Música

La cuerda bien temperada

04.08.2021 | 01:00

Fandangos, Pasacalles y Otras historias para bailar

Intérpretes: Lina Tur Bonet y Ana María Valderrama, violines. Isabel Villanueva, viola. Fermín Villanueva, violonchelo. Rafael Aguirre, guitarra. Ana Morales, bailaora. Programa: obras de Biber, Paganini, Falla, Cassadó y Boccherini. Programación: Festival Clásica Plus del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: sala de cámara del Baluarte. Fecha: 29 de julio de 2021. Público: el permitido (19 euros).

Al protagonismo de la cuerda, en el segundo encuentro camerístico de Clásica Plus, se une la bailaora, para realzar el título dancístico dado a la velada. Con comparecencia solista o a dúo de los intérpretes, y en quinteto, al final; un maravilloso Boccherini. El nivel técnico, altísimo en todos. El resultado, un concierto variado y entretenido, con demostraciones del mejor virtuosismo –ese que está al servicio de la música y no es excesivamente circense–, con matices abundantes en el fraseo, y compenetración en las obras compartidas. También agradables descubrimientos –para mí– en el violonchelista y guitarrista, a los que no recuerdo haber escuchado.

Abre la velada Lina Tur Bonet con el sonido más puro del violín: una passacaglia de las Sonatas del Rosario de Biber, que dejan boquiabierto a cualquiera. Un Biber que se escucha en esta violinista, –también muy especializada en música antigua– como precursor de Bach, con la misma profundidad, riqueza de sonoridades, –esas maravillosas y milagrosas dobles cuerdas que multiplican el instrumento solista– y unas dificultades técnicas que, sin embargo fluyen sin problemas y manteniendo ese fondo de austeridad de lo puro, de elevación de lo religioso. Ana María Valderrama (violín), y Rafael Aguirre (guitarra), nos sacan de ese ambiente sacro para llevarnos a una relajada –para el público, no tanto para los intérpretes– música de salón, con un Paganini espirituoso, de impecable factura y mejor entendimiento entre dos instrumentos que no suelen darse en dúo. El equilibrio entre violín y guitarra en volumen y compenetración fue admirable; con una buena amplificación técnica de la guitarra, mínima, pero necesaria. Fraseo del violín y punteo de la guitarra bien avenidos, con los principios básicos del dúo: diálogo, réplica y acompañamiento. La factotum del festival, Isabel Villanueva, da una vuelta de tuerca a su viola, al llevarla a la sonoridad de la contralto; porque esa es la sensación que tenemos en su versión de las canciones de Falla. Graves profundos en el Paño moruno; Asturiana penumbrosa...; y, sobre todo un sonido especialmente aterciopelado para la Nana: es un adjetivo manido, lo sé, para la viola; pero es que la nana se arropa muy especialmente con la suavidad del terciopelo. Fundamental el acompañamiento de la guitarra, con el punteo –en la jota, por ejemplo– y el rasgueo que aporta ese matiz de españolidad. Fermín Villanueva, al chelo, sorprende no ya por su impecable afinación y técnica, sino, sobre todo, por su madurez. La suite para violonchelo solo de Cassadó –(es encomiable que los jóvenes sigan a los grandes maestros de su instrumento)–. Demostró en su actuación solista saber frasear y matizar cada estado de ánimo de la pieza: desde ese profundo y también algo bachiano preludio, hasta los aires de sardana y danza. Luego en el quinteto, demostró una soberbia afinación en los agudos extremos –casi encima del puente- que abría desde el pianísimo. Cómo me gustaría escucharle las suites de Bach.

El quinteto Fandango número 4 de Boccherini, fue todo él una delicia. Los dúos de los dos violines llenos de delicadeza, la viola y el chelo –con esos protagónicos agudos– sosteniéndolo todo, y la guitarra aportando el colorido específico de Boccherini, que por otra parte, termina con ese fandango que levanta el ánimo a cualquiera. La bailaora Ana Morales aportó inusitada fuerza y garra a su danza, giros y taconeo, sobre todo. Gustó mucho la velada, bien planteada, en su programación, para un festival de verano.

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