Cuando Carlota O’Neill (Madrid, 1905) conoció a Virgilio Leret (Pamplona, 1902) en uno de esos cenáculos madrileños donde se reunían intelectuales y hombres y mujeres con alta proyección social durante la República, ya era una autora conocida por su solvencia como literata. Culta, feminista, independiente, idealista, ecologista, abolicionista, cosmopolita, políglota y moderna, fue una ciudadana ejemplar de la Segunda República. Estudió Filosofía y Letras y Música. Publicó su primera novela con 19 años en la editorial de los padres de Federica Montseny. Fue de las primeras mujeres ateneístas. Ejerció como reportera y realizó la que sería, muy probablemente, última entrevista a Santiago Ramón y Cajal. Escribió de todo y sobre todo: poesía, teatro, novelas, folletos, artículos, gastronomía, moda, historia… Pero, por lo que debemos recordarla, sin duda, es por varios hitos en su carrera muy ligados a circunstancias personales.
Su primer gran logro fue mantener sobre la cartelera madrileña en los años 30, durante más de cuatro años, la obra de teatro de su autoría Al rojo, que trataba sobre la abolición de la prostitución, siendo una pionera dentro de la literatura feminista y dentro del llamado teatro proletario al estilo de Bertolt Brecht. Esta misma obra se volvió a representar en Lyon el 6 de abril del 2023. ¿Cuándo se representará en Navarra?
Carlota O’Neill, navarra por conquistas, fue también la primera cronista de la Guerra Civil, ya que estaba junto a su marido, el comandante Leret, en el Atalayón de Melilla, base de aviación que fue atacada el día 17 de julio por parte de los golpistas. Se despidió de su esposo, que era, además, inventor, ingeniero civil y también escritor, y en la madrugada del 17 al 18 de julio sería fusilado junto a dos de sus alféreces, tras haber defendido la base de Hidroaviones con todas sus fuerzas y gran heroísmo.
Carlota relató en once folios con una maestría precisa y extraordinaria todo lo que allí estaba aconteciendo. Por ello fue apresada, separada de sus hijas y encarcelada en el fuerte de Victoria Grande en Melilla. Allí mal vivió, enfermó y vio morir asesinadas a muchas compañeras, entre ellas, Carmen Gómez, legendaria líder de las juventudes socialistas en aquellas tierras. Tardó en conocer el fusilamiento de su esposo y el paradero de sus hijas y consiguió sobrevivir en prisión porque una paisana le proporcionó algo de papel y tinta. Fue víctima de la Causa 749/36, de un Consejo de Guerra el 18 de marzo de 1939 y de un nuevo expediente, el 4017 del 12 de julio de 1939 por “injurias al ejército”, cuando protestó porque se llevaban a sus hijas a un orfanato de la península. En todos estos procesos se ensañaron con ella por su condición de escritora feminista y por tener ideas extremas, esto último lo argumentaron basándose en rumores y en ninguna prueba.
La escritura le salvó la vida a Carlota O’Neill. En la investigación que realicé durante el año 2023 pude demostrar, y publicar a posteriori en la editorial alemana Peter Lang, que fue la única escritora española que consiguió terminar un poemario en la cárcel durante los años de guerra. Si comparamos su figura con otras escritoras centroeuropeas que vivieron circunstancias de encierro parecidas a las de ella, tal es el caso de Ilse Weber, nos encontramos que Carlota O’Neill resultó ser la única superviviente que logró hacer versos sobre el horror de las cárceles y los campos de concentración y sobrevivir a todo ello. Romanza de las rejas, su poemario escrito desde el presidio de Victoria Grande debería ser lectura obligatoria en bachillerato y estar en todas las bibliotecas de Navarra. Podemos comparar, sin temor a equivocarnos por la similitud en la temática, esa obra suya con In deinen Mauern wont das Leid de Ilse Weber, que fue asesinada en las cámaras de gas de Auschwitz en el 44.
Cuando salió de la cárcel, primero salvó los planos del invento aeronáutico de Virgilio Leret, que habían estado custodiados bajo unas baldosas en el piso de una humilde familia melillense. Después acudió a la mujer que había sido su principal maestra y fuente de inspiración, su madre, Regina del Lamo, quien fuera cooperativista, sindicalista, pianista, periodista y colaboradora de Lluís Companys.
Carlota perteneció a una familia de la burguesía ilustrada con figuras insignes de toda índole. Su padre, Enrique O’Neill, diplomático y foniatra, dedicó parte de sus estudios al tenor navarro Julián Gayarre; su tía política, Rosario de Acuña, una de las dramaturgas españolas más importantes del siglo XIX; su tío, Carlos del Lamo, insigne abogado y librepensador; su cuñado, César Falcón, escritor, político, periodista y editor.
El rescate de sus hijas no fue tarea fácil, lo relataría su sobrina, Lidia Falcón, en una entrevista que me concedió el 2 de mayo del 2023, donde describe con todo detalle el hambre y la desdicha en la cara de sus primas, las dos hijas de Carlota, cuando fueron a visitarlas por primera vez al orfanato de Aranjuez. Asimismo, consiguió que los planos del invento de su esposo llegasen al consulado británico y no cayeran en manos de Franco, lo cual fue vital para los aliados. En estos momentos, la ciudadanía de Navarra sigue esperando que el aeropuerto de Noáin lleve el nombre de Virgilio Leret y haya una réplica de su invento expuesta en alguna de sus galerías. ¿Sucederá eso por fin?
Carlota O’Neill, incluso estando en Barcelona mientras trabajaba en toda suerte de oficios, todos relacionados con la escritura (“Yo solo sé escribir” era una de sus frases favoritas), permaneció bajo “libertad vigilada” junto a sus hijas y su sobrina. En 1949, tras haber escrito infinidad de obras bajo el seudónimo Laura de Noves, en honor a Petrarca, al ver que la situación en Europa no iba a permitir el derrocamiento de Franco, se embarcó en el petrolero Bailén, capitaneado por el marino vasco Ildefonso Gastañaga, rumbo a Venezuela. Sabemos que no tenía los documentos para embarcar en regla, ni ella ni sus hijas, y sabemos que arribó a Venezuela por Paraguaná. Consiguió trabajar en la radio gracias a, entre otros, el escritor cubano Alejo Carpentier, que también alentó en La Habana la vena literaria de la navarra María Luisa Elío.
Tiempo de mareas, la obra de teatro que me han premiado, es un alegato a favor del diálogo, de la memoria y del coraje. Ahí trato de imaginar cómo fue la conversación que mantuvieron Carlota O’Neill y el capitán Gastañaga tras la confesión de esta por ser una pasajera sinpapeles junto a sus hijas. Sueño con que algún día se estrene en Pamplona, ya que otras obras mías, como Andrómeda Encadenada se escenificaron en Alemania y Barcelona, pero aún no en la capital de Vasconia.
Carlota O’Neill logró toda una carrera literaria en Venezuela y México, donde consiguió publicar su principal obra memorialística: Una mujer en la guerra, que comprende Una mexicana en la guerra de España (1964), Los muertos también hablan (1971) y Romanza de las rejas (1964). En España se publicaría en el año 2003. Ella murió en el año 2000 y sus cenizas están esparcidas en las faldas del volcán Popocatépetl. Esta navarra de adopción, que era todo coraje, descansa sobre un volcán. No se me ocurre mejor sitio para alguien que hizo suya la frase de Faulkner: “If happy I can be, I will; if suffer I must, I can”.
Fátima Frutos investigó la obra memorialística de Carlota O’Neill durante los años 2022 y 2023, desplazándose a Melilla, Madrid, Friburgo, Burdeos y Málaga, por sus propios medios, en busca del legado de esta autora y haciéndose eco de su obra. Los resultados de su investigación aparecen en la obra Identidades femeninas y construcción psicosocial de lo femenino en la narrativa de la II Guerra Mundial de la editorial alemana Peter Lang y la Universidad de Salamanca.