Urko Berrade rueda libre en Cerdeña
El navarro completa una notable actuación y es tercero en la jornada inaugural de la carrera italiana
Fabrizio de André, poeta, músico y escritor, fue un icono musical en Italia. Un artista muy amado. Sobre todo por el pueblo. De André era Italia. La tragedia y la belleza. A su funeral, en 1999, asistieron 10.000 personas.
Escribió el genovés sobre los perdedores, los débiles, los rebeldes o las prostitutas. También por los amores rotos que quedan suspendidos como volutas de humo en el aire viciado del recuerdo. En sus canciones se elevaban las personas que sobreviven en los márgenes de la sociedad. A ellos les cantó y honró.
La escritura poética de De André estuvo influida por Georges Brassens y por las figuras de Leonard Cohen y Bob Dylan, dos gigantes de la canción, dos personajes sin los que no se puede entender la música ni explicar los sentimientos. De André perteneció a la estirpe de los genios que se adentran melancólicos hasta el alma.
En la convulsa Italia de la década de los setenta del pasado siglo, donde la violencia y las bombas eran parte de lo cotidiano, los secuestros motivados por motivos económicos eran frecuentes.
Fabrizio de André y su mujer, Dori Ghezzi, fueron victimas de un secuestro en su hogar de Cerdeña. Los captores llevaron a la paraje a un monte. Permanecieron en cautividad en un pequeña cueva entre agosto de 1979 y diciembre de ese mismo año.
El paraje en el que estuvieron secuestrados se llama Hotel Supramonte. De aquella experiencia vital, lejos del dramatismo, desde una visión serena, nació una canción que llamo Hotel Supramonte.
La canción comienza así: "Y si vas al Hotel Supramonte y miras al cielo, verás a una mujer en llamas y a un hombre solo". El poeta y cantautor, conocido como Faber por su gusto por los lápices Faber Castell, continuó escribiendo y cantando después del cautiverio, al fin liberado.
En Cerdeña, en su giro, hubo montañas, pero no Hotel Supramonte, aunque sí los paisajes, que siempre quedan, que permanecen. Los recorrió con celeridad Urko Berrade, tercero en la jornada inaugural de la carrera italiana, que visitaba el Kern Pharma por vez primera. Allí estuvo antes Faber, que era la cartografía de Italia, su piel, corazón y entrañas.
En la isla, el ciclista navarro cantó su historia, la de la búsqueda de la victoria entre las carreteras gastadas al sol. La ascensión a Vilanova Monteleone agitó la carrera, con Berrade, Ibon Ruiz y Unai Iribar transitando en el mismo fotograma.
Entonces, en los repechos que perfilaban el final, se encrespó Berrade con ambición. Desatado. Se conformó un grupo camino de Bosa con el navarro y tres italianos: Garibbò, Zanna y Garofoli. El cuarteto tomó una renta cercana al minuto que les situó en el duelo por el laurel.
Los cuatro se vieron las caras en el esprint por el triunfo. En esa danza frenética, Berrade no pudo con Garibbò y Zanna, pero corrió libre por los parajes que recuerdan a Fabrizio de André y su poesía y canciones sobre los perdedores.
