Cannes 2021, un festival raro

Cannes sigue siendo Cannes a pesar de celebrarse en mitad de una pandemia que ha condicionado su normal desarrollo. En lo cinematográfico se coloca en pleno siglo XXI, premiando a la ciberpunk 'Titane' y confirma que sigue el esplendor creativo del cine asiático con las películas de Weerasethakul y Hamaguchi.

20.07.2021 | 00:22
La directora Julia Ducournau, con la Palma de Oro por su película 'Titane'.

Lo raro, lo extraño y lo diferente han sido la palabras definitorias de la última edición del gran festival francés. Raro por las fechas de celebración –julio en vez de mayo-, por el ambiente general que han dominado día tras día las proyecciones a las que se accedía por medio de un farragoso control de accesos mediante un sistema de entradas electrónicas que los primeros días fue un tanto caótico. Raro por que la sombra del Covid ha planeado sobre cada instante del certamen. Raro por ver el enorme Mercado del Film semivacío. Y extraño y diferente porque la película ganadora de la Palma de Oro es una película que refleja y cuenta una historia alejada de cualquier convección social y moral dirigida por una mujer, Julia Ducournau, segunda en hacerlo en las 74 ediciones del festival tras Jane Campion en 1994. Un triunfo histórico, una rareza.

Así, la rupturista Titane, es la película que mejor ha sabido reflejar el tiempo que vivimos a nivel conceptual al mostrar la superación de las categorías binarias y abrazar lo queer, lo rechazado y monstruoso. A nivel cinematográfico supone la eclosión de múltiples referencias que van desde la fascinación por los coches de Crash, de Cronenberg, la obra de Tarantino, a la fisicidad de los cuerpos de Beau Travail, de Claire Denis, sin olvidar las influencias de Matador y La Piel que Habito, de Almodóvar. El logro de Julia Ducournau es conseguir ir un paso más allá con todos estos elementos y articular un potente y audaz artefacto audiovisual, aunque también imperfecto, que coloca al festival de Cannes y al cine en los debates conceptuales de la sociedad del siglo XXI hablando sobre la transformación de los cuerpos y las identidades.

Con esta elección para la Palma de Oro se obvió al menos otras tres grandes películas merecedoras del premio. Con la enorme y profunda Drive My Car, el japonés Ryusuke Hamaguchi se consagra como uno de los referentes del cine mundial tras Asako I & II y La Ruleta de Fortuna y Fantasía, al contar las conversaciones con su chófer de un director de teatro que ha perdido a su mujer. Durante tres horas desfilan temas como el dolor, la verdad, la memoria o la necesidad de la ficción para sobrevivir en un ejercicio de dirección magistral.

De Asia también llegaba Memoria, rodada en Colombia por el tailandés Apitchapong Weeresathakul, donde Tilda Swinton, perseguida por un sonido inicia un poético y místico recorrido hasta la selva. Sonidos, percepciones, recuerdos o la conexión con lo natural son algunos elementos que recorren una de las grandes obras del festival con unos últimos 40 minutos de película absolutamente sublimes, subyugantes, casi increíbles. Como el tailandés, Jacques Audiard ya sabe lo que es ganar una Palma de Oro. Esta vez llegó con Les Olympiades, un retrato bellísimo en blanco y negro que describe la vida de cuatro jóvenes de este barrio de París. Con guion de la directora Céline Sciamma y Léa Mysius, es una plasmación de la juventud, el amor y el sexo en las ciudades contemporáneas.

Otro grupo de películas interesantes a Competición han sido Red Rocket, donde Sean Baker prosigue su reflejo de las capas profundas de Estados Unidos por medio del retrato de un ex actor porno que vuelve a su pueblo. El iraní Asghar Farhadi retrata el laberinto burocrático en el que se ve inmerso un simple ciudadano endeudado en la sólida A Hero. Del interesante cine nórdico se han visto The Worst Person in the World, donde el ascendente Joachim Trier realiza un interesante y divertido estudio sobre la mujer y la sociedad actual sin lecciones morales. Y también Compartment Nº 6, de Juho Kuosmanen, que refleja de manera sencilla y precisa la relación establecida entre una finlandesa que viaja sola por Rusia y su compañero de compartimento.

muy esperadas Con la suspensión del año pasado muchos directores y productores guardaron sus películas para la presente edición y aprovechar la enorme plataforma mediática del Festival para mostrar sus trabajos. Este fue el caso del Nanni Moretti, que volvió a la Croisette con Tre Piani, un retrato de los miedos de la clase media italiana actual a través de tres familias que comparten el mismo edificio. La película conjuga momentos muy brillantes y otros muy ridículos.

El ruso Kirill Serebrennikov, uno de las bestias negras culturales de Putin, volvía a Cannes con la ambiciosa y compleja The Petrov's Flu, adaptación de la novela de Alexey Salnikov, donde realiza un recorrido por una Rusia alucinada y en descomposición por medio de numerosos personajes.

Tampoco podemos olvidar The French Dispacth, donde Wes Anderson da una vuelta de tuerca a su reconocido estilo y estética con una historia muy francesa y muy imaginativa, y tampoco Annette, un musical fascinante y extraño del inclasificable Leos Carax. También, la última película de Paul Verhoeven, Benedetta, anunciada ya el año pasado. El resultado fue el primer escándalo del festival con una película que plantea una visión de la sexualidad y la espiritualidad totalmente diferente de la tradicional de la Iglesia católica. La pega es que lo hace con estética cruzada entre el pseudo porno de los años 70 y Juego de Tronos lo que provocó una división frontal de opiniones entre la crítica. También la última obra de Mia Hansen-Love, La Isla de Bergman, dividió las opiniones. Su retrato de una pareja de directores que pasa el verano a la isla de Faro, lugar de residencia del director Ingmar Bergman, mezcla la realidad y la ficción logrando momentos muy bellos.

otras secciones Si el año pasado el festival de era suspendido por la pandemia, este año la oferta programática del equipo de Thierry Frémaux era apabullante e inabarcable, buscando marcar terreno y frente a otros eventos como la Mostra de Venecia o el Festival de San Sebastián que sí pudieron celebrarse de forma clásica.

Así, en la sección Un Certain Regard se premió a la rusa Kira Kovelenko y su Unclenching the Fists, una axfisiante y dura película en la línea de Tesnota (Kantemir Balagov) sobre una joven que trata de escapar del control paterno en un pueblo minero de Osetia del Norte. También destacaron las obras de otras dos directoras. La mexicana La Civil, de Teodora Ana Mihai refleja con gran solidez y ciertos excesos de guion la lucha solitaria que emprende una mujer, interpretada por Arcelia Ramírez, para recuperar a su hija secuestrada. Pero la gran revelación fue Noche de Fuego, primer largo de ficción de la documentalista Tatiana Huezo, un preciso y observacional trabajo sobre una comunidad rural sitiada por grupos de narcotraficantes. Por su parte, el ruso Alexei German Jr. critica en Delo la corrupción del Estado ruso estableciendo un paralelismo entra la situación de persecución de históricos intelectuales rusos y el arresto domiciliario de un profesor.

Pero sin duda ha sido la Quincena de Realizadores donde se han podido ver algunas de las películas más sugerentes de todo el festival. Destaca Retour à Reimns. (Fragments), un increíble trabajo de montaje documental con imágenes de archivo donde Jean-Gabriel Périot relata la historia del movimiento obrero francés hasta la actualidad. Basado en un libro de Didier Eribon y narrado por la actriz Adéle Haenel, su pase público se convirtió en una apoteosis y una reivindicación de las luchas ciudadanas justas. Por su parte, el portugués Miguel Gomes aportó la película más libre y lúdica de las vistas en el festival. En Diários de Otsoga se cuenta en un formato semidocumental como la pandemia de covid fustra el rodaje de una película. Contada al revés, la película parece querer llegar al punto inicial donde todos vivíamos en una realidad mucho más libre y divertida.

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