El terror más familiar

09.02.2020 | 20:26
El terror más familiar

novela

SOLEDAD

Autor: Carlos Bassas del Rey.

Editorial: Alrevés, 2019.

Páginas: 184

novela

MARIONETAS SIN HILOS

Autora: Tadea Lizarbe.

Editorial: Harper Collins, 2019.

Páginas: 304.

carlos Bassas, también volcado en la creación a través de escenarios como el del cine y la docencia, se dio a conocer en el de la literatura hace no demasiado tiempo, en 2012, gracias a una novela tan sugerente como Aki y el misterio de los cerezos (Toro Mítico) pero ya ha dejado huella en un escenario tan diferente al de esa historia como lo es el del thriller, a través de otras historias, como las narradas en El honor es una mortaja o Siempre pagan los mismos, esta última en manos del sello barcelonés Alrevés, que ahora presenta su última entrega genérica: Soledad. ¿Qué hay de nuevo en el arca del autor de Justo, otra de sus citas?

"La nena está muerta.

La han encontrado al detonar el día, en el parque. Llevaba puesto el vestido blanco con estampado de flores azules, aunque nunca has sabido bien si era al revés, si lo que era azul era el vestido o si las que eran blancas eran las flores.

Llevaba puestos los zapatos de tacos altos de charol que le hacían daño; le rozaban el talón pero le daba igual.

Se los regalaste por su cumpleaños".

El inicio del relato, el arranque de Soledad, puede resultar impactante pero el caso es que el desarrollo del mismo no le va a la zaga: "La nevera emite un pitido.

Romero cierra la puerta y regresa a la habitación. Su mujer sigue durmiendo.

La observa.

Romero es consciente de la infelicidad a la que la ha condenado por quererlo, por no tener la fuerza suficiente para dejarlo, para comenzar a amar a otro.

Romero susurra:

'Lo siento'.

Es verdad".

La inquietud tampoco se hace esperar en el inicio de Marionetas sin hilos:

"-¿Señora Cuevas?

-Sí

-¿Señora Ada Cuevas?

-Sí.

-Sentimos mucho comunicarle que su marido ha muerto".

Buena parte de la producción novelística actual en castellano centrada en la investigación criminal de algunos casos especialmente horribles prefiere mostrar algunas de sus cartas desde el inicio de la siniestra partida y Tadea Lizarbe (que también se ha dado a conocer como escritora hace unos pocos años gracias a obras como La ordenada vida del doctor Alarcón) se hace eco, en Marionetas sin hilos, del dolor causado por la pérdida pero no evita las consecuencias del terrible desequilibrio psicológico en el desarrollo del martirio, aspecto esencial en la investigación de Bruna Badía y su equipo: "Le estoy muy agradecida a mi tío por acogerme. Siempre he sido bienvenida en Sevilla, pero no es lo mismo acoger a una sobrina feliz que a una sobrina con problemas de salud mental que ha intentado acabar con su vida".

Otra pérdida, la del principal personaje de Soledad, resulta igualmente devastadora: "Algunos muertos no dejan nada detrás, solo tierra quemada". Son, éstos que ahora nos ocupan, dos viajes difíciles de realizar pero igualmente imprescindibles para el futuro de sus protagonistas y para el lector interesado en los orígenes del terror más real y más cercano. Del terror más familiar: "La planta de Psiquiatría. Lo primero que uno siente cuando entra en una planta de,? bueno, en cualquier espacio que tenga que ver con la salud mental, es curiosidad. El desconocimiento siempre ha teñido de colores ambiguos este tipo de enfermedades y todos queremos saber cuál es el color que más se asemeja al nuestro, qué síntomas padeceríamos en caso de caer en eso que llaman la locura".

Esto último es parte de Marionetas sin hilos, una novela alejada de la narrativa más equilibrada en beneficio de la intriga y el horror, los que genera aquello en lo que llegan a convertirse los actores de un drama, el de la violencia a la que no se ve llegar y goza, en la realidad contemporánea, de muy buena salud.

¿Hasta cuándo?