Isabel Villanueva | Violista, directora artística de Pamplona Reclassics

"El festival quiere acercar la música clásica y ser un conector social"

05.07.2020 | 02:13
Isabel Villanueva, una de las exponentes de la viola a nivel internacional.

La violista pamplonesa ha cumplido con Reclassics el sueño que tuvo hace diez años de dejar un legado en su ciudad con un evento que, además, sirviera para romper clichés

pamplona – "Seremos el primer festival de iniciativa privada que tenga lugar en Navarra después del confinamiento, y uno de los primeros en el país". Así de orgullosa lo comenta Isabel Villanueva, directora artística de Pamplona Reclassics, cita que desplegará calidad y variedad entre los días 28 de julio y 1 de agosto en la Ciudadela y en otros espacios, con herramientas de "conexión y empatía" con el público. Judith Jáuregui, Raquel Andueza, Josep Colom, Francesco Tristano y Damián Martínez Marco son algunos de los músicos que visitarán la ciudad esos días durante una programación que también ha pensado en lo familiar, lo pedagógico y lo divulgativo.

¿Por qué Pamplona necesita un festival como Reclassics?

–Reclassics es un festival que apuesta por la actualidad. La programación gira en torno a la música clásica, pero quiere ser también un vínculo social, un conector cultural con todos los rangos de la sociedad, desde niños a mayores, pasando por jóvenes, melómanos y curiosos. En Pamplona hay mucha tradición cultural y hay iniciativas musicales muy diferentes, pero nunca ha existido una actividad de estas características y creo que es importante para abrir la ciudad, Navarra en general y toda la zona norte, porque tendemos a estar más cerrados que el sur, por ejemplo. Pamplona merece un punto más distendido, abierto y transgresor y creo que este festival se lo puede dar. Vamos a tener ciclos y actividades muy diferentes y para todos los públicos y queremos que la gente se sumerja en el programa.

En la presentación a los medios dijo que también es un evento que quería dejar a su ciudad natal, una especie de legado, aunque es muy joven.

–Sí, quizá suene un poco trascendental, pero siempre he pensado en que en esta ciudad tenemos una figura como la de Pablo Sarasate, el artista más importante y universal que ha existido en Navarra. Y se implicó mucho con su tierra, porque aunque pasó casi toda su vida fuera de aquí y viajaba muchísimo, siempre venía y hacía actividades. En ese sentido, y sin querer compararme con él, por supuesto, yo también acumulo experiencia y espero seguir haciéndolo, viajando y conociendo muchas culturas y teniendo muchas vivencias que pueda plasmar en mi proyección artística. Y me parece un sueño poder traer esta idea aquí, a Pamplona, y cultivarla durante toda mi vida. Quiero que Reclassics sea una semilla que vaya creciendo y que la gente haga suya. Es un festival que desde el principio pretende estar conectado con la ciudad, con la comunidad, con el país y con el mundo. Mi sueño es proyectar algo mío en mi ciudad y que a partir de ahí se vaya desarrollando y expandiendo y se convierta en una referencia a nivel cultural, turístico y general como una cita nueva.

¿Se ha vuelto a instalar en Pamplona o le pilló la pandemia aquí?

–Me pilló entre Madrid, Londres y Lyon. El 12 de marzo decidí no viajar a Londres y el 13, viendo que esto pintaba muy mal, cogí un tren y vine a confinarme aquí. A partir de ahí se cancelaron todos los conciertos que tenía previstos, así que aquí sigo. En los últimos años nunca había pasado tanto tiempo seguido en Pamplona (ríe). Prácticamente desde los 17 años.

Esta es una idea que tenía en la cabeza desde hace una década y que ahora se convierte en un hecho. Por el camino ha encontrado dos socios que también desarrollan sus propias programaciones, como son Javier Muruzábal, del SantasPascuas, y David Aztarain, de Flamenco On Fire.

–Así es. El hecho de contar con dos personas que no tienen nada que ver con el mundo de la clásica, pero que sí están implicadas en propuestas culturales enriquece mucho. Entre los tres hemos podido hacer un braimstorming y plantear y replantear muchos conceptos y, a la vez, facilita la gestión.

Aparte, cuentan con un equipo importante.

–Claro, como cualquier proyecto cultural tenemos un departamento de prensa, de redes, de producción, de ticketing... De todo. Al ser un proyecto nuevo y tenerlo que construir desde cero, es importante que las personas que están desde el principio sean de confianza y tengan ilusión, porque hay que tirar mucho hacia delante con mucha energía y determinación. La dirección artística de un festival nuevo no es fácil nunca y si encima le añades las dificultades que ha causado la pandemia... Este es un proyecto muy valiente y todos le hemos echado coraje para sacarlo adelante.

El panorama de festivales en Navarra ha crecido mucho en los últimos años. Ahí está, por ejemplo, la campaña 'Reyno de la música en vivo'.

–Sí, están el festival de flamenco, varios de rock y de otros estilos, pero en verano no había ninguno de clásica y en ese sentido nuestra apuesta es novedosa para Pamplona y para Navarra en general, porque, en próximas ediciones, la intención es sacarlo de la ciudad y llevarlo a sitios preciosos que hay en toda la comunidad, vinculándolo al turismo cultural.

¿Qué pensaron cuando ya tenían toda la programación diseñada, con bastante presencia internacional, y en marzo sobrevino la pandemia? ¿Estuvo sobre la mesa la cancelación?

–Pasamos por varias etapas. En marzo no éramos conscientes de la gravedad de la situación y, ya en abril, cuando vimos que el panorama era preocupante la posibilidad de cancelar se puso sobre la mesa. Pero en un acto de valentía por nuestra parte y teniendo en cuenta todo lo que habíamos luchado y peleado para construir el proyecto y presentarlo, y viendo, además, cómo la gente estaba echando mano de la música para sobrellevar el confinamiento, decidimos seguir. Todo eso nos hizo ver el valor que tiene la música en la vida en general. Nos sirve para alegrarnos, para acompañarnos, para llorar, para muchas cosas, y creíamos que tenía que estar presente este verano. A mí personalmente me pareció indispensable apostar por un renacimiento emocional que nos permitiera conectar de nuevo a nivel social. Porque una cosa son los streamings, que son interesantes, pero nada es comparable a la magia del directo. Pasar un año en blanco a nivel cultural en Pamplona me parecía incoherente, impensable. Decidimos continuar, incluso antes de saber si, en efecto, iba a ser posible, y luego vino el replanteamiento de toda la programación, claro.

A la hora de adaptar todo el festival en tan poco tiempo, ¿cuáles fueron los planteamientos? ¿Se optó desde el principio por cancelar todo lo internacional?

–El festival sigue siendo internacional, no tanto porque los artistas vengan de fuera, sino porque su calidad es muy alta. Un artista español es internacional también; por ejemplo, yo. Es verdad que en un primer momento diseñamos una programación con músicos que mayoritariamente vivían fuera de España. Por eso, cuando tuvimos que replantear todo nos dimos cuenta de que la incertidumbre de si iban a poder venir o no era un riesgo más, así que decidimos reorganizarlo todo e invitar a músicos de gran trayectoria que vivieran en España. Redujimos las jornadas del festival, cambiamos el repertorio de todos los días y decidimos llevar las actividades al aire libre, a la Ciudadela, que es nuestra sede principal.

¿En qué sentido cambiaron el repertorio?

–Pensando en las circunstancias. Yo misma lo he vivido; no me apetece escuchar lo mismo en este momento que si estuviera en una situación de vida normal. En ese sentido, me pongo en la piel del público y entiendo que no va a querer escuchar lo que ya estaba previsto antes. Es un gesto de empatía con el público. Por eso hay tanta variedad. Comenzamos con el homenaje a Sarasate, que eso sí que era inamovible por lo que ha supuesto para el arte en Navarra. Luego también rendimos tributo a Beethoven, por el 250 aniversario de su nacimiento.

También apuestan por la fusión.

–Haremos pequeñas fusiones de flamenco y clásica y electrónica y clásica. El programa está pensando para públicos de ambientes muy diferentes, y es que eso es justo lo que persigo con Reclassics: revolucionar, replantear y revolver todos los clichés que muchas veces apartan a la clásica de la sociedad por desconocimiento o por miedo a acercarse a algo que la gente piensa que no va a entender. Si la música clásica ha sobrevivido 500 años es porque tiene un gran valor emocional. Todas las músicas que han surgido en el siglo XX vienen de ahí, no han salido de la nada. La música es música, no es necesario hacer diferencias. Hay algunas que están más conectadas con la sociedad y otras que menos, pero por falta de acercamiento a causa, quizá, de la forma en la que se prensenta. Por los repertorios, los formatos de los conciertos... Yo quiero que la gente sienta curiosidad por conocer mejor la clásica, que vea que está vinculada al flamenco, a la electrónica, al jazz, y que está interpretada por músicos actuales tan normales y tan modernos como cualquiera. Lo importante es no tener prejuicios. Y los músicos también podemos replanteárnoslo todo; no hace falta tocar con traje, puedes vestirte como quieras, puedes hablar con el público desde el escenario o tocar en lugares distintos al habitual... Y el público puede tomarse una cerveza tranquilamente mientras escucha uno de nuestros conciertos, sin sentirse coartado o intimidado.

En la presentación dijo que este quiere ser también un festival "sostenible". ¿A qué se refería?

–En el mundo entero necesitamos darnos cuenta de que estamos en un momento medioambiental grave y de que hay que tomar medidas pensando en el futuro. Todo lo que podamos aportar en ese sentido es importante. Este año no vamos a poder hacer muchas cosas, pero de entrada ya vamos a celebrar el festival en un espacio verde y a apostar por el respeto a la igualdad de género, tanto en el equipo como en el escenario. Y tendremos muy en cuenta los materiales, los vasos, etcétera, además de cumplir todos las medidas en seguridad y sanidad.

Al margen de los conciertos principales, han apostado por las actividades familiares.

–Sí, tenemos el ciclo Miniclassics, que se compone de un taller y el concierto Requeteclassics. Son dos actividades que pretenden vincularse con los más pequeños, que podrán descubrir la música clásica de forma divertida y llamativa y, quién sabe, quizá decidan tocar un instrumento o se enganchen a un compositor.

¿Cómo va a funcionar la Academia?

–La Academia va a dirigida a estudiantes que quieran dedicarse profesionalmente a la música –Grado Medio, Superior y Máster–, y la idea es que los profesores seamos algunos de los artistas que vamos a participar en esta edición. Las clases serán individuales, con todas las medidas de seguridad y tendrán lugar en la Escuela Joaquín Maya. Esos alumnos tendrán la experiencia de recibir consejo de los músicos programados y, a la vez, tendrán acceso gratuito a todos los conciertos y actividades del festival. Podrán ver los ensayos de los artistas con los que están trabajando, crear una pequeña comunidad con el resto de estudiantes...

Y en Baluarte, las Jornadas Reclassics.

–Eso es. Este ciclo es gratuito y ofrecerá tres charlas divulgativas impartidas por tres cracks del panorama nacional con repercusión internacional. Primero estará Fernando Palacios, grande entre los grandes y navarro de Tudela. Fue pionero en la divulgación de la clásica entre los niños y estará el día 28. El segundo día estará Martín Llade, que tiene un Premio Ondas por su programa Sinfonías de la mañana y hablará de Beethoven. Y cerrará el ciclo Eva Sandoval con una conferencia muy interesante sobre la música en el cine. Las jornadas serán en Baluarte a las siete de la tarde y los conciertos en la Ciudadela a las nueve y media, así que el plan es muy bueno.

Faltan por presentar las actividades de calle.

–Sí, son los Re-incisos y los presentaremos en breve. No podemos desvelar nada de momento, solo podemos decir que serán microconciertos en distintos sitios de Pamplona durante la celebración del festival. Y músicas diferentes.

¿Cuando finalice esta primera edición del festival, con qué sensación se quedaría satisfecha?

–Lo que más va a calarnos es el efecto que haya tenido en el público, lo que le haya despertado. En esa semana de festival pueden surgir muchas sensaciones y energías y encuentros muy bonitos. El hecho de poder propiciar un reencuentro social entre gente conocida y gente nueva y de crear una comunidad sería muy satisfactorio. Sería genial que la gente dijera que ha ido un día y le ha gustado tanto que quiere ir a todos los conciertos. Estamos dedicando todo nuestro esfuerzo a que sea un proyecto que guste e ilusione. Esperemos que sea una cita estival en Pamplona para muchos años.

En paralelo, Isabel Villanueva tiene su propia carrera internacional, ¿cómo va a compaginarlo todo?

–Reclassics no se desliga de mi carrera, es una extensión de mis ideas, un complemento a mi trayectoria. No lo veo como algo al margen. Tener la dirección artística de este proyecto es un paso más en mi madurez artística y personal y en mi intención de dejar un legado que pueda desarrollar en los próximos años. Una de mis principales inquietudes de siempre es conectar a la gente con la música clásica y este festival va en la misma línea. Por eso, todos los artistas que vienen este año han sido seleccionados porque he trabajado con ellos en un momento u otro y todos son músicos de alta calidad, modernos y muy abiertos de mente. Al final, se trata de hacer música con personas.

"En próximas ediciones queremos sacar el festival de Pamplona y vincularlo al turismo cultural"

"Quiero acabar con los clichés que apartan a la gente de la clásica por desconocimiento o por miedo"

"Mi sueño es proyectar algo mío en mi ciudad y que a partir de ahí vaya creciendo y se convierta en referencia"