Con fama de derrochón, de gozar del aquí y ahora como máxima, Tadej Pogacar, el ciclista del carpe diem, mira al mercado de futuros. Gasta el esloveno en los esprints especiales que dan segundos para tener un porvenir mejor. En realidad, Pogacar está invirtiendo en el parqué bursátil de la París-Niza.

Ha acumulado 12 segundos en lo que va de carrera francesa. A seis segundos de renta por día. Pogacar es precavido. “Gané 6 segundos, es un margen pequeño, pero puede resultar significativo, nunca se sabe. Cada segundo cuenta, y además da confianza antes de la contrarreloj por equipos", dice Pogacar, que intuye lo que se le viene encima.

El esloveno se mide al poderoso Vingegaard, protegido por la trituradora del Jumbo, un equipo repleto de talento. Eso es lo que teme el Pogacar, al colectivo, al séquito de Vingegaard. La memoria, irremediablemente, le retrotrae al Tour.

Entonces, el esloveno también buscaba cada segundo que colgaba del racimo de las bonificaciones para distanciar al danés. Vingegaard esperó para dar el gran golpe. Le acompañaba el ciempiés del Jumbo, con la fuerza de un pelotón entero. La ofensiva de la guardia de corps del danés, enfatizada por Roglic y por él mismo, reventó a Pogacar camino del Granon.

A la espera de la crono por equipos

Necesita tiempo el esloveno porque calcula que en la crono por equipos de este martes, 32,2 kilómetros, en Dampierre-en-Burly, el Jumbo lamine al UAE, cuya formación, libra por libra, es inferior para un esfuerzo colectivo de esas características, donde los porteadores de Vingegaard podrán mostrar todo su caballaje que es formidable.

Consciente de la potencia de fuego del arsenal del Jumbo, repleto de forzudos, Pogacar, cazador excelso, dispara y se cobra segundos en cuanto puede. "En la crono vamos a dar el cien por ciento con la esperanza de lograr un buen resultado. En una vuelta larga, no puedes divertirte comprobando los tiempos de todos los demás equipos. Nos concentraremos para hacer nuestro trabajo, eso es todo”, desgrana el esloveno.

Pogacar gana tiempo

A Pogacar le urge la acumulación de segundos ante el tren neerlandés, que alistará en la crono a Dennis, Affini, Foss, Tratnik y Van Hooydonck, además de Kooij, y Vingegaard, que se maneja de maravilla en las cronos. Frente a ese futuro inmediato, Pogacar aventaja en una docena de segundos a Vingegaard. Esperanza para la alforja, que le sitúa segundo en la general, a dos segundos de Mads Pedersen, nuevo líder de la prueba tras resolver victorioso el esprint. Vingegaard, paciente, espera al juicio del reloj.

Confía en ello el danés, que no se alteró cuando Pogacar se lanzó a sumar más tiempo para su causa. Esprintó el esloveno contra Matthews y Van Hooydonck, compañero de Vingegaard, que pretendió interferir para arrebatar el botín al esloveno. No lo logró. Vingegaard alzó una ceja. Ese fue el momento álgido de la segunda jornada de la París-Niza antes de que comenzará la coreografía del esprint. Pedersen sometió a Kooij, por algo menos de media rueda, y a Cort Nielsen. Antes, Pogacar invirtió en el futuro.

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