Fecha: domingo, 23 de agosto. Lugar: auditorio Baluarte, Iruñea. Intérpretes: María Dolores Amaya Vega, Remedios Amaya, al cante y al baile, acompañada por Pepe de Pura, al cante; Antonio Molina ‘El Choro’, al baile; Juan Requena, a la guitarra, Paco Vega, a la percusión, y Joaquina Amaya y Manuel Amaya, jaleos y palmas. Incidencias: 2º cita del programa II Flamenco On Fire. Presentación de ‘Del corazón al aire’, nuevo espectáculo de la artista. Lleno prácticamente. Público entregado. Hora y media de duración, un bis incluido.
La Santísima Trinidad del flamenco, esto es, cante, baile y toque, unieron fuerzas desde el principio la noche del domingo sobre el escenario de la sala de Cámara del Palacio de Exposiciones y Congresos, dando lugar dicha alianza a un espectáculo completo por demás. A un show que, presidido por tan racial unión a tres bandas, lució dividido en dos partes: una primera de 40 minutos de duración, con indiscutible protagonismo para el bailaor Antonio Molina, sensacional en todo momento (para él fueron los aplausos más estruendosos de la noche), el cantaor Pepe de Pura y el guitarrista Juan Requena, y una segunda parte, de idéntica duración, erigida sobre el hacer artístico al cante y al baile de Remedios Amaya, perfectamente arropada por el elenco. Dando lugar entre todos tal y como ya hemos indicado, inmensidad e intensidad por demás a lo largo del tiempo en lo que los artistas dieron vida al escenario, a una actuación espectacular.
Presentada la velada al igual que la víspera por el compositor y director Paco Suárez, la noche arrancó de manos del rugir de la guitarra, denotando sus cuerdas autoridad propia puesta de inmediato al servicio de la voz de Pepe de Pura. De su portentoso chorro de voz, tejiendo entre los dos la alfombra sonora llamada a acoger al bailaor. Y de tan apoteósica manera, por lindes tal vez más propias de un tablado flamenco que de lo que se entiende por un concierto, arrancó la velada, con dicho trío cautivando irremisiblemente al respetable desde el principio. Con El Choro, demostrando ser un grande, incluso trazando sobre el tablado dibujos propios sin acompañamiento; obrando ante la admiración y la mirada absorta de todos, sus acompañantes incluidos, deslizándose, desplazándose a su libre y exagerado albedrío de lado a lado a golpe de tacón: de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, dando por medio de las ráfagas disparadas, a endiablada velocidad y perfectamente engarzadas con las palmas de Pepe, todo un recital acerca de cómo hacer las cosas en materia de baile. Acto seguido, la noche quedó en manos del guitarrista, quien, a la espera de ambos dos, prosiguió coloreándola vorazmente: a la espera de Pepe, por tientos, y El Choro, quien, en una suerte de más difícil todavía respecto a lo ya presenciado, tuvo a bien incluso extraer diferentes sonidos del entarimado con sus trepidantes bailes, obrando con total marcialidad como quiso, cuando quiso y cuanto quiso, llevándose nuevamente una gran ovación.
Finalmente, después de tan inesperado y grandioso preámbulo; sobre las 21.45, en un ambiente candente cual hierro presto a dejar huella, compareció la reina sobre el papel, demostrando, pese a lo altísimo que había quedado el listón, estar dispuesta a reivindicarse como tal sobre el escenario. Y tras comenzar por jaleos extremeños, capacidad innata, poderío y tronío, hemos de decir que fuera de toda duda lo consiguió, echándose a la espalda el elenco y tirando con fuerza del mismo; obrando sobre las tablas, demostrando llevar el timón como si estuviese en el patio de su casa: sintiendo las tablas, pisándolas descalza e incluso cantando prescindiendo del micrófono las más de la veces, a viva voz. Con el alma, demostrando su cara ser el vivo reflejo de aquella. De su ser, mostrándose en estado de éxtasis poco menos bajo los sones de temas como Ruleta, uno de los más celebrados por un público? Tan encandilado como maravillado a estas alturas: tanto por obra de su cante como de sus bailes, dándolo todo durante sus 45 minutos y demostrando estar poseída por el duende flamenco sin posibilidad alguna de exorcismo. Vaciándose? y llenando, saciando la avidez de un público al que, por la intensidad y los generosos desarrollos de las interpretaciones, tal vez se le hizo corta la actuación: consecuencia de lo siguiente, posiblemente, de que la noche del domingo hubiera mucho en todos los sentidos, cante, baile y toque. Y muy bueno, una jornada más.