Emilia Pardo Bazán ya era 'influencer' hace un siglo

16.01.2021 | 11:27
Emilia Pardo Bazán.

Erudita, visionaria, seductora, admirada y criticada, la escritora Emilia Pardo Bazán no estaba interesada en ser también 'influencer', pero su pasión y conocimiento de la moda la llevaron a vestir a la última y a caracterizar personajes en sus cuentos y novelas como auténticas 'fashion victim'.

Rosa Neira (Memorias de un solterón), Pilar Gonzalvo (Un viaje de novios) o Espina Porcel (La quimera) son algunas de las adictas a la moda en la narrativa de Pardo Bazán, que conecta muy bien el mundo de la moda con la psicología humana, por lo que estas mujeres no serían tan complejas ni interesantes si la escritora no hablase de sus vestidos o de su obsesión por los trapos.

Presumida y moralista, utilizaba todo lo que le iba bien, le gustaba lucir la moda pero era prudente, hasta el punto de que dice que en París "se llevan escotes vergonzantes", explica a Efe la profesora de Historia y doctora Blanca Rodríguez, que acaba de defender su tesis doctoral en la Universidad de A Coruña sobre la moda en Emilia, dirigida por José María Paz Gago, coordinador del seminario internacional que protagonizará la escritora este año.

"Seducía más por su inteligencia y sentido del humor y sorna que por su aspecto, de hecho era muy consciente de su físico", pero consideraba que las mujeres no tenían por qué renunciar a tener buen aspecto y ser a su vez inteligentes, todo cabía", añade Rodríguez.

Emilia lamentaba tener un "cuerpo del demonio" y se quejaba en sus cartas a Galdós de no ser una "aérea sílfide", lo que no impedía que sus modistas en A Coruña y Madrid le hicieran vestidos y corsetería que veía en sus viajes a París, donde observaba y escribía detalles sobre trajes, peinados o sombreros que incorporaba a su atuendo.

Madame Leseelleur le confeccionaba trajes según la moda parisina, Las Virtudes le hacían la lencería, en A Coruña la modista Elisa le cosía los patrones parisinos, al igual que otras costureras de Madrid, a las que encargaba los vestidos que veía en la capital francesa y en las revistas de moda que compraba sobre las nuevas tendencias.

Pardo Bazán no solo vestía la moda parisina, también escribía sobre ella en sus frecuentes viajes a París. Allí acudió como cronista con motivo de las exposiciones universales en 1889 y 1900 e incluyó varios artículos dedicados a la moda y a la historia de la indumentaria.

En París descubrió las creaciones de Worth, el modisto de la emperatriz Eugenia de Montijo; a las hermanas Boue, consideradas las maestras del encaje, o los diseños de modistos como Redfern, Doucet, Raudnitz y Laferriere, y de todo ello daba cuenta por carta a su amiga en Compostela Carmen Miranda de Pedrosa.

Emilia escribió entre finales del XIX y principios del XX en La Ilustración Artística, en La Época o en El Liberal sobre moda, trajes, moños y la falda-pantalón, que le parece muy cómoda y no entiende por qué resulta tan escandalosa, detalla Blanca Rodríguez.

El morado y el verde ajenjo eran sobre todo los colores de las telas que encargaba Pardo Bazán, aparte del negro, que vestía mucho porque el luto era muy riguroso y en su familia hubo muchas muertes.

Y el peinado rizado y altísimo, que se llevaba entonces y es con el que más se identifica a doña Emilia, le estilizaba la figura.

El vestuario regional e indumentaria tradicional gallega (Los pazos de Ulloa o La madre naturaleza) forman parte también del interés de Pardo Bazán por la moda, como también el traje de ceremonia, el de carnaval, de teatro, traje sastre, de mañana, de tarde, camisón, batas, adornos, peinados, ajuar. La moda de caballero, de niños y de perros, incluso el escaparatismo, forman parte también de sus inquietudes.

En definitiva, Emilia Pardo Bazán "lo sabe todo sobre la moda", que refleja la sociedad del momento tanto en su imagen como en sus obras.