Emoji, palabra del año

La Fundación del Español Urgente opta por primera vez por un símbolo por su papel en la comunicación

30.12.2019 | 06:15
Emoji, palabra del año

Los emoticonos y emojis se han alzado con la distinción de palabra del año que concede desde hace siete años la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA.

Tras elegir escrache en el 2013, selfi en el 2014, refugiado en el 2015, populismo en el 2016, aporofobia en el 2017 y microplástico en el 2018, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por destacar el papel de estos pequeños símbolos en la comunicación.

Los emoticonos y emojis (y sus evoluciones: bitmojis, memojis, animojisâ) forman parte ya de nuestra comunicación diaria y conquistan día a día nuevos espacios más allá de las conversaciones privadas en chats y aplicaciones de mensajería en los que comenzó su uso, señala la Fundéu BBVA en un comunicado.

La aparición en los años noventa de los emoticonos, pequeños dibujos creados con signos ortográficos que a menudo se leían inclinando la cabeza :-), y su evolución ya en el siglo XXI hacia los emojis (pequeñas figuras dibujadas con valor simbólico) han supuesto un cambio evidente en el modo de comunicarnos. "Muchos de ellos tienen el valor de la universalidad, el de poder ser entendidos por personas de muy diferentes culturas y lenguas", explica el presidente de la Fundéu BBVA, Mario Tascón.

En cuestión de emojis triunfa el amor. Eso es lo que dicen en la calle jóvenes y mayores, que a diario los utilizan en las redes sociales y sobre todo para wasapear con los suyos. El corazón y el emoji con los dos corazoncitos se llevan la palma. Son los que usa constantemente Rosiel: "Para todo el mundo porque me gusta. Síííí", responde con una sonrisa pícara, mientras pasea por la madrileña Gran Vía.

Angelina, caribeña, camina también por el centro con el móvil en la mano y dice convencida que emoji es "una palabra de estos tiempos" y que la usa bastante: "Con cada cosa que mande tengo que enviar algunos de reír o alguna tontería. El de la risa con los dos lagrimones, las caritas con los corazoncitos en los ojos, el payasito...". Y no pueden faltar los globos, la botella descorchada, el confeti y la tarta de cumpleaños, algunos de los que echan mano también otras jóvenes japonesas que no dudan en indicar con el dedo a estos símbolos y al de las caritas tirando besos cuando se les pregunta cuáles son los que emojis que más les gustan. El término emoji lo conocen bien, porque esta palabra proviene del japonés, lengua en la que, según la Fundéu, promovida por la Agencia Efe y el BBVA, se pronuncia como emóyi.

Así lo dice Patricia, otra chica que los plasma muchas veces al día en su móvil para comunicarse: "Con mis amigas me cuento cosas de risa y es más fácil poner un emoji que escribir".

"Es una palabra actual, que va a durar", dice ella, que a veces prefiere expresarse con los emoticonos en lugar de con palabras, como Alison, de Bolivia, porque piensa que "es más divertido".

Claudia y Óscar, una pareja de enamorados, también los teclean a diario, sobre todo ella, aunque él los usa para "vacilar con los amigos". "Los corazones solo para ella", agrega mientras la mira. Fernando y Andrea también se inclinan por "los de risas y los del corazón", como Ana y Chuso, que ya superan los cuarenta, pero que también tienen claro que "hablar es siempre mejor". Lorena y Alejandro, aunque no llegan a los treinta, los usan muy poco, precisamente porque -sostienen- prefieren "hablar con la gente cara a cara", no a través de símbolos. "Con ella el corazón y poco más", comenta él.

Pero en algunos casos con ellos no van las "caritas". Es el caso de Pedro Sánchez. Sí, Pedro Sánchez. "El mismo. Bueno me ha tocado", es lo que responde un joven, bromeando, que anda por la calle Callao de Madrid y escribe un correo por el móvil. "Alguna vez uso el del perrito -señala-, porque para poner una sonrisa ya estoy yo, ¿no? Le mando mi foto sonriendo a mi chavala y la hace más gracia que un emoji de éstos. Y a los dos nos gustan los perritos". Cerca de él camina despacio Blanca, que puede presumir de sus 84 años y sólo descuelga el móvil para llamar o para que la llamen. "Nada más", apostilla.