Paco Carcavilla, padre de un joven que se suicidó en 2020

Paco Carcavilla, padre de un joven que se suicidó en 2020: "Nuestro hijo Mario se fue, una última piedra le llenó la mochila"

Mario Carcavilla tenía toda la vida por delante, pero se suicidó en el verano de 2020. Sus padres, a caballo entre Noáin y Cascante, alzan la voz para que se mejore la prevención y la atención a las familias

26.02.2022 | 18:43
Paco Carcavilla, en su domicilio, con una camiseta con la foto de su hijo Mario sobre el respaldo del sofá en su domicilio en Noáin

Mario se hace presente en cuanto conoces a su padre, Paco Carcavilla, y a su madre, Beatriz Ruiz. Está en los ojos que te miran desde la camiseta que lleva él, en la camiseta que su madre sujeta en las manos, en las fotos que adornan el mueble del salón en su casa en Noáin: Mario con su hermano, Mario haciendo un recorte a una vaquilla... Y Mario late en su dormitorio, que sigue casi intacto: sus medallas deportivas, sus coches de juguete, su póster de Fernando Alonso, sus fotos en el circuito de Los Arcos... "Mario fue llenando la mochila hasta que una última piedra la llenó del todo y buscó una salida definitiva a un problema pasajero", lamenta Paco. "Se fue, pero sigue aquí. Yo sigo diciendo que tengo dos hijos".

El joven, que vivía en Noáin con sus padres, decidió trabajar en el verano de 2020 en un taller mecánico en Cascante. "Estaba estudiando Electromecánica y era una buena forma de ganarse un dinero y seguir aprendiendo", explica su madre. Aunque había sufrido bullying cuando era un niño, todo parecía estar bien en la vida del chico, que recibió tratamiento psicológico para superar aquel bache. "La gente nos decía que le habían visto por la calle, sonriente, le saludaban y todo parecía normal", recuerdan Paco y Beatriz. Pero el 12 de agosto de 2020 se suicidó. "Nadie nos podíamos imaginar algo así", asevera la madre.

Ha pasado un año y medio, y sus padres están aprendiendo a convivir con la tragedia profunda que supuso la muerte de su hijo. "Al principio caes en un pozo. Es algo inimaginable, un torbellino de emociones inexplicable", afirma Paco, que añade que "el tiempo no te quita ese dolor, pero sí que vas aprendiendo a vivir de otra forma, a llevarlo al lado". "No lo ocultamos. Hablamos de él, de lo que ocurrió. Yo lo he contado todo desde el principio. Al principio me costaba estar con la gente, pero después vas asimilando todo", comenta Beatriz.

UNA FAMILIA "DEL MONTÓN"


Con raíces en Tudela y Cascante, el matrimonio se instaló en esta última localidad cuando se casó. Él trabaja como albañil, haciendo reformas, y ella como empleada del hogar. Tuvieron dos hijos, Adrián y Mario, separados por ocho años. "Éramos una familia normal. Yo ahora digo que éramos una familia del montón, con su hipoteca, sus preocupaciones y sus alegrías. Adrián es más abierto, Mario era más introvertido". La familia se trasladó a Noáin cuando Mario tenía 8 años. "A él le encantaba estar en Cascante, con su cuadrilla. En cuanto tenía un poco de tiempo, se bajaba a Cascante", destacan sus padres.

Al tiempo de estar en Noáin, el chico comenzó a sufrir acoso escolar en el colegio. "Por su forma de ser, más tímido, más sensible, le costaba más contar sus cosas. Pero se le notaba que venía del colegio malhumorado, contestaba mal a su madre... Hasta que un día lo senté en el sofá, rompió a llorar y me contó lo que le pasaba, que sufría bullying", rememora Paco. Se puso en manos de una psicóloga, recibió tratamiento y salió adelante, camino de la adolescencia y la madurez.

SUFRIMIENTO OCULTO


Sin embargo, el acoso prosiguió, pero el joven aprendió a ocultárselo a sus padres, como ocurre en la mayoría de los casos de los adolescentes y jóvenes que se suicidan. "Cuando él vio que nos hacía sufrir, trató de esconderlo. Incluso a la psicóloga le contó lo que quiso. Pero investigando después el móvil y hablando con sus amigos, vimos que había sufrido vejaciones e insultos hasta el último día", revela Paco. "Incluso para integrarse con el grupo que le hacía bullying y que no le hacía ningún bien, comenzó a dejar de entregar trabajos en el colegio. Aunque tuviese a su cuadrilla en Cascante y sus amigos aquí en Noáin, él trataba de encajar. Alguna vez dijo que él quería tener muchos amigos, como su hermano Adrián, y en realidad tenía tantos como él o más. No era un chico solitario".

La noticia del suicidio de su hijo se la comunicó por teléfono un familiar de Cascante. "Es algo que reclamamos que se mejore. Tiene que haber un protocolo para las familias. No puede ser que te digan por teléfono que se ha suicidado tu hijo. Debería haber apoyo psicológico desde el primer momento", reivindican.

Los "sentimientos de culpa", habituales en las familias, asaltaron a Paco y a Beatriz. "Ni siquiera los amigos notaron nada, con los que estaba todos los días con ellos. Siempre estaba de broma", resalta la madre. "No fue un momento en el que se le cruzaron los cables. Mario escribió la nota de despedida dos semanas antes. Era premeditado. Cuando toman la decisión de hacerlo, entran en un estadio de bienestar, que aún hace más difícil darse cuenta. Las últimas semanas bajábamos a Cascante, y se iba a la capea, a bañarse...", agrega Paco.

FRUSTRACIÓN VITAL


La frustración estuvo presente en el suicidio de Mario. "Él lo explicaba en su nota: si dentro de toda la felicidad que tengo este verano, si esto me falla, ya nada me va a salir bien en la vida. Y los chavales tienen que saber que si entran en esas dinámicas negativas, tienen que hablar, sino es con sus padres, con un tío, con un familiar... Hay que decirles que no tienen que soportar ellos solos el peso de lo que les pasa, que todos los problemas tienen solución. Se ponen metas muy altas que les provocan frustraciones. Hay que animarles a fijarse metas más pequeñas. Esta es otra de las cosas que reivindicamos, que la educación emocional se integre en los colegios, porque la vida no es de color de rosa", exponen.

El calor de sus familias y amigos fue fundamental para Paco y Beatriz. También la asociación Besarkada. "Nuestra suerte fue contactar muy pronto con ellos. La atención psicológica es importante, pero estar con otras personas que han vivido lo mismo, te ayuda mucho, porque hablas el mismo lenguaje, sabes por lo que estamos pasando. Porque el primer pensamiento es irte con él", subraya Paco. "Pero siempre tienes que luchar por algo, normalmente por alguien", apostilla Beatriz. Ambos protestan por la falta de profesionales especializados en la prevención de suicidios y por la falta de sensibilidad política. "Cada vez hay más suicidios y es el momento de empezar a hacer cosas. Se lo debemos a nuestro hijo", concluyen.

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