El Drogas: "Un compositor no se puede abstraer de todo lo que ha pasado"

Enrique Villarreal 'El Drogas' presenta en el Iradier Arena de Gasteiz el reflejo en forma de disco de un año y medio en el que se torcieron sus planes profesionales, se contagió de covid-19, no pudo despedirse de su madre y perdió a su excompañero Boni

24.09.2021 | 12:13
Enrique Villarreal, 'El Drogas', durante un concierto celebrado en 2020

Llega a Gasteiz a presentar '189 escritos con una mano enferma' (libro + cd) y 'El largo sueño de una polilla' (vinilo). ¿Cómo se gesta este trabajo?

Sacamos el quíntuple disco Solo quiero brujas en esta noche sin compañía, y presentamos los tres primeros. A la semana de terminar en Zaragoza llega el confinamiento, se nos jode una primavera y un verano de festivales y la presentación en octubre de los dos discos que nos quedaban. Ese era mi planteamiento, los festivales te permiten hacer bolsa para luego alquilar las salas en invierno y hacer la gira de presentación de los otros dos discos, con una estética más industrial, en la onda del cuarto disco. Pensaba recuperar canciones de La Venganza de la Abuela. Todo esto se va al garete y para no volver loca a la familia me puse a emplear el tiempo en algo. Comencé a recopilar escritos, a buscar en cuadernos, hojas sueltas, cajones, y di con catorce escritos que había por ahí. Esa fue la chispa que me hizo coger de nuevo el bolígrafo y escribir y leer como un loco. Para descansar de todo eso me cogía la guitarra acústica y con tres o cuatro acordes hacía una canción, de manera sencilla, muy relajada.

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Y el proyecto va cobrando vida...

- Cuando se acaba el confinamiento me veo con una historia a la que le he cogido el gusto, no quiero retomar el asunto industrial, sigo componiendo y escribiendo, y en este intervalo de año y medio me junto con casi 190 escritos y ocho canciones hechas de esta manera. Es un libro de unas 300 páginas de escritos, con fotografías mías manipuladas por Koldo Villarreal (diseñador gráfico y hermano de Enrique). En 27 de los escritos me sirvo de un juego literario, de una figura, el engaste, que me gustó. Se trata de coger un párrafo de un autor, una frase, tres palabras, y rodearlo de lo que yo voy escribiendo. Viene de un tema de joyería, de cuando a una piedra preciosa le haces un adorno con materiales más baratos que la resalta más. Decido que si me da tiempo grabo, pero al empezar la maqueta muere Boni (excompañero en Barricada), se propone hacer un disco de homenaje, y me invitan a participar. Cogí una canción de él acústica, la diseccioné y la hice también con piano y guitarra acústica, no quería perder esa ambientación. Esa versión me llevó tiempo, hacerla y grabarla, y luego retomé mi historia. Trabajé mis canciones con Haritz Harreguy como productor y le dimos forma a esas ocho canciones.

- Sí, el confinamiento ha influido absolutamente, mi intención no era esta ni mucho menos, sino todo lo contrario. Quería sonidos y ritmos del seguidor de Nine Inch Nails que soy, toda esa parafernalia sónica, pero hecha por un abuelo de La Txan (el barrio pamplonés de La Chantrea). Esto ha sido una lección de cómo la vida te pone en el camino a seguir por muchos planes que hagas. Déjate llevar y a ver por dónde te va guiando el amanecer de cada día. Esta implosión te lleva a mirarte para adentro, y ese es el reflejo del formato acústico, que a mi me gusta porque ya tengo experiencia en teatro, sobre todo con la Rhythm&Blues Band. Yo pensaba en ir con dos personas más, y de repente cuando presento el proyecto somos siete músicos en el escenario.

¿Qué le ha aportado, o quitado, todo lo vivido en este año y medio desde el punto de vista creativo? Se dice que en general del encierro de 2020 han salido muy buenos discos que ahora toca defender delante de la gente.

- No lo sé, sí ha sido un cambio en la propia mentalidad, a la hora de presentar los trabajos y de componer las canciones. No digo que todos lo hagamos igual, pero en mi caso esta situación tan potente ha influido. Además, no solo es estar encerrado. Mi madre muere, con todo lo que tiene el no acompañamiento, es una historia mal cerrada, aunque rodeado por una familia muy unida, porque otra gente se ha visto mucho más sola. También ocurre lo de Boni, no solo por su propia presencia, sino por la de su socia, su familia... Son cosas muy fuertes que no solo me han pasado a mi. También están los propios contagios, aunque yo ni me enterado más allá de los picos de fiebre altos, ha habido gente a la que le han tenido que poner respiradores... Un compositor o una compositora no se puede abstraer de todo esto, y cada uno lo refleja a su modo. No sé si saldrán obras de arte o no, pero es algo que te marca.

Hablaba antes de 'Solo quiero brujas en esta noche sin compañía', ni más ni menos que un quíntuple disco en el que le daba a todos los palos. ¿Qué balance hace de una apuesta tan alejada de lo que dicta el marketing musical en estos tiempos?

- Estoy contento, y si no hubiera salido también, muchas de las cosas que hago no salen antes de empezarlas por diferentes razones y otras, una vez empezadas, te preguntas si vale la pena tanto trabajo para tan pocas actuaciones, como pasó con la Rhythm&Blues Band. A mí eso no me echa para atrás, son experiencias que me sirven. Donde más se aprende es en situaciones en las que metes la pata, te llevas esa experiencia. La gente no triunfa a cada paso que da, es más bien al revés, y yo soy un gran defensor de los fracasos.

En aquella época vino también la gira con La Polla, 34.000 personas en el BEC... Y el confinamiento. ¿Volverá a compartir camerino con Evaristo en 2022?

- Íbamos de teloneros, ahí estoy como pez en el agua, pocos teloneros pueden presumir de tener un repertorio como el que yo puedo expandir en directo. Es una situación relativamente sencilla, y si nos vuelven a llamar encantados de la vida. Tampoco reniego de eso, a mi me gusta enredar en todo tipo de cosas. Si alguien piensa que vivo de los repertorios de Barricada... Pues sí, y qué, no voy a explicar a nadie mi manera de llevar a cabo cada experimento. Barricada fue uno de los experimentos que más duró en el tiempo, la gran mayoría de letras, y también en algunas canciones la música, son mías, así que no tengo ningún problema. Tengo un espejo de cuerpo entero en casa y cuando quiero ver a un imbécil me miro y ya está. Cada paso que dé en mi carrera lo daré porque a mí me apetece.
 

En ese inició de 2020 cambió la vida de todo el mundo y surgieron iniciativas en la red como 'Ura bere bidean', que une música sinfónica, clásicos de la música en euskera e intérpretes, además de usted, como Hertzainak, Doctor Deseo, Gatibu, Su Ta Gar, Mikel Urdangarin, La Oreja de Van Gogh, o Zea Mays. ¿Podrán terminar siendo las nuevas tecnologías un aliado de quienes hacen música, después de todo, si se agudiza el ingenio?

- Reconozco que soy un absoluto ignorante en todo este tema de las redes, mi hija me dice que tenemos que hacer Instagram y no sé qué, y yo solo llevo el Facebook y a mi manera, más que nada porque me gusta bloquear (risas). En todo caso, me gusta que haya gente que busca alternativas a lo que ha sido la industria típica musical, y además creo que es importante que haya una relación entre todos los elementos que formamos esa industria. Lo que no funcionaba, de manera clara, eran esas compañías discográficas, las editoriales que manejan el cotarro del negocio musical, la SGAE... Haría falta abrir todo mucho más al autor y autora de este país, a quien realmente le hace falta, y no me refiero solo a lo económico.

¿Cómo podría darse ese cambio?

- Yo siempre he defendido un circuito a lo largo del país de lugares, de pubs, de bares, que puedan hacer música en directo y, si haces cuarenta en un año, por ejemplo, puedas cobrar el paro y así poder componer. Nadie se va a hacer rico con esto, es una historia precaria, pero no debe ser miserable. A mi me produce tristeza sentirme como dentro de ese club de privilegiados que viven de lo que les gusta. No es que mi oficio sea una suerte, meto el copón de horas, pero mucha otra gente también merece el poder intentarlo, y no solo en la música. Pero este país es así, el músico iba al pilón en las fiestas de los pueblos.

¿Qué lee y qué escucha 'El Drogas' ahora mismo? ¿Cómo han evolucionado sus gustos o su curiosidad?

- Me estoy leyendo un libro que se titula No digas nada, de Patrick Radden, que trata sobre el conflicto norirlandés, muy interesante y trepidante, parece una novela, pero son hechos reales. Hace poco también he leído un libro, ahora no me acuerdo del título, de un exmiembro de los montoneros; te enseña, con el paso de los años, qué significado han tenido y tienen todas esas revoluciones. Pero bueno, puedo leer otras cosas también, ha coincidido así. En cuanto a música, escucho canciones, he vuelto a ser fanático de las canciones. En muchas ocasiones ya ni me aprendo el nombre del grupo, no por desprecio, sino porque me resulta imposible, recurro a lo que me pone mi hija. Dentro de lo que conozco, me gustan Niña Coyote eta Chico Tornado, cuya propuesta musical me parece flipante; Bala, un grupo de Galicia; y luego Belako, Los Zigarros, que además son muy colegas; y mucha otra gente. Escucho canciones que me llegan, canciones que me gustaría que fuesen mías.

 

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