La victoria de Osasuna ante el Real Madrid no solo dejó tres puntos en El Sadar; dejó también en evidencia, una vez más, el doble rasero con el que la mayor parte del periodismo capitalino analiza todo aquello que roce al club blanco.

El árbitro Alejandro Quintero González fue llamado por el VAR para corregir dos decisiones. Rectificó. Aplicó el reglamento. Y, sin embargo, para algunos tertulianos de plató aquello no fue justicia arbitral, sino poco menos que una conjura.

El más vehemente fue José Luis Sánchez, colaborador de El Chiringuito de Jugones, quien estalló en la retransmisión en directo a través de los canales del programa en redes sociales: “Es una vergüenza. Una vergüenza de competición. Mira cómo se tira”. A su lado, Juanma Rodríguez insistía: “Yo no veo penalti ahí por ningún lado”, mientras Alfredo Duro advertía casi en tono apocalíptico que si todos los contactos se pitan, “estamos muertos”.

Lo que en Pamplona fue una revisión lógica —pisotón claro de Thibaut Courtois sobre Ante Budimir— en ciertos estudios de Madrid se convirtió en un ataque institucional. Sánchez, fuera de sí, llegó a rebautizar el tanto: no era gol de Budimir, sino “gol del CTA”, en alusión al Comité Técnico de Árbitros. Incluso señaló directamente al responsable en la sala VOR, Figueroa Vázquez, como si el reglamento dependiera del color de la camiseta.

En su arrebato incluyó a Soto Grado y a Fernández Borbalán en una supuesta conjura colectiva, mencionando además a Las Rozas como epicentro de todos los males. El relato no era nuevo: recordó partidos frente al RCD Espanyol, contra Atlético de Madrid y la pugna con el FC Barcelona para reforzar la idea de persecución sistemática.

Resulta llamativo que se hable de “agravio comparativo” cuando el agravio histórico ha sido precisamente el contrario. Cuando el VAR corrige a favor del poderoso se habla de tecnología; cuando lo hace en su contra, de escándalo. Cuando un delantero rojillo cae por contacto evidente, se le acusa de “hacer dos piruetas”; cuando el contacto es sobre un atacante blanco, se exige sensibilidad arbitral.

"El fútbol de hoy en día"

En la retransmisión radiofónica también hubo desconcierto. En la COPE, Manolo Lama consultaba a Pedro Martín en Tiempo de Juego sobre la posible anulación de la amarilla a Budimir. Confirmado el penalti, la cartulina fue retirada y señalada la pena máxima. Lama terminó admitiendo: “El pisotón existe”.

Por su parte, Poli Rincón y Alfredo Relaño lo resumieron con resignación: “Este es el fútbol de hoy en día”. Exactamente. El fútbol de hoy en día es aquel en el que (casi siempre) la tecnología corrige errores, aunque incomode a quien siempre vivió más cómodo sin ella.

Desde Pamplona la lectura es mucho más sencilla: el reglamento se aplicó. No hubo conspiraciones, ni “antesalas de la antesala”, ni tramas ocultas. Hubo un árbitro que revisó una acción, vio un pisotón y señaló penalti. Lo extraordinario no fue la decisión; fue la reacción. Porque quizá lo que realmente molesta a cierta “caverna” no es el VAR. Es que, por una vez, el relato no lo escribieron ellos.