Bienvenido a la historia de Osasuna, Raúl García de Haro. Quizás a estas horas ya has podido calibrar la magnitud de tu gol, el valor emocional de esta victoria, la explosión de sentimiento desatada en la grada, en los bares, en las peñas, en las casas. Porque este no es un partido cualquiera, nunca lo ha sido; es más que un partido.

Entiendo que para Mbappé o Vinicius, como antes Zidane o Roberto Carlos, resulte complicado entender esa rivalidad, encarnizada muchas veces, entre un equipo sin títulos y el más laureado, entre un poblado de galos irreductibles y el poderoso imperio romano. Entre dos clubes que no tienen nada en común ni luchan por objetivos deportivos similares. Sin embargo, Butragueño, leyenda de ese equipo, lo advertía antes del encuentro: “Aquí siempre es difícil para el Real Madrid”. El antiguo extremo utiliza de forma reiterada el adverbio “aquí” como si tratara de evitar pronunciar “El Sadar”. Quizá no guarda buenos recuerdos. ‘El Buitre’, de cualquier forma, habla con conocimiento de causa.

Sucede, Raúl, que este duelo supera los márgenes del fútbol. Por encima de los puntos, Osasuna pone en juego a ojos del mundo, la identidad, los valores, la filosofía como club, el carácter, la imagen de una afición que también juega su baza, una lucha de rojos contra blancos que va más allá de los colores. Hay mucha pasión en estos duelos, algunas veces incontrolada, hay que reconocerlo. No es un derbi o un clásico, para el osasunismo es mucho más. Y poniendo siempre por delante que el Madrid no es el enemigo, sino el rival por excelencia, el contrincante encarnizado; y aún diría más, el adversario que fortalece a los osasunistas como grupo. Sobre todo cuando el equipo gana con buen fútbol y al límite del tiempo. Por todo lo expuesto, este triunfo largamente esperado hizo estallar un ensayo de Chupinazo en El Sadar.

Es el primer triunfo frente al Real Madrid después de quince años de sinsabores, de no rascar bola, de dejar que se consumiera el fuego donde en otro tiempo había una sucursal del infierno. Una eternidad en el calendario balompédico y en la agitada vida de un aficionado. ¿Dónde estabas tú hace quince años, Raúl? ¿Dónde estábamos cada uno de nosotros cuando Camuñas le marcó aquel gol a Casillas a pase de Aranda y tan al límite del fuera de juego como el de ayer? Bienvenidos a la historia a todos aquellos que hasta ayer no habían visto a Osasuna derrotar al campeón de todo, a los que se les saltaban las lágrimas en la grada, a los niños y niñas que vivieron ayer esa experiencia imborrable en el estadio.

Bienvenidos a la historia a los excépticos y a los conspiranóicos. Los errores arbitrales persiguen y seguirán persiguiendo a Osasuna (es una ley no escrita del fútbol), pero ayer el VAR, con Figueroa a los mandos, desveló el pisotón de Courtois a Budimir y refrendó la posición legal de Raúl en la jugada que decidió el ganador. Porque el colegiado, Quintero González, observó teatralidad en la caída del croata dentro del área e incluso le amonestó.

En fin, sin terminar el partido la caverna mediática ya estaba resucitando el fantasma de Enríquez Negreira y la mano negra del Barça: podrían preguntar a los osasunistas más veteranos sobre los numerosos ultrajes sufridos por su equipo en el Bernabéu. Bienvenidos a la historia. Resultaría más productivo que desde esas terminales mediáticas analizaran el pésimo partido del Real Madrid, la defensa que puso en el campo su entrenador, un plan de partido sustentado en las individualidades más que en el equipo y una alarmante apatía. Salvo Vinicius, el más inquieto de todos. El baño que les dio Osasuna con el balón en la primera parte es para analizar hasta donde llegaba la responsabilidad de Xabi Alonso. Y sin recurrir a violencias.

Pero, bueno, después de este partido solo se hablará del Real Madrid, de sus crisis, horas y horas. Porque se me ha pasado citarlo más arriba: estos partidos también son un desafío al centralismo en sus diferentes versiones mediáticas, deportivas y políticas. Hay mucha historia en ese recorte y posterior disparo con el pie derecho, Raúl.