Agricultura ecológica en plena Ribera, una tienda con gasolinera y cafetería en el Pirineo o una explotación de ovino de leche ligada a la investigación universitaria. Detrás de los 930 millones de euros movilizados en Navarra durante la última década a través del Programa de Desarrollo Rural (PDR) europeo hay historias personales de agricultores, ganaderos y emprendedores rurales que han apostado por seguir viviendo y trabajando en sus pueblos.
Koldo Landa Arcelus, Arantzazu Aldanondo Otamendi e Irache Echeverría Garín representan tres modelos distintos de desarrollo rural, aunque todos comparten una misma idea: sin apoyo público y sin oportunidades, el futuro de muchos territorios quedaría en riesgo.
Un supermercado para Aribe
En el valle de Aezkoa, Koldo Landa ha construido casi una pequeña red de servicios rurales en torno a Orbaizeta y Aribe. Tiene una casa rural junto a su mujer y gestiona además un Carrefour Express con cafetería, una gasolinera y una pequeña ferretería. “Tengo demasiadas cosas y encima tres hijos”, bromea.
Siempre quiso vivir en el pueblo. Estudió Soldadura y Calderería en Pamplona, pero en cuanto tuvo carnet de conducir regresó al valle. “Era lo que quería desde siempre”, asegura. La oportunidad llegó primero con una pequeña gasolinera y después con el impulso de Nasuvinsa y las denominadas naves nido impulsadas en Aribe. Gracias al apoyo económico y a fórmulas de alquiler flexibles, pudo ampliar el proyecto hasta convertirlo en el principal punto de servicios de la zona.
“Abrimos la tienda en 2021, en plena pandemia. Y la covid, aunque afectó mucho al turismo rural y a la gasolinera, trajo también gente al pueblo y la tienda empezó muy bien”, recuerda.
Hoy abastece a vecinos de los nueve pueblos del valle. “La gente dice que es maravilloso poder hacer una compra grande sin tener que bajar a Pamplona”, explica. En total, calcula que en la zona viven entre 600 y 700 personas censadas, aunque la población aumenta mucho en verano.
Además de la tienda física, mantiene reparto a domicilio por los pueblos cercanos. Antes lo hacía con un camión-tienda; ahora recibe pedidos por WhatsApp. “Intento vender todos los productos de la zona que puedo. Carrefour no me pone ningún problema”, afirma. Su objetivo, insiste, era sencillo: poder vivir en el pueblo y adaptarse a las oportunidades existentes.
Agro ecológico en la Ribera
A las puertas de las Bardenas Reales, en Tudela, Arantzazu Aldanondo trabaja junto a su hermana Blanca y su marido César del Álamo en la explotación familiar Corraliza Valdecruz. Son ya la segunda generación al frente de una finca dedicada al cultivo extensivo de cereal y pionera en agricultura ecológica en la Ribera.
“Queríamos darle un impulso diferente a la agricultura convencional”, explica. En una zona marcada por la escasez de lluvia y la dificultad para competir con otras áreas más productivas de Navarra, optaron hace casi treinta años por cambiar el modelo productivo.
“La agricultura ecológica no usa ni abonos ni herbicidas. Lo que hacemos son rotaciones de cultivo y barbechos semillados, por ejemplo con leguminosas, que aportan nitrógeno a la tierra y son nuestro abono”, relata.
La explotación combina agricultura ecológica con medidas de conservación de hábitats agrarios esteparios, un modelo que, asegura, les ha permitido reducir erosión, minimizar labores y mejorar la salud del terreno.
“No contemplamos nuestra finca como parcelas que hay que explotar. Tenemos cultivos, pastos, ganado, zonas forestadas, balsas... Cuidamos el ecosistema completo”, resume.
En su explotación dejan franjas sin cultivar para alimentar aves esteparias y trabajan con el mínimo laboreo posible. “Nuestro interés es dejarle a nuestras hijas una finca con valores. Queremos cuidar nuestro territorio y dejarlo igual o mejor de como nos lo encontramos”.
Reconoce que el camino no ha sido sencillo. “Hemos tenido muchos problemas, sobre todo para encontrar canales estables de comercialización”. Pero también reivindica la importancia de las ayudas europeas. “Las ayudas nos han ayudado mucho y merecen la pena”.
Entre las ovejas y la universidad
En Legaria, Irache Echeverría comparte la gestión de una explotación de más de 500 ovejas junto a su hermano, mientras mantiene su actividad docente e investigadora en la Universidad Pública de Navarra (UPNA).
Su historia mezcla tradición familiar, ciencia y relevo generacional. “Mis padres empezaron desde cero justo cuando yo nací. Dejaron un trabajo fijo y decidieron emprender con tres hijos pequeños”, recuerda.
Ella se incorporó oficialmente a la explotación en 2021, cuando sus padres se jubilaron y la familia tuvo que decidir si continuar o cerrar el negocio.
Pero su trayectoria podría haber sido muy distinta. Ingeniera agrónoma y doctora en Biotecnología, terminó la tesis doctoral con una oferta del CSIC sobre la mesa.
“Tenía que decidir: o el contrato del CSIC o la granja”, explica. Finalmente, optó por compatibilizar ambas cosas gracias a un contrato flexible que le permitió seguir ligada a la investigación.
Actualmente, da clases en producción animal y participa en proyectos centrados en sanidad ovina, incluido el desarrollo de una vacuna para una enfermedad habitual en el ganado. “Todo lo que he aprendido en gestión, producción animal e investigación lo utilizo en el día a día de la granja”, señala.
Su rutina mezcla clases, gestión ganadera, teletrabajo y conciliación familiar. “Cada día es diferente. Puedo estar en la granja, luego dando clase en Pamplona y por la tarde corrigiendo trabajos”.
Aun así, asegura que no se arrepiente de la decisión. “El trabajo en el campo me da mucho. Haces lo que te gusta y ves que las decisiones que tomas tienen una repercusión directa. Cuando fallas duele, pero cuando aciertas sientes mucho orgullo”.