celebrar con normalidad las navidades. Pido perdón por dejarme a mucha gente fuera, pero entenderán que este escrito tiene sus limitaciones tanto de espacio como de tiempo, que un servidor también ha trabajado entre celebración y celebración estos días, con una mano en el teclado y la otra en la bandeja de los turrones.

Trabajar en estas fechas tan señaladas puede interpretarse como una auténtica faena, aunque para otros también sea la coartada perfecta para escapar de una sobremesa que agoniza hasta el muermo. Los tres protagonistas del reportaje se lo toman con deportividad y paciencia, conscientes de que la velada en familia tendrá que esperar a mejor ocasión.

Santiago Rubio

Farmacia 24 horas

"Cené a las seis y trabajé vestido de casero"

Santiago Rubio, propietario junto a su mujer Vania Olivares de la Farmacia 24 horas de Ripagaina, vivió una Nochebuena diferente. "Es la primera vez que me toca trabajar. A las 6 de la tarde, cené con mi mujer, mi hija y mi suegra. Hicimos una merienda cena y fue un poco raro porque tampoco pude beber, por ejemplo. Tuve que brindar con coca cola. Luego, me vestí de Olentzero y fui de casero a la farmacia. Estuve allá con la boina para hacerlo un poco más ameno. Todo el mundo estaba cenando mientras yo atendía a la gente, sacrificando un poco mi vida personal. Al final, somos una farmacia 24 horas y nos debemos a los demás", explica.

El propietario de la farmacia lleva casi un año haciendo el turno de noche porque un compañero se encuentra de baja. Como jefe, podría haberle pasado el marrón a otro, pero prefirió no hacerlo. "No queríamos pedirle a alguien del equipo que me hiciera a mí la Nochebuena y la Navidad para que yo disfrutara de mi familia y se fastidiara otro compañero. Por mucho que yo sea el titular y lo que quieras, no era justo. Me toca a mí, pues me toca a mí".

En cambio, Santiago Rubio sí pudo disfrutar de la comida de Navidad, aunque hipotecando horas de sueño. "Yo me suelo levantar a las cuatro de la tarde porque me acuesto casi a las nueve. El día 25 dormí solo cinco horas y me levanté para comer, un poco hecho polvo. De normal me levanto a las cuatro de la tarde, pero tuve que hacer un esfuerzo. Dormir de día te cambia el ritmo de vida y te sientes como fuera de la familia. Es duro, pero tenemos que estar al pie del cañón todos los días".

Para él han sido unas navidades muy diferentes a las anteriores. "Hasta ahora, siempre me había tocado Nochebuena y Navidad con mi familia. Pero bueno, cuando compramos la farmacia 24 horas ya sabíamos que nos exponíamos a esto. Estamos abiertos todos los días y a todas horas porque siempre pueden ocurrir cosas. Nosotros intentamos recibirles siempre con una sonrisa y ponernos en su lugar, porque suelen ser temas urgentes. Al final, ayudar a las personas es lo más gratificante que puede haber".

Santiago Rubio compró junto a  Vania Olivares la farmacia en febrero de 2020, justo un mes antes de que empezara la pandemia. "Fue una inversión muy grande y nos ha tocado vivir una situación muy dura. Las farmacias 24 horas dependen mucho de la movilidad de la gente, de que se vaya a trabajar. Fue un año muy complicado para nosotros. Cuando había toque de queda, en las noches había muy poco movimiento".

Los últimos días, han tenido que hacer frente al notable incremento de la demanda de test de antígenos, que la gente quería para acudir con seguridad a las celebraciones navideñas. "Es una locura. El 95% de las llamadas son por test de antígenos y hay muchas personas que se acercan a preguntar. Hicimos una previsión bastante alta, pero nos quedamos el domingo pasado sin suministro. Vino gente hasta desde Estella porque sabían que éramos los únicos que teníamos. Y también había gente que llamaba desde Madrid porque allí no tenían test. Nuestros test han acabado en Estella, en Madrid y vete a saber dónde. Esta semana están llegando a cuentagotas porque hay un problema generalizado en aduanas y hay un desabastecimiento total", asegura.


Santiago Rubio y Vania Olivares, junto a un árbol de Navidad en su farmacia 24 horas de Ripagaina.


Egoitz Sánchez

Albergue de Trinitarios

"La gente que está en la calle no sabe de festivos"

Egoitz Sánchez vivió sus terceras navidades en el albergue de Trinitarios, alejado de la felicidad propia de estas fechas. "El 25 suele ser un día muy emotivo. Parece un día alegre, pero aquí no lo es. Todo el mundo recuerda a esa familia que en este momento no le puede atender o que la perdió. A veces por decisiones erróneas que han tomado a lo largo de la vida. Nosotros hacemos un menú diferente e intentamos que sea algo más alegre, pero suelen ser fechas muy tristes y difíciles aquí. La gente se acuerda mucho de los familiares, de épocas pasadas y viven un poco más la situación en la que están. En estos momentos emotivos es cuando se dan cuenta de la soledad, la tristeza y los sentimientos más negativos".

El joven navarro estuvo de ocho de la mañana a cinco de la tarde y los compañeros se han organizado para trabajar cada uno un festivo. "Aquí estamos acostumbrados porque esto no cierra nunca. La gente que está en la calle no sabe de fiestas ni de festivos y necesita atención todo el año. Mi familia entiende dónde trabajo y que hay un día que voy a faltar. Nos hacemos a la idea de que hay que venir y ya está. Todos queremos estar con la familia en esos momentos, pero tampoco le damos más vueltas. La gente sin hogar necesita atención todos los días y esto no cierra. Al final, priman la profesionalidad y la vocación", remarca.  

Sumidos en una interminable pandemia y en plena ola de frío, la situación en el albergue de Trinitarios es muy complicada. "Cada vez hay más movimiento migratorio y más necesidad. Encima se suma el covid, que nos obliga a tomar medidas por las que no podemos acoger a todas las personas que lo necesitan. Ahora mismo, tenemos un máximo de 58 personas por ley y solemos estar últimamente muy cerca de ese número". 

Y el día a día en el trabajo es muy complicado. "Tenemos que hacer mucho ejercicio de empatía y también tenemos que saber contenernos un poco porque nos cuentan historias muy duras prácticamente a diario. Por ejemplo, hay personas que tienen hijos con esclerosis y que no les pueden ayudar. Si una persona viene aquí es porque es el último recurso al que puede acceder. Tienes que saber a dónde vienes cuando trabajas aquí".

Txema y Peio, agentes de la Policía Municipal de Villava-Atarrabia.


Agente nº22

Policía Municipal de Villava

"Comí en el Ayuntamiento con los compañeros"

Los agentes de la Policía Municipal de Villava-Atarrabia Txema y Peio trabajaron en el turno de mañana los días 24 y 25. "Es duro. Es una mezcla de fastidio y satisfacción. Estamos robando tiempo de nuestras familias en días especiales, pero también es la máxima expresión de nuestra vocación. Sabemos lo que implica trabajar 24 horas y esto también te hace disfrutar un poco más cuando estás con la familia", explica Txema. 

Los agentes 22 y 16 hicieron el siguiente turno, de dos de la tarde a diez de la noche. "Tuvimos nuestro jaleo el día 24 con la organización del Olentzero. En Nochebuena pudimos cenar con la familia, pero en Navidad nos tocó comer en el Ayuntamiento y fue un poco raro. Cada uno llevó una cosa y lo organizamos lo mejor que pudimos", concluye el agente número 22.

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