Pamplona. Este jueves se retiró la quizás mejor deportista navarra de la primera década del siglo. Por sus once títulos al frente de un Itxako que llegó a codearse con los mejores equipos europeos; por su presencia activa fija en defensa, ocasional en ataque en el salto a la elite de la selección femenina; y por su trayectoria deportiva modélica, con sacrificio, coraje, técnica y visión del juego.

Andrea Barnó llegó al balonmano con apenas 11 años, siguiendo la estela de su hermana Blanca. Mejor juvenil de Navarra en la campaña 1996/97, Andrea estaba en la plantilla de Itxako que debutó en Primera en la temporada 1999/2000 tras absorber al Lan Bide Etorkizuna.

Itxako, de la mano de David Neira, afrontó la temporada con el único objetivo de lograr la permanencia no se podía pedir mucho más a un equipo con una media de edad de 20 años y solo dos jugadoras con experiencia en la categoría. Pero lo que parecía imposible se hizo realidad, y el 27 de mayo de 2000, Itxako subió a División de Honor.

Para entonces, y con solo 19 años, Barnó ya era titular, y se fue consolidando como directora de juego de un Itxako en permanente crecimiento. Así fueron llegando los éxitos y más vale tarde que nunca la llamada de la selección, en la que debutó con la atípica edad de 28 años. Nadie de quienes la conocen bien duda de que Barnó seguiría en activo si Itxako no se hubiera desmoronado por gastar durante varios años el dinero que no tenía, pero eso es lo que le ha tocado vivir, y se va con el zurrón lleno de éxitos y la cabeza bien alta.