Muerte en la Zurriola: "Entrar con una tabla de paddle surf era un acto de inconsciencia, una temeridad"

LLEGÓ EL LUNES DESDE FLORIDA CON SU FAMILIA. TENÍA PREVISTO QUEDARSE EN GIPUZKOA ESTA SEMANA. SE LLAMABA RANDY CORY YOUNG, EL SURFISTA DE MIAMI QUE FALLECIÓ EL MARTES.

17.03.2022 | 08:53
Luis Miguel Herrero, un experimentado socorrista que siempre ha estado vinculado a la playa de la Zurriola.

La muerte en la Playa de la Zurriola de Randall Cory Young, un turista de Miami de 44 años, ha dejado una honda huella este miércoles en el barrio de Gros, donde a diario se dan cita decenas de surfistas. El suceso no ha pasado desapercibido para nadie. "Cuando el mar está grande, siempre aconsejamos no entrar. Ayer lo estaba, y adentrarse en la playa con una tabla de paddle surf era un acto de inconsciencia, una temeridad". Luis Miguel Herrero conoce bien el peligro que puede entrañar este arenal, que en un año se ha cobrado la vida de dos personas extranjeras. La última: Randall Cory Young, de 44 años.

"Estamos viendo que casi todos los que fallecen son de fuera. Es necesario conocer bien las corrientes que hay aquí", indica Herrero, socorrista de largo recorrido que trabajó antes y después de que las obras de regeneración de mediados de los 90 convirtieran la Zurriola en la playa joven y surfera que es hoy en día. El barrio de Gros es el epicentro de este deporte, que atrae a surfistas de medio mundo y en torno al cual se han abierto numerosos negocios durante los últimos años.

Sanitarios intentan reanimar a Randall. Foto: GORKA ESTRADA

En el establecimiento donde alquilaron la tabla al turista estadounidense no querían hacer esta mañana ningún comentario sobre lo ocurrido. En otros negocios cercanos admitían que siempre tratan de disuadir a los deportistas menos experimentados cuando hay malas condiciones de mar pero, inevitablemente, "siempre va a haber un componente personal".

¿DE QUIÉN ES LA RESPONSABILIDAD?: "NO SOMOS POLICÍAS"

Hay comerciantes un tanto molestos por quienes les atribuyen responsabilidad por lo ocurrido. "Claro que les informamos del estado del mar, pero es algo que no se puede controlar. Igual llega el cliente y el mar aquí aconseja no utilizar la tabla de paddle surf, pero sí en la Concha, o en Hendaia. ¿Cómo saber el uso que van a hacer? Nosotros las alquilamos, pero no somos policías. Entendemos que la responsabilidad es de quien hace uso del material, como quien alquila un coche y se sale de una curva un día de lluvia en el que han aconsejado no salir a la carretera", razona un comerciante.

Miguel Herrero explica que las corrientes o churros de la Zurriola son de tal fuerza que llegan a trasladar al deportista mar adentro sin necesidad de remar. "Es una temeridad adentrarse con una tabla de paddle surf en esa zona. Estaba en el peor de los escenarios, y el día menos indicado", describe este experimentado deportista.

"No entiendo cómo se pudo meter por aquí", señalaba en la playa de Gros un surfista junto al lugar en el que el turista americano perdió la vida. "Ayer daban tan mala mar que me fui a Hendaia a surfear. Hay días que es mejor tener la sangre fría", indicaba este deportista. "Tú eres el responsable de tus actos, de los riesgos que vayas a tomar. Por aquí pasan muchas personas sin experiencia que vienen a probar", admite un comerciante.

El trágico suceso ha reavivado el debate. Hay quienes reclaman "un puesto de vigilancia y seguridad permanente", teniendo en cuenta el elevado número de deportistas que hacen uso del arenal durante todo el año. "Tenemos una playa que es un atractivo para los turistas, pero no tenemos cobertura. No es culpa de Cruz Roja, sino de presupuesto", señalaba un comerciante. "El problema es que para cuando se monta un dispositivo, por mucho que corras, va a tardar al menos 20 minutos. Y una persona durante ese tiempo boca abajo, se ahoga".

LAS TRÁGICAS VACACIONES DE RANDALL

Se llamaba Randall Cory Young, tenía 44 años y muchísimas ganas de disfrutar de los encantos de la ciudad. Llegó el lunes a Donostia. Se hospedó con su familia en un piso de la Avenida de la Zurriola, donde tenía previsto pasar las vacaciones junto a su mujer, sus dos hijos adolescentes y su suegra. Randall, de Miami, alquiló la tabla de paddle surf a las 14.00 horas. Debía entregarla dos horas más tarde. Falleció el martes, poco después de las 15.00 horas, en la Playa de La Zurriola.

El paddle surf que se practica en Donostia es de paseo. Es muy habitual ver a deportistas atravesar la bahía de La Concha, e incluso adentrarse en el río Urumea siempre que el mar está en calma. Hacerlo en la Zurriola un día de oleaje como el martes "es una temeridad", coinciden en señalar experimentados surfistas.

Para cuando Randall quiso darse cuenta, pedía auxilio con su remo, sorprendido por las olas de la Zurriola y sus distintas corrientes. Como acostumbran a decir quienes llevan años mirando al mar, por donde entra el agua tiene que salir, "y hay días que llegas y dices: No está para mí. Hay que saber dar media vuelta. Es una decisión personal". Vivir para contarlo.

En la zona de Monpás a las 15.00 horas, cuando ocurrieron los hechos, no había nadie surfeando, lo cual es muy revelador para cualquier deportista habitual. "Hace falta ser muy experimentado. Probablemente le cayeron varias olas, se puso nervioso e intentó salir por las rocas. Ese fue su error".

"LAS OLAS ERAN IMPRESIONANTES"

Se activaron todo tipo de recursos: bomberos, Ertzaintza, Cruz Roja, ambulancias. Un amplio dispositivo trató de recuperar el cuerpo de Randall, que se quedó a flote en la zona de las rocas. "Las olas eran impresionantes", señala un integrante del dispositivo, que vio cómo el mar empujaba el cuerpo de Randall hacia la escollera, a los pies del muro de Sagüés.

Un agente de la Ertzaintza y dos bomberos trataron de bajar desde el muro, caminando entre los bloques de roca. Las olas, que golpeaban sin clemencia, les dejaron empapados sin tener opcción de acercarse siquiera al cuerpo.

Poco después llegaron dos motos de agua de la Cruz Roja que habían salido desde la base del puerto de Donostia. Continuaban llegando series largas de siete u ocho olas, con otros tantos metros de altura. El cuerpo de Randall flotaba boca arriba. La corriente en esos momentos había alejado de la escollera al turista de Florida, que se quedó a unos 20 metros del muro.

Desde el paseo, donde muchos testigos pudieron seguir lo ocurrido, se podía seguir perfectamente la secuencia de olas. A ras de agua, resultaba imposible advertir su cadencia. "No se veía dónde estaba cuerpo. Entre la espuma y las olas no lo podían localizar. Volvió a llegar otra serie de olas, lo que obligó a las motos a salir de nuevo de la zona de riesgo", indican testigos presenciales.

Las series de olas obligaron a extremar la precaución a las motos acuáticas. En la orilla aguardaban los sanitarios, con dos ambulancias, una de ellas medicalizada. Randall estaba semiinconsciente. El turista había llegado en parada cardiorrespiratoria. Le aplicaron masaje cardíaco, trataron de reanimarle durante media hora interminable.

Los sanitarios salieron a la carrera hacia la orilla con todo el material necesario. Se le aplicaron dos bolsas de suero fisiológico para calentar su cuerpo ante los signos de hipotermia que presentaba. Randall no daba señales de vida. Su familia permanecía a unos metros del cordón policial. Su mujer, que no dejaba de llorar, explicaba que habían alquilado un piso en la Zurriola para pasar las vacaciones. Solo les quedaban tres días para regresar a Miami.

noticias de noticiasdenavarra