Los caminos del Señor son inescrutables, pero las sendas de la Vuelta conducen, irremediablemente, a la figura de Jonas Vingegaard. Se descorchó el danés en Valdezcaray entre un manto ceniciento y húmedo, un velo de neblina y lluvia.
Coleccionó su segunda victoria besando el anillo y abriendo los brazos en cruz después de crucificar a todos sus rivales en una montaña en la que nadie esperaba el levantamiento del danés, precavido en las jornadas anteriores entre cumbres.
Eligió Vingegaard un ataque inopinado, elevado a hombros por Jorgenson, para volcar la Vuelta muy a su favor.
Brindó una victoria estupenda en tierra de viñedos el danés, que subrayó la jerarquía que se le presupone en un puerto sereno.
“Me he sentido genial y en la última subida. Luego le he pedido al equipo que acelerase, lo han hecho y lo he intentado. Ha sido un trabajo de equipo genial. Estoy muy feliz de haber podido rematar, no podría haberlo hecho sin ellos”, expuso el danés, feliz tras su victoria. Un golpe de autoridad.
En La Rioja, Vingegaard adelantó la cosecha. Un vino dulce en el paladar antes del día de descanso. Vendimió un buen racimo de segundos para su causa. Aventaja en más de medio minuto a Joao Almeida, el único que le rastreó a cierta distancia en el desenlace de Valdezcaray, donde Pidcock, acompañante de Almeida, fue segundo. El luso fue tercero. Ambos entregaron 24 segundos.
La Vuelta es un debate entre Vingegaard y Almeida. La ventaja acaricia al danés, con una renta de 38 de segundos sobre el portugués.
"No le he podido seguir en el momento que ha atacado. He ido bien en la subida, pero Vingegaard ha volado”, se sinceró el luso, descolocado cuando maniobró el danés.
Almeida, sin equipo
Almeida no pudo contar con Ayuso para la persecución porque el alicantino, que solo mira a su ombligo, se borró antes de que se iniciara la subida. Se desentendió el alicantino, que es un equipo en sí mismo.
Las piernas de Ayuso hubieran sido un formidable sherpa para Almeida, aislado, sin compañeros, cuando Vingegaard despegó de la espalda de Jorgenson, su compañero y aliado. “Me faltaron un poco mis compañeros. Al final nadie estuvo conmigo. Es lo que hay”, dejo caer Almeida.
En medio de ese juego mental, Torstein Træen soportó el castigo al límite, superado por el aguacero que provocó el danés y que arrugó a todos. El noruego concedió 1:46. Sigue en el liderato, pero su diferencia con Vingegaard es puro simbolismo.
Impresionante Markel Beloki
En el grupo del líder, desactivados para la general, a un mundo del danés, feroz, se acomodaron Ciccone, Bernal, Hindley, Kuss y Jorgenson, entre otros. Se subrayó el jovencísimo Markel Beloki, magnífica su actuación en una subida a fuego.
El gasteiztarra, debutante, estuvo en el tercer escalón. Mikel Landa, martirizado por el dolor de espalda, entregó más de seis minutos. Arde en dolor el de Murgia.
A Valdezcaray se llegaba atravesando un milagro. La puerta a otra dimensión en tierra de viñedos. Sucedió en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada.
En Nápoles es San Genaro y la sangre que cobra vida la que produce el milagro. Los milagros se adaptan sin queja ni muecas a lo que uno quiere. Cuestión de fe y de supervivencia. Nada como los milagros para adentrarse entre las leyendas, la memoria y el imaginario colectivo.
Cuentan que en Santo Domingo de la Calzada, campo base de las ascensión a Valdezcaray, entre los muchos peregrinos compostelanos que hacían parada y fonda en el pueblo para venerar las reliquias de Santo Domingo de la Calzada, llegó un matrimonio con su hijo de dieciocho años, llamado Hugonell, procedente de Xanten (Alemania).
La llegada de los exóticos viajeros agitó el corazón de la chica del mesón donde se hospedaban. La muchacha se enamoró de Hugonell, que evitó la tentación, rechazando a la joven.
Frustrada y rabiosa por la negativa, decidió vengarse. Metió una copa de plata en su equipaje y cuando los peregrinos emprendieron el camino, la chica denunció el robo al corregidor.
Las leyes castigaban con pena de muerte el delito de hurto. Detenido Hugonell, fue juzgado y, aunque inocente, fue condenado a morir en la horca.
Ejecutado, sus padres fueron a ver a su hijo ahorcado y para su asombro escucharon la voz de su hijo anunciándoles que Santo Domingo de la Calzada le había salvado la vida. Acudieron de inmediato a la casa del corregidor de la ciudad y le contaron el prodigio.
Este, incrédulo, les contestó que “su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que él se disponía a comer”. Súbitamente el gallo y la gallina saltaron del plato y se pusieron a cantar.
De ahí el dicho: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”. La Catedral conserva desde entonces un gallinero construido a mediados del siglo XV que celebra la vida.
A los fugados no les salvarían las gallinas. Ni los milagros de Santo Domingo de la Calzada. La soga del pelotón, que cada vez apretaba más, se cobró la esperanza del peregrinaje de Hessmann, Kwiatkowski, Ryan, Vermaeke y Slock, sometidos a los designios de los corregidores, implacables. Siempre hay una tormenta en el fondo.
Su destino estaba escrito en una travesía que alternó el sol, las nubes ventrudas y la lluvia en el último día de agosto, que tenía más aspecto de otoño que de verano. La fuga pereció del todo en silencio después de un esfuerzo conmovedor.
El Lidl no tenía compasión porque pensaba en Ciccone, en que mostrara su cresta de gallo de pelea en Valdezcaray, el pináculo que ornamentaba el realce final del primer bloque de la Vuelta.
Vuelta a España
Novena etapa
1. Jonas Vingegaard (Visma) 4h32:10
2. Tom Pidcock (Q 36.5) a 24’’
3. Joao Almeida (UAE) m.t.
4. Felix Gall (Dectahlon) a 1:02
5. Raúl García Pierna (Arkéa) 1:46
6. Marc Soler (UAE) m.t.
7. Giulio Ciccone (Lidl) m.t.
8. Markel Beloki (Education First) m.t.
39. Mikel Landa (Soudal) a 6:10
115. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 17:15
General
1. Torstein Træen (Bahrain) 33h35:46
2. Jonas Vingegaard (Visma) a 37’’
3. Joao Almeida (UAE) a 1:15
4. Tom Pidcock (Q 36.5) a 1:35
5. Felix Gall (Dectahlon) a 2:14
6. Giulio Ciccone (Lidl) a 2:42
7. Lorenzo Fortunato (Astana) a 2:47
24. Mikel Landa (Soudal) a 9:23
38. Markel Beloki (Education First) a 23:53
165. Xabier M. Azparren (Q 36.5) a 1h33:39
El líder, Træen, seguía los pasos de la caravana comandada por los corceles del italiano. Xabier Mikel Azparren pasó al frente para elevar el trote pensando en el asalto de Pidcock, otro ciclista con muelles y ambición para elevarse en la cima riojana.
Vingegaard observaba con calma esos pellizcos de intensidad a las puertas de Valdezcaray, el puerto para los esprinters de la montaña.
Dimisión de Ayuso
La jornada no dejaba de ser una ejercicio de aceleración antes de la exaltación, una lanzadera para los cohetes. Un sacrificio para Santa Bárbara, patrona de los mineros y los artilleros. Los dinamiteros cargaron la pólvora.
La de Ayuso estaba mojada. Otro apagón. Sin mecha en un puerto festoneado por la foresta, la carretera estrecha, la lluvia tamborileando con sus dedos mojados sobre los cascos.
Vingegaard se anudó a Ciccone, que era un cartel publicitario que anunciaba la ignición. Sorprendió el danés, que elevó el mentón arengado por una disparo de Jorgenson. Estalló el danés. Fuego y dinamita. Atacó con furia.
El italiano respondió antes de claudicar, ahogado, asfixiado por el juego de piernas del danés. Almeida, de natural diésel, encajó el golpe con la tenacidad de siempre. Resistente, el luso mantuvo la tensión en un pulso magnífico. Estupendo el debate entre ambos en la lluvia.
Esprintando Vingegaard y desgañitándose Almeida, con Pidcock y Gall en la mochila. Se desprendió el austriaco. Træen estaba anclado en el pasado. Enrojecido. Sofocado. Laminado. Peleando con orgullo.
Gran subida de Markel Beloki
Markel Beloki estuvo entre los destacados en la ascensión final a Valdezcaray. Fue octavo en la cumbre riojana en la Vuelta de su debut. “La subida me venía bien y con buenos porcentajes para mí. Aunque ha empezado muy agresiva la subida me sentía bien. He cogido mi ritmo y he podido aguantar”, dijo el gasteiztarra, el corredor más joven presente en la Vuelta con 20 años recién cumplidos el pasado 27 de julio. Incluso intentó lanzar un ataque en el grupo. “Tenía que aguantar y aguantar, no tenía nada que perder. El objetivo era aprender y si reventaba eso que me llevaba aprendido”, concluyó Markel Beloki, el mejor de los vascos en Valdezcaray.
Defendió cada pulgada con honor en medio de la tempestad. A medida que el puerto crecía, Vingegaard dejó de mirar atrás.
Liberado, no veía a Almeida, que era una cuestión de segundos. No de vista. Desparecidos los rivales del danés como lágrimas en la lluvia. Vingegaard desata la tormenta.