Un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas ha puesto sobre la mesa las previsiones para el año 2030 de la cantidad de agua que la inteligencia artificial necesitará para funcionar a pleno rendimiento.

Este texto ha hablado de las previsiones para el año 2030, y las cifras son contundentes. Si toda la infraestructura mundial que sostiene a la IA fuera un país, consumiría tanta electricidad como toda Francia.

Además, sus emisiones contaminantes igualarían a las del Reino Unido y ocuparía un espacio físico equivalente a Irlanda del Norte. Pero quizá el dato más llamativo es el consumo de agua: se calcula que para esa fecha, el sector necesitará una cantidad de agua dulce equivalente a la que consume toda la humanidad durante un año y medio.

Tareas de refrigeración

El motivo por el que estos sistemas necesitan tanta agua tiene que ver con la pura mecánica de los ordenadores. Los potentes procesadores que entrenan y hacen funcionar a la inteligencia artificial trabajan durante mucho rato y generan un calor extremo. Para evitar que los equipos se quemen, estas naves industriales utilizan sistemas de refrigeración masivos. El método más habitual y barato consiste en usar agua potable para absorber ese calor y luego liberarla al aire en forma de vapor.

El problema es que esta técnica extrae millones de litros diarios de las redes locales, compitiendo por un recurso vital con el consumo ciudadano y la agricultura. Esta situación genera tensiones graves, sobre todo porque muchos de estos centros están ubicados en regiones que ya sufren problemas serios de sequía.

A esto hay que sumar que el consumo se dispara por el uso masivo y diario que se hace de estas herramientas. Aunque parezca un proceso invisible, cada interacción tiene un coste físico real que los expertos ya han medido. Por ejemplo, hacer una búsqueda en internet con la ayuda de la inteligencia artificial gasta unas diez veces más energía que hacer una búsqueda tradicional.

El impacto aumenta mucho más según el tipo de archivo que se pida. Generar una sola imagen artificial gasta unas sesenta veces más electricidad que pedirle a la máquina una simple respuesta de texto.

Y si hablamos de generar vídeo en alta resolución, el coste de procesar un solo clip corto equivale al consumo de crear cientos de imágenes seguidas.