Mi querida Olivetti

La poderosa figura literaria

04.07.2021 | 01:00

El caso de Jean de La Fontaine resulta enormemente peculiar: no parece haber disfrutado en sus años de estudios (Teología, Derecho...) y, después de casarse con una menor de edad en aquella época en la que le tocó vivir, cayó en la precariedad económica, de la cual saldría gracias, entre otras amistades, a valiosas damas de la alta alcurnia francesa del siglo XVII.

Eso sí: a nivel literario, su figura ha permanecido siempre ligada a obras como los poemas de Los amores de Psique y Cupido (1669), sus Cuentos y relatos en verso (1664-1671) y, ¡ajá!, sus atípicas Fábulas, que aparecerían en diversas entregas (1668-1694) para inquietud de los tradicionalistas galos. La Fontaine había nacido el 8 de julio de 1621 (sí, hace exactamente cuatro siglos) y el 24 de este mismo mes (el del año 1991) falleció Israel Bashevis Singer. ¿A dónde conduce esta otra figura literaria?

De ascendencia rabínica, el autor conocido habitualmente como I. B. Singer emigraría en 1935 a Estados Unidos desde su Polonia natal y allí publicaría la mayoría de sus obras, entre las cuales se halla su primera novela, Satán en Goray, editada primero en yiddish, luego en inglés y, en 1963 (8 años después), en castellano. Singer escribió otras novelas, como La familia Moskat (1950) y La casa de Jampol (1967), pero también es recordado como autor de cuentos y relatos breves, entre ellos los de Gimpel el tonto, de 1957.

Todas estas invenciones (y algunas más) fueron la carta de presentación de I. B. Singer ante los responsables del Premio Nobel, que el autor finalmente obtendría en 1978, pero el 31 de julio de 2001 (año en el que Rosa Regás obtendría otro galardón, el Planeta, por La canción de Dorotea) es el día en el que la comunidad lectora internacional perdería definitivamente a otra de sus figuras: la del escritor estadounidense Poul Anderson.

Especializado en la ciencia-ficción y de ascendencia nórdica, Anderson es el autor de novelas como La espada rota (1954) y La nave de un millón de años (1989) y de libros de relatos como Guardianes del tiempo (1960), conjunto de historias de quien sería considerado como uno de los principales exponentes de la vertiente dura del género, en la cual destacaría gracias a sus estudios de física y los conocimientos adquiridos en dicha materia, bien diferente a la estudiada por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina.

Pues bien: Siglo XXI acaba de presentar una edición conmemorativa de este arriesgado libro con motivo de su 50 aniversario. Y es, ésta, toda una reedición.

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