Libertad ganada a pulso

09.02.2020 | 21:55
Libertad ganada a pulso

DIARIO/DIETARIO

DIARIO DE HENDAYA. TRAS LOS PASOS DE UNAMUNO

Autor: Pedro Charro.

Editorial: Ken, 2019. Páginas: 96

género

A CIERTA EDAD (BREVIARIO PARA BALDADOS)

Autor: Miguel Sánchez-Ostiz.

Editorial: Pamiela, 2019.

Páginas: 144.

el columnista y escritor Pedro Charro, que ya publicó años atrás libros originales, como Fin de fiesta, presenta ahora Diario de Hendaya en el sello Ken, gracias al cual se puede leer textos como Pamplona in July/Pamplona en julio, otra cita con un tipo de literatura no muy diferente (firmada, además, por Ernest Hemingway), pero lo último del autor navarro es un diario en el que refleja sus vivencias e intuiciones tras un año en distintos parajes, algunos de los cuales, como la propia Hendaya, también conocieron a Miguel de Unamuno como vecino, entre 1925 y 1930. "Venir así, a Hendaya. Pasar la frontera. Pasear por su larga playa, tan distinta a una hora u otra, en uno u otro momento de la marea, con un cielo u otro, con un estado de ánimo u otro", escribe en el apartado 16 de abril de su Diario de Hendaya; en Contar la vida, más adelante, persiste: "Mediados de julio de 1925. Unamuno tiene 61 años, y piensa vivir 90, según dice, lo que no conseguirá. En Hendaya escribe sobre cómo escribir una novela, pero enseguida advierte que escribir cómo se hace una novela es hacerla".

A estas alturas, Pedro Charro probablemente ya ha conseguido captar la atención del lector, a bordo de una sólida nave narrativa, aunque la nave, cualquier nave, pueda naufragar antes o después y este es el sentido del viaje de otra cita, de nombre A cierta edad, "gavilla de notas viajeras", según su autor, Miguel Sánchez-Ostiz: "Hoy esto, mañana lo otro, y el retirarse el saludo a uno mismo para no verse obligado siquiera a decirse adiós, odioso adiós casi siempre. Desconocerse". No es que ambos autores hayan iniciado un viaje similar: pese a ser diferentes el destino y sus intereses, Charro y Sánchez-Ostiz logran plasmar en estos dos libros algunas necesidades comunes, como la de entender las consecuencias del paso del tiempo.

Diario de Hendaya es, sí, un diario ("Veo en la tele la última entrevista a Moustaki, en la que habla con emoción de su infancia en Alejandría, de su padre librero, de sus raíces judías y griegas, de la mezcla de gentes y culturas de aquel lugar") y es, igualmente, el cauce de expresión de las percepciones del autor: "Al escribir es tan importante lo que se pone como lo que se quita porque no funciona y no suena bien. No hay que cometer errores fatales. La materia de la escritura es muy equívoca". Así es como Pedro Charro se sincera, una página tras otra: "Es como si la necesidad de observar lo que hay, de ser preciso, de describirlo lo mejor posible, fuera mi único cometido, la manera de encontrar otro modo de escribir y en suma de ser"; A cierta edad es, por otro lado, un cuaderno de notas donde Sánchez-Ostiz se sale del cauce que guía al escritor del diario tradicional para perfilar "un viaje que ha ido de la vida a la vida, más por lo vivido que por lo imaginado, diciendo adiós a lo que pudo ser, porque para qué, ya lo digo".

Diario de Hendaya y A cierta edad son, en definitiva, dos travesías en busca de la libertad. De una libertad ganada a pulso camino de los recuerdos más estimados de cuantos ambos escritores han elegido para ilustrar sus originales viajes, amén de la presencia de escritores y artistas varios a través del recuerdo. ¿Una frase a recordar? Pedro Charro: "Solo tras muchas repeticiones el carpintero desbroza, el escultor golpea y el cirujano corta".