Una pintura y un aguafuerte de Francisco de Goya conviven en el Museo de Navarra
son el 'retrato del marqués de san adrián' y 'el sueño de la razón produce monstruos'La muestra forma parte del proyecto itinerante 'Biblioteca Nacional de España. Otras miradas'
pamplona. La exposición se enmarca dentro del proyecto Biblioteca Nacional de España: otras miradas, que la Biblioteca Nacional, con sede en Madrid, ha organizado para conmemorar el tercer centenario de su fundación. Con este pretexto, la institución ha salido al encuentro de museos nacionales y autonómicos para prestar obra de su propiedad y propiciar exposiciones conjuntas en distintas comunidades españolas.
Con motivo de la exhibición de estas dos piezas, se organizó ayer una concurrida visita institucional, en la que participaron la directora general de Cultura del Gobierno de Navarra, Ana Zabalegui; Miguel Miranda, director cultural de la Biblioteca Nacional de España; Ignacio Ollero, director de Relaciones Institucionales de Acción Cultural Española; Mercedes Jover, directora del Museo de Navarra, y Carmen Valdés, jefa de la Sección de Museos del Ejecutivo foral.
LAS PIEZAS
El aguafuerte El sueño de la razón produce monstruos es un grabado de la serie Los Caprichos. Se trata del más famoso grabado de Goya y una de las obras más emblemáticas de la historia del grabado occidental. En principio, Goya tenía previsto que fuera la portada de sus grabados. Aquí se retrató de forma muy diferente a cómo finalmente decidió presentarse en el inicio de los Caprichos: abstraído, medio dormido y rodeado de sus obsesiones. Un búho le alcanza los útiles de dibujar, señalando claramente la procedencia de sus invenciones.
Por otra parte, el Retrato del Marqués de San Adrián fue realizado por Francisco de Goya en 1804 y es propiedad del Museo de Navarra. Se trata del retrato del séptimo marqués de San Adrián, José María de Magallón y Armendáriz, uno de los más logrados del artista, cuya composición se inspira en los retratos británicos. Es una obra de gran delicadeza y elegancia, armonía de colorido y naturalidad, propia de sus años de madurez. En esta obra, aplica directamente la pincelada de color, consiguiendo volúmenes, luces y texturas. Se trata de un retrato aristocrático con tintes románticos y profunda captación psicológica. El marqués posa en una actitud de aparente naturalidad y descuidada elegancia, vestido con traje de montar y un libro en la mano.
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