El Gobierno foral ha adoptado dos acuerdos por los que declara Bienes de Interés Cultural (BIC) de carácter mueble el sepulcro de Carlos III y Leonor de Castilla, titularidad del Cabildo de la Catedral de Pamplona / Iruña, y la caja del corazón de Carlos II y su contenido, propiedad de la parroquia de Santa María de Ujué / Uxue. La medida se justifica en la “calidad, y singularidad” de estas obras y la necesidad garantizar el máximo cuidado en su protección y conservación.

Se trata de dos piezas del gótico europeo de alto valor tanto por su ejecución material como por su significado político y artístico. La declaración de estos nuevos BIC se realiza a propuesta del Departamento de Cultura, Deporte y Turismo y cuenta con el informe favorable de la Comisión de Patrimonio Histórico del Consejo Navarro de la Cultura y las Artes, que dio su visto bueno en sesión celebrada el pasado 19 de diciembre. La medida permitirá favorecer la conservación de estos bienes y buscar la mejor opción para su difusión como valor histórico. 

Estos dos expedientes se notificaron a los interesados y se publicaron en las ediciones número 238 y 241 del Boletín Oficial de Navarra del pasado 27 de noviembre y 2 de diciembre, respectivamente. Finalizado el plazo de información pública sin alegaciones, el Gobierno foral ha aprobado en sesión de gobierno la incorporación de estas dos obras al catálogo de BIC de Navarra. 

El impulso de estas declaraciones ha coincidido con la conmemoración en 2025 del VI centenario de la muerte de Carlos III el Noble, que el Ejecutivo foral ha aprovechado para extender entre la ciudadanía el conocimiento de su trayectoria como rey del buen gobierno y promover la concienciación social sobre la importancia de conservar su legado material y simbólico, abarcando también la figura de su progenitor, Carlos II.

Sepulcro del rey Carlos III y la reina Leonor de Castilla

De acuerdo al informe realizado por el Servicio de Patrimonio Histórico para proceder al inicio de estos expedientes, el sepulcro del rey Carlos III y la reina Leonor de Castilla es uno de los ejemplos mejor conservados de la corriente gótica borgoñona. Fue labrado en dos fases, entre 1413 y 1419. El maestro Johan Lome dirigió la obra, contratado por Carlos III durante su último viaje a Francia. El equipo de escultores que tomó parte en el proyecto, de procedencia principalmente franco-flamenca, refleja la clara influencia artística del norte de Europa en la escultura navarra de principios del siglo XV. 

El sepulcro se adscribe a la tipología de cama exenta, caracterizada por su monumentalidad y su tratamiento arquitectónico integral. Está formado por un paralelepípedo de piedra arenisca, originalmente pintado de negro —hoy de verde oscuro imitando mármol—, sobre el que descansa una losa decorada con hojas. Sobre esta base se disponen las figuras de los monarcas yacentes, bajo grandes doseles, labrados en alabastro. Los epitafios se inscriben en la parte superior de estos doseles y los pies de las figuras descansan sobre animales simbólicos: un león en el caso del rey y dos canes en el de la reina.

El alabastro, enriquecido con policromía y dorado, constituye el material principal, dotando a la obra de un refinamiento técnico y visual excepcional en el contexto escultórico peninsular del momento. Las figuras yacentes representan a los soberanos en actitud orante, hieráticos y frontales. El conjunto se completa con un cortejo de 28 plorantes (figura esculpida en actitud desoladora empleada en el arte funerario) distribuidos en los costados del sarcófago, cada uno bajo su propio baldaquino. Aunque su disposición actual no corresponde al orden original, el análisis iconográfico permite distinguir dos grupos principales: eclesiásticos y laicos. 

El sepulcro de Carlos III de Navarra y Leonor de Castilla se inspira en dos modelos fundamentales del arte funerario del gótico tardío: el de Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, obra del taller de Claus Sluter, y el de Carlos V de Francia y Juana de Borbón. La elección de este referente se justifica por las estrechas relaciones dinásticas, culturales y artísticas entre Navarra y la corona francesa, así como por la formación francófona del propio Carlos III.

El sepulcro real de Pamplona se erige como una síntesis personal de las tradiciones funerarias francesas y borgoñonas, reinterpretadas con refinamiento técnico y un alto sentido simbólico. Su ejecución marca un momento culminante del gótico internacional en Navarra y confirma la relevancia de Johan Lome como uno de los escultores más destacados de su tiempo, capaz de adaptar modelos foráneos a las exigencias iconográficas y devocionales de la monarquía navarra.

“En suma, el monumento funerario del sepulcro de Carlos III de Navarra y Leonor de Castilla representa una obra maestra de la escultura gótica europea. La combinación de rigor documental, iconografía simbólica y virtuosismo técnico lo convierten en una de las manifestaciones más destacadas en su género”, indica el informe del Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra. 

Caja con el corazón de Carlos II 

Por su parte, la caja con el corazón de Carlos II declarada BIC fue mandada construir en 1406 por el rey Carlos III de Navarra al maestro Jaymet, para custodiar el corazón embalsamado de su padre.

Este monarca, fallecido en 1387, estipuló en su tercer testamento la división de sus restos conforme a la tradición dinástica de los Capetos: su cuerpo fue enterrado en la Catedral de Pamplona, sus entrañas en Roncesvalles y su corazón en el santuario de Ujué, todos ellos centros de devoción mariana. Hasta 1404, el corazón ocupó una capilla decorada ex professo por su hijo Carlos III. Ante el deterioro de la misma, el monarca decidió su traslado y encargó al pintor Jaymet una caja que recogiese el pichel de plomo que lo conservaba entonces. Ya en su nuevo envase, se habilitó una hornacina en el muro norte de la iglesia de Santa María de Ujué, donde permaneció a buen recaudo de guerras y expolios. 

En la actualidad, el conjunto consta de esta caja del siglo XV y un recipiente ovalado de vidrio que sustituyó el receptáculo de plomo original. Este envase cuenta con un cierre hermético recubierto con una badana. A ambos flancos, dos pajes sostienen uno el escudo de los Evreux y otro el de Navarra. 

La caja es una arqueta cúbica hecha con madera de roble y hierro. Está ensamblada, clavada y ricamente decorada con policromía al temple. Mide 24 x 26,4 x 28,8 centímetros. Está compuesta por seis piezas de madera de roble de 3 centímetros de grosor, ensambladas y reforzadas con clavos de forja. La base y la tapa son cuadradas, mientras que las cuatro caras laterales son octógonos irregulares que encajan entre sí. La tapa se articula mediante dos bisagras de hierro.

Exteriormente, en el frente y la trasera se representa un gran corazón rojo sobre fondo negro, enmarcado por una fina decoración vegetal en amarillo. Flanquean al corazón dos escudos de Navarra de tamaño más pequeño. En los laterales se aprecian las armas de Navarra en amarillo sobre fondo rojo. Una franja blanca recorre la parte superior con la inscripción del Salmo “Cor mundum crea in me, Deus, et spiritum rectum innova in visceribus meis”. La tapa acoge un texto que la ocupa por completo, a modo de epitafio, detallando su contenido, procedencia y cronología. Ambas inscripciones son contemporáneas a la policromía original. La base carece de decoración. Toda su superficie fue policromada sobre preparación de yeso.

“En suma, el valor histórico, artístico y simbólico y la singularidad de la ‘Caja del corazón de Carlos II de Navarra’ y su contenido, así como el hecho de que haya llegado hasta nuestros días, es testimonio vivo de la importancia que tiene para Navarra esta pieza”, concluye en su informe el Servicio de Patrimonio Histórico.

El emplazamiento habitual de ambas piezas es el altar mayor de Santa María de Ujué, en un receptáculo pensado para que el corazón pueda colocarse sobre la caja y ser admirado. En la actualidad, la obra se encuentra en la exposición conmemorativa sobre Carlos III el Noble que acoge el Archivo Real y General de Navarra desde el pasado mes de septiembre, que podrá visitarse hasta el próximo 12 de abril.