Música

Monográfico sobre Remacha

08.02.2020 | 17:43

coral de cámara de navarra

María Lacunza, soprano. Fermín Bernetxea, piano. David Guindano, dirección. Solistas de la coral: B. Aguirre, B. Lorente, I. Casalí, J.L. Tabar. Programa monográfico de Remacha: 7 canciones vascas, el Cant dels ocells, En Belén, Déjame subir al carro, 6 canciones vascas, copla de jota, primera de tres piezas para piano, Tirana, dos cantares y un cantorcillo, nanas, Los serranos inocentes, tres tonadillas para voces blancas, epitafio, el domingo al sol, nouturnio, cuando te miré a los ojos, cantantibus organis, Elegía a J.G.L., Llanto por I.S.M. Programación: ciclo Baluarte Cámara. Lugar: sala de Cámara del Baluarte. Fecha: 30 de enero de 2019. Público: media entrada (12 euros).

Es arriesgado ofrecer un concierto monográfico sobre el maestro tudelano, no porque su música carezca de interés -todo lo contrario-; sino porque sigue siendo, para muchos, una música un tanto dura y difícil de escuchar. Pero a David Guindano le gustan los retos. Bajo el título Entre el elogio y el desencanto, se nos presenta un buen muestrario de su música de cámara, -coro, piano y soprano solista-. Muy interesante la función. Un poco vencida, claro, hacia el desencanto -epitafio, elegía, llanto, como obras cumbres-. Y no era para menos; después de una incipiente, elogiada y prometedora carrera, vino el corte de la guerra y la posguerra; solo un detalle: en una carta dirigida a Salvador Bacarisse desde Tudela en 1949, se disculpa con éste, por no haberla podido mandar antes, pues nadie se atrevía a pasarla por la frontera; finalmente la pudo mandar con un peregrino a Lourdes. (Christiane Heine, Revista de Musicología XIX 1996). Ese fue su ambiente hasta el posterior reconocimiento en Pamplona. Música un poco triste, música dura, partituras -algunas- punzantes, nacidas entre clavos? echen cuentas. Aunque también hay que señalar el sentido del humor del tudelano, por ejemplo, esa copla jota tan tapada y sosa como su letra. Del repertorio coral, lo más interesante, a mi juicio, fue la preocupación del director, por sacar de las obras la parte de las armonizaciones; que se oyeran bien esos originales choques armónicos que tejen el complejo entramado de los acompañamientos a las canciones populares, cuyos temas suenan solos. Esto se logró, sobre todo, en el villancico En Belén; en la acunadora boca cerrada de la nana, en Cuando te miré a los ojos? Muy bellas las tres obras para voces femeninas, y muy acertada la sonoridad bruckneriana lograda en el Cantántibus organis. En la parte negativa, hay que señalar que el coro -en sus dos versiones de cámara y ampliado hasta 34, un tanto de aluvión- tuvo imprecisiones de ataque y picos sobresalientes en algunas voces que afeaban el resultado de conjunto. Muy curiosa, también, la versión que hace el director de la obra cumbre, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías: consigue, desde luego, el dramatismo que impone la obra; incluso lo endurece al ofrecer la sección a modo de plegaria, después de la imponente introducción, con un gregoriano plano y sin medir, casi irreconocible; quizás, por tradición, a mi me gusta esa sección, con un gregoriano más medido, que se note más la cita del Dies Irae. Pero bueno, eso es lo interesante: las diversas lecturas.

El piano fue confiado a Fermín Bernechea, a solo y acompañando a la soprano solista. Para mí, la cumbre de su actuación fue el Epitafio, francamente impactante, con un magnífico crescendo y un oscuro y subterráneo final, que, a su vez, es pacífico. En el resto la sonoridad fue un tanto brumosa, yo creo que por la posición del piano. Acompañó bien a la cantante, tanto en las canciones vascas -con su preciosa sencillez- como en la sobrecogedora elegía a García Leoz. Y, María Lacunza captó, perfectamente, los diversos estados de ánimo de sus obras. Voz limpia, con luminosidad y muy apropiada para estos recitales. Muy bien transmitido al público el dramatismo o la melancolía de los textos. Con detalles de algunas variaciones en las repeticiones de las estrofas -matiz más piano- y con seguridad técnica siempre.

Fue un recital importante. Si no redondo en el resultado, sí en el planteamiento. Con un público atento y deseoso de seguir descubriendo a Remacha. Aplausos y dos propinas.