los ángeles (eeuu). Tony Curtis, uno de los grandes de la época dorada de Hollywood, falleció ayer a los 85 años víctima de un paro cardíaco, según confirmaron fuentes forenses a la prensa especializada.

Curtis murió en la madrugada del jueves en Las Vegas (Nevada), donde tenía su residencia. Desde mediados de julio se encontraba muy delicado de salud. En esas fechas fue hospitalizado durante varios días en un hospital de esta ciudad debido a problemas respiratorios.

La oficina del Forense del Condado de Clark, en Nevada, confirmó ayer que la causa de la muerte ha sido un fallo cardíaco. De momento se desconocen los detalles sobre el funeral. El actor padecía una enfermedad pulmonar crónica desde 2006, cuando contrajo una neumonía que estuvo a punto de costarle la vida en diciembre de ese año y que incluso lo tuvo en coma durante varios días. Fue su hija Jamie Lee-Curtis, también actriz, quien anunció ayer la muerte de su padre.

Biografía Curtis, cuyo nombre real era Bernard Schwartz, nació el 3 de junio de 1925 en el Bronx (Nueva York) en el seno de una familia de judíos húngaros. Al término de la Segunda Guerra Mundial, donde desde 1943 sirvió en un submarino de la Armada estadounidense, el actor se empezó a dedicar a la interpretación, primero en el teatro y posteriormente, gracias a un cazatalentos, en el cine, a las órdenes de la productora Universal Pictures. En 1948 debutó en un brevísimo papel en El abrazo de la muerte y en 1949 decidió adoptar el nombre artístico de Tony Curtis.

El actor se casó seis veces, entre otras con la actriz Janet Leigh, con la que convivió once años antes de divorciarse en 1962. Posteriormente, Curtis reconoció que se había casado con Leigh por publicidad. Una de sus hijas en común es Jamie Lee-Curtis, quien ha seguido la senda de sus padres con notable éxito. Su última esposa fue Jill Vandenberg Curtis, 46 años menor que él y con quien estaba casado desde 1998. A lo largo de su vida, Curtis fue un consumado mujeriego y entre sus novias figuraron las actrices Marilyn Monroe y Natalie Wood.

Profesionalmente, Tony Curtis siempre intentó trabajar en varios géneros, entre el drama y la comedia, para evitar ser encasillado. Favorecido por su físico, sus ojos azules verdosos y su tupé negro, sus interpretaciones se caracterizaban por sus notables recursos dramáticos, por su sentido del humor y por su delicadeza. No obstante, buena parte de su carrera estuvo plagada de películas de poca calidad y condicionada por sus problemas con la cocaína y el alcohol que le minaron la salud de forma considerable hasta el final de sus días.

Actor prolífico Desde 1949 trabajó en más de 140 películas, entre las que destaca Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot), de Billy Wilder, 1959, junto a Marilyn Monroe y Jack Lemmon). En esta película, una de las comedias más celebradas de todos los tiempos, Curtis interpretó a Joe, un músico que tuvo la mala suerte de ser testigo de un asesinato y que, al igual que su compañero Jerry, se disfrazó de mujer -con el nombre de Josephine- para huir de la mafia. También destacaron en su repertorio Chantaje en Broadway (A. Mackendrick, 1957, con Burt Lancaster), Espartaco (de Stanley Kubrick, 1960, con Kirk Douglas) y Fugitivos (1958). Por esta última cinta, en la que compartió protagonismo con Sidney Poitier, fue nominado al Oscar al mejor actor en 1959.

Tony Curtis se despidió de la interpretación en 2005 con una colaboración en la serie televisiva CSI y en los últimos años de su vida cultivó una de sus grandes aficiones, la pintura. En 2008 expuso una colección de 35 cuadros en los grandes almacenes londinenses de Harrod"s.

El actor siempre mostró su amor por el cine. "El cine me sigue gustando, porque es mi vida. Estoy hecho de celuloide", afirmó al recibir hace diez años un premio a su carrera en el Festival Internacional de Sitges.