El itinerario de la muerte en la Edad Media, en el Archivo de Navarra

Una exposición muestra el proceso de la defunción y sus implicaciones para las élites dirigentes de la sociedad

28.01.2020 | 06:16
Vista general de la exposición que acoge el Archivo de Navarra sobre el proceso de muerte y sus implicaciones para las élites dirigentes de la sociedad medieval.

pamplona - Como si de un itinerario de la muerte en la Edad Media se tratara, el Archivo Real y General de Navarra expone desde ayer Migravit: la muerte del príncipe en la Edad Media, una muestra cuyo objetivo es dar a conocer desde perspectivas múltiples y complementarias el proceso de la muerte y sus implicaciones para las élites dirigentes de la sociedad medieval, englobadas bajo el apelativo de príncipe. La exposición permanecerá abierta al público hasta el 3 de mayo y aúna piezas singulares y artísticas, además de paneles expositivos, entre las que se encuentran el corazón del rey Carlos II de Navarra, procedente de Santa María de Ujué, o un amplio conjunto de documentación medieval relacionada con la muerte.

Migravit: la muerte del príncipe en la Edad Media es una exposición itinerante que ya ha pasado por la Universidad Autónoma de Madrid y el Museo Arqueológico de Asturias, cuya estancia en Pamplona finaliza el ciclo de presentaciones. Es el resultado de un proyecto científico en el que participan la citada Universidad Autónoma de Madrid (UAM), la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Oviedo, y cuenta con la colaboración del Archivo Real y General de Navarra, el Museo de Navarra, la Catedral y el Arzobispado de Pamplona. Según explicó ayer Roldán Jimeno, secretario general de la Universidad Pública de Navarra, "detrás de todo este proyecto hay toda una investigación, que ha contado con un caudal humano impresionante, centrada en el comportamiento que ante la muerte han tenido las élites dirigentes de la sociedad medieval"; y Fermín Miranda, investigador principal y profesor titular de Historia Medieval en la UAM, apuntó que "la idea era plantearse hasta qué punto esa teoría de que ante la muerte todos somos iguales era cierta o no, y creo que aquí queda la demostración de que eso no es así".

El discurso expositivo se plantea como un itinerario de la muerte en la Edad Media y se articula en torno a siete bloques temáticos, estrechamente ligados a la utilización ceremonial, propagandística e ideológica de la muerte de las élites medievales: la última voluntad, el acto de la muerte, el cuerpo del príncipe, la ritualización, el reposo del príncipe, el desentierro y la memoria. Es necesario aclarar que el concepto de príncipe al que hace referencia el título es precisamente de origen medieval, ya que los principales eran tanto los reyes como los señores de diverso nivel, alto clero y oligarquías urbanas.

breve recorrido Comienza la exposición con el capítulo dedicado a la voluntad del príncipe medieval, donde se observa que nada se dejaba al azar, todo quedaba reflejado al detalle en un testamento escrito ante la presencia de un notario y varios testigos. En este documento se marcaban pautas como la elección del lugar de la sepultura, el tipo de féretro y quiénes debían portarlo, la preparación del cadáver y sus vestiduras. También se aseguraba de velar por su tránsito hacia el más allá y procedía al reparto del patrimonio entre los herederos, así como a la recompensa de sus aliados, amigos y seres queridos. Acompañando al panel se encuentra el testamento de la reina Blanca de Navarra, en el que se aprecia una firma autógrafa de singular calidad, o el testamento del rey Carlos III. "Son dos testamentos reales de gran formato que tienen una gran importancia por estar vinculados a la sucesión, al destino del trono, etcétera", explicó Eloísa Ramírez Vaquero, comisaria de la muestra junto a Maite López de Guereño Sanz e Isabel Ruiz de la Peña González.

Más adelante, la exposición se centra en el acto de la muerte. Aquí se puede ver que los relatos sobre la muerte, en personas de cierto relieve social o político, dibujan al difunto como un orante ansioso de que llegue el momento o alguien que duerme en el tránsito a la otra vida con la seguridad de que alcanzará la gloria del cielo. "Se dignifica la muerte en función de quien cuente la historia", señaló López de Guereño, quien agregó que "en otras ocasiones sucede todo lo contrario". Es el caso de los relatos que tratan de rememorar al enemigo, o alguien cuya conducta contribuyó a generar dificultades en el recto gobierno del reino, de la ciudad o de la Iglesia. En estos, se intenta reflejar hasta donde sea posible el sufrimiento, la angustia o el castigo de una muerte cruel.

Después, el cuerpo del príncipe toma protagonismo, ya que en muchas ocasiones los cadáveres eran sometidos a técnicas de conservación artificial con las que se pudiese retrasar la inevitable descomposición de los restos, ya que durante la Edad Media los cortejos fúnebres llegaban a ser muy dilatados en el tiempo debido a las dificultades de las vías de comunicación de la época. Se exponen en el Archivo de Navarra algunos textos médicos que proporcionan numerosos datos sobre los procedimientos de embalsamiento que se ponían en práctica, como el taponamiento de los orificios corporales o la abertura de la cavidad abdominal para la extracción de las vísceras.

Y del tratamiento del cuerpo, a la ritualización de la muerte. Las ceremonias relacionadas con la muerte de los miembros de familias poderosas están recubiertas de una gran teatralidad, cuyo fino no es otro que representar y ensalzar la figura del difunto. Estas ceremonias se celebraban en diversos escenarios, tenían un marcado carácter religioso y duraban varios días.

La exposición pasa después a un apartado dedicado al reposo del príncipe, donde se aprecia que esta fue una gran preocupación para el hombre medieval, que aspiraba a una sepultura digna para el cuerpo y la certeza de la salvación eterna. Los espacios y sepulcros eran elegidos según la categoría social del difunto, con lo que el interior de las iglesias -esto fue posible a partir del siglo XII- se convierten en un espacio deseado para la sepultura de los príncipes de la sociedad medieval, frente al cementerio que era para el resto de personas. Así, si la muerte era igual para todos, la morada terrenal del difunto sería muy diferente.

El desentierro de los restos humanos de estos príncipes ha permitido hacer una reconstrucción del tratamiento que el cadáver recibió en el momento del hecho funerario, ya que su cuerpo contiene mucha información cultural y el análisis de los enterramientos desde esta perspectiva proporciona una visión precisa y concreta de la relación que los diferentes grupos humanos mantienen con la muerte. Asimismo, el análisis de estos restos ha permitido obtener evidencias relativas a la vida de los individuos, a través de sus características biológicas y de aquellos signos que hayan tenido relación con diferentes acontecimientos de su vida, como sus actividades habituales, enfermedades, etcétera.

visitas exteriores Junto al espacio expositivo en el Archivo se han incorporado dos visitas exteriores, conformando un itinerario dentro de la ciudad que enriquece la exposición con piezas excepcionales de la escultura navarra medieval. Así, en el Museo de Navarra se han seleccionado cinco piezas de diverso tipo, ligadas al uso simbólico de la muerte, entre las que destaca la arqueta de Leire, uno de los capiteles románicos de Pamplona y los sarcófagos de Cataláin, de Teresa de Palomeque y de la infanta Juana. Por último, en la Catedral de Pamplona se han señalado otras cuatro piezas, que son: los sepulcros de Carlos III y Leonor, los de los obispos Arnalt de Barbazán y Sancho Sánchez de Oteiza y el del noble Pere Arnaut de Garro.

Las visitas guiadas tendrán lugar los fines de semana de febrero y marzo a las 12.00 horas y para acudir es necesario reservar plaza en el teléfono 848 424 667.