VITORIA. "No es el objeto lo que importa, sino la percepción que tenemos de él". En su película Copia certificada, Abbas Kiarostami establece un reflexivo juego entre la semilla original y los efectos -o no- de la reproducción sobre la realidad, un tema ya tratado en Fraude, de Welles, o El sol del membrillo, de Erice. No hay nada de esto en Tiempo y urgencia (Guernica), la muestra con la que José Ramón Amondarain busca precisamente lo contrario, bucear en el proceso de creación del Guernica de Picasso. Hasta ocho pasos del icono pictórico del siglo XX desvelan, desde las fotografías tomadas por Dora Maar, cómo creció el lienzo en su febril proceso de arte necesario e instantáneo, ese que suele estar preñado de la autenticidad de las emociones.
Tiempo y urgencia no es un título surgido a conceptual capricho. El proceso temporal de la creación de los lienzos -recogido en un documental- es uno de los rasgos que marcan la muestra, exponenciado el mes de trabajo del maestro malagueño en los casi cinco del artista donostiarra. Hay coincidencias más rutinarias, como el 75 aniversario del bombardeo que se cumple este año, precisamente coincidiendo con la onomástica -26 de abril- del propio museo gasteiztarra. Pero sobre todo se palpa el tiempo que flota entre las telas, entre los dibujos que crecen, emergen y desaparecen en cada salto. El tiempo que tardó Picasso en lanzarse al blanco y acometer el traslado de la rabia y la denuncia, para ser mostradas en la Exposición Internacional de París.
Esa urgencia es innegable y, además, llega subrayada por un guiño en forma de pirueta semántica. Porque, si bailamos las letras del sustantivo Guernica, emerge inevitablemente la palabra urgencia, un anagrama que parece una arista más, un reflejo más en la poderosa ventana que sigue ofreciendo el cuadro, "una obra muy poliédrica y muy compleja, que trata de muchísimos temas", explica el director de Artium y comisario de la muestra, Daniel Castillejo.
"¿Qué pasó?". Esta es la pregunta que trata de responder la investigación metapictórica que Amondarain emprendió en una gran nave de Astigarraga, un proceso que le devolvió al mayo del 37 y le permitió meterse en la piel de un artista que siempre le ha interesado. Aunque le costó asimilar la propuesta que contenía la llamada de Castillejo. "La primera impresión fue rara, porque no sabía a que se refería, no pensé nunca que iba a pintar ocho Guernicas", recuerda, reconociendo la necesidad de "ralentizar la mirada" para acometer la recomposición de un cuadro enormemente natural en su concepción, a pesar de esos múltiples atributos, símbolos y resonancias -empezando por su rotunda composición estética- que le han otorgado su carácter universal. "Su ideología constructiva es muy lógica, no hay ruidos; ha sido un proceso de asentimiento al decapar el cuadro y poder ir advirtiendo los cambios".
De alguna manera, lo que propone la exposición -con un poso de instalación- es "meternos por primera vez dentro de ese proceso mental, que el público tenga la experiencia física, sentirnos pequeños ante este trabajo", apunta Castillejo, que también matiza la diferencia de diez centímetros que media entre las dimensiones del Picasso del Reina Sofía y los Amondarain de Artium, manteniendo una misma sensación física pero evitando que se pueda entender que existe una intencionalidad de falsificación, réplica o reproducción.
"No queremos hacer un juego de diferencias, sino que el público se vaya metiendo en la obra", explica el director del centro, que además del recorrido cronológico -del primer abocetamiento al carboncillo a su representación final- propone la opción inversa, "ir desandando el Guernica y quitándole capas", un análisis en el que se puede ver cómo los elementos nacen, se ocultan e incluso se entierran -o descubren, en función de la dirección-, explicando las emociones y afanes creativos que guiaron los trazos de pincel y collage en la rue des Grands Augustins de París, presente en Artium en la colección de guaches -no son instantáneas, aunque lo parezcan- que dibujan los disparos de Maar.
más 'guernicas' Con ocho no basta. Los guaches y diversos dibujos completan in situ una muestra que se prolonga en numerosas actividades. La primera, una conversación entre Amondarain y Castillejo que precedió a la inauguración del pasado 30 de marzo, donde estuvo presente Carlos Saura. El director prepara 33 días, cinta sobre este mismo proceso, con Gwyneth Paltrow como Dora Maar y Antonio Banderas como el pintor. Amondarain ve más parecido entre Picasso y Bruce Willis -¿lo imaginan?-, y así lo refleja en un boceto.
La conferencia Ascensión y caída del Guernica, de Valentín Roma; el estreno del documental Urgencia, de Beatriz Amondarain, y la charla El Guernica existe. Yo lo he visto, de Fernando Castro (26 de abril); el coloquio de María Dolores Jiménez e Isabel Sierra, De París a Nueva York (15 de mayo); así como las muestras Tiempo de urgencias -arte- y El Guernica. Historia, memoria e interpretaciones -bibliografía- completan la paleta. "El original es una reproducción de la belleza de la chica en el cuadro. Ella es el verdadero original", escribió Kaurismaki. Gernika fue la cruda realidad. Picasso lo sabía. Su eco sigue resonando.