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El dualismo de la vida, concepto que impregna el surrealismo psicodélico de Joaquín Lecumberri

El pintor presenta ‘Transición’ en la Buhardilla de la Sala de Armas, y desarrolla “ideas trascendentales” en 40 obras

pamplona - La ambigüedad. Las luces y las sombras. La cara y la cruz. El ying y el yang. Distintas formas de llamar a una realidad (el dualismo de la vida) y concepto en el que se basa el pintor Joaquín Lecumberri para llevar a cabo sus obras, 40 de las cuales se pueden visitar en la Buhardilla de la Sala de Armas hasta el próximo 23 de agosto. Transición reúne piezas de formato medio que muestran la evolución del artista a lo largo de sus más de 20 años de trayectoria. “Es una evolución en los colores, no en las formas”, apuntó ayer Lecumberri. Así, de las primeras propuestas, en las que prima “el surrealismo daliniano”, pasa a proyectos en blanco y negro en los que Lecumberri reflejó “los grandes hitos de la humanidad”, hasta llegar a las últimas piezas del creador, en las que predomina un fondo negro con un contraste cromático de intenso colorido encima, y al que define como “surrealismo psicodélico”.

“Creo que viendo mis últimas obras, estoy a punto de arrancar hacia algo muy original”, aseguró el pintor, que relató que terminó en el mundo artístico “por casualidad, tras una crisis personal”. “Como hacemos todos cuando nos encontramos en una situación de crisis personal, analicé mi lado bueno, creador, y mi lado oscuro, que todos tenemos. Y esta dualidad siempre me ha acompañado, está presente en mis obras, y en todo lo que vemos”, señaló Lecumberri, que añadió que siempre le han acompañado las “ideas trascendentales” que pretende reflejar en sus cuadros. “Esa idea de fondo que impregna mis obras... nací con ella. Desde pequeño siempre he mirado las nubes y me he preguntado de dónde vengo o a dónde voy. Me ha gustado siempre estudiar el origen de las cosas, desde la filosofía, desde la historia de las religiones... Y con mis piezas busco reflejar esas preguntas trascendentales sobre el origen y destino de la vida”, explicó.

Sobre la técnica que utiliza, el autor explicó que se apoya en acrílicos, rotuladores, óleo y tizas, con las que pinta y dibuja sobre madera y, aunque ya ha realizado varias exposiciones en Pamplona, Zizur Mayor, Logroño, Zaragoza, Tafalla, Sitges, Estella-Lizarra, Aoiz y Barañáin, es la primera vez que Lecumberri presenta una muestra individual en la Ciudadela de la capital navarra (sí que participó en la exposición colectiva organizada por Oberena con motivo de su 75º aniversario en el mes de junio). “Viendo la exposición no voy a elegir mi cuadro favorito, aunque tengo seis o siete que son los que más me gustan, e incluso alguno que no y que lo pongo castigado contra la pared”, comentó.

sus reflexiones “Decir que mi pintura es una forma de expresión, aún siendo verdad, es un tópico aplicable a cada uno de nuestros sentidos y habilidades. Pintar es descubrir mi alma y descubrirme a mí mismo. La capacidad creativa no suele ir incorporada, al menos en su totalidad, en los genes, ni crece con nosotros forzándola a nacer. Surge a raíz de experiencias durante nuestra propia vida. Los goces, alegrías y en las más de las ocasiones, las penas, nos llevan a preguntarnos quiénes somos y hacen que la creatividad brote”, opina Lecumberri, que cree que ya explicó que su proceso artístico surgió a raíz de una crisis personal, y que ha ido evolucionando “desde el color y la luz hasta la oscuridad”. “Ahora estoy en medio. Pinto lo que soy, luces y sombras psicodélicas, mezclas de colores que definen mi Ser. Un lado oscuro, mi luz, En conjunto lo llamo como a mi vida misma: transición”, resume.

A la hora de referirse al público que quiera acudir a ver su exposición, el artista invita al espectador y recomienda que “pierda el miedo, descubra el lado oscuro que sabe que existe en él, que descorra el velo de Isis”. “Te llevarás una sorpresa. Comprobarás que detrás de todo lo aparente existe una Unidad. Y es esta Unidad lo que añoramos, lo que perseguimos, lo que nos hace ir de aquí para allá. Por ella nos enamoramos, lloramos, sonreímos y sí, también pintamos”, concluye. - Idoia de Carlos