La escena no es llamativa hoy en día, sino bastante habitual, pero el desenlace ha encendido el debate. Una mujer acude a una cafetería, se pide un único café con leche y con él se pasa unas cuantas horas mientras aprovecha la mesa para trabajar con su ordenador portátil enchufándolo a la corriente y utilizando la wifi del local. Hasta ahí, nada que no suceda a diario en miles de bares. El problema llega cuando pide la cuenta.

Polémica por cobrar la luz y el wifi en una cafetería

La foto del ticket la ha incluido en un tuit la popular cuenta Soy Camarero, en la que Jesús Soriano, profesional de la hostelería, comparte todo tipo de situaciones que se viven en su sector. En la publicación se ve lo que aparece en la cuenta: un café con leche (2,20 euros), un extra de leche (1,50) y un llamativo concepto (curiosamente escrito en italiano) añadido bajo el nombre de ‘Servicio luz y wifi’, con un coste de 5 euros. Total: 8,70.

“Una mujer estuvo horas con un café con leche y conectó su ordenador a la luz más el wifi del local, al sacar la cuenta a la clienta le añadió estos costes al ticket, ¿Cómo lo veis?”, pregunta Soriano, fiel a su estilo directo, lanzando la pelota al tejado de sus seguidores. Y, como era de esperar, el debate está servido, con más de 230.000 visualizaciones del post y de 400 comentarios en apenas un día.

Clientes frente a hosteleros: el debate está servido

Por un lado, están quienes defienden al hostelero justificando el cargo que ha incluido. Argumentan que ocupar una mesa durante horas con una sola consumición perjudica la rotación del negocio, especialmente si se trata de horas punta. Recuerdan que la electricidad no es gratis y el wifi tampoco. Y más cuando se utilizan para una actividad ajena a la que se presupone en un bar.

En el otro lado se encuentran los que consideran que el suplemento es excesivo y, sobre todo, discutible si no se ha informado previamente. Muchos usuarios señalan que, si el establecimiento quiere cobrar por el uso de enchufes o por un tiempo prolongado de estancia, debería indicarlo de forma visible antes de que el cliente se siente, para evitar malentendidos y cabreos.

Más allá de quién tenga razón, lo que se vuelve a evidenciar con esta publicación es que las cafeterías ya no son solo lugares de paso, sino que para muchos se convierten en una oficina improvisada, en la que lo que menos interesa es el concepto de ‘tomar un café’, sino que sirve como excusa para poder pasar un tiempo ahí.