Love story sin coronavirus

26.03.2021 | 00:42

INMUNE (SONGBIRD)

Dirección: Adam Mason. Guion: Simon Boyes y Adam Mason. Intérpretes: K.J. Apa, Sofia Carson, Demi Moore, Bradley Whitford, Craig Robinson y Jenna Ortega. País: EE UU. 2020. Duración: 90 minutos.

Michael Bay descubrió hace muchos años el irresistible encanto de las catástrofes. En consecuencia ha hecho de ellas su nutriente fundamental y lleva años explotando un filón a medio camino entre el cine espectáculo a lo James Cameron, cine de efecto digital, de croma y trampantojo, con el cine de barrio setentero hecho de repartos corales, viejas glorias y muchos desastres. No es de extrañar que ese Bay, autor de agonías como Armageddon (1998), director de heroicas derrotas como Pearl Harbor (2001) o titiritero de la franquicia destroyer de Transformers, aparezca como productor del primer subproducto derivado de la situación de pandemia global que azota al mundo.

De eso va Inmune, protagonizado por dos "modelos", versión distópica de un "love story" del siglo XXI y montado a toda prisa sobre el miedo al coronavirus. Con voluntad de enredar, Inmune ubica su acción algunos fracasos después de tanta vacuna por descubrir y cuando la covid 19 ha mutado para peor. En Inmune se elucubra sobre una sociedad apocalíptica. Todo el mundo vive confinado y en las calles reina una Policía corrupta, mientras que el personal sanitario se aplica en tareas funerarias y los repartidores inmunes van de un lado a otro.

Decía Bay, molesto por algunas críticas a su trabajo, que su único pecado era hacer cine para adolescentes. No es verdad. Es culpable de creer que ser adolescente implica carecer de sensibilidad, no tener buen gusto e ignorar el sentido crítico. Tres condiciones necesarias para poder encontrar alguna virtud a Inmune, un relato anodino y convencional, mal interpretado y peor escrito.

Duele reencontrarse en esta "TV movie" con una Demi Moore que parece avergonzarse de que sepamos que está allí "solo por dinero". Las prisas nunca son buenas y las de los productores para rentabilizar la actual situación rozan lo pornográfico. De hecho, lo único consistente en este sinsentido, dirigido por el olvidable Adam Mason, son las exhibiciones de los pectorales de K.J. Apa, con muchas más horas de gimnasio que de lecciones de interpretación. Aquí nadie se las ha pedido; no le ha hecho falta.

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