Mikel Reparaz: "Vivimos atados a la última hora, pero la labor de un periodista también es dar claves al lector y este premio reivindica eso"

El periodista navarro ha sido reconocido con el Premio Euskadi de Literatura en la categoría de ensayo en castellano por su libro 'Las grietas de América'

13.11.2021 | 19:06
El periodista navarro Mikel Reparaz.

De pequeño coleccionaba sellos y dibujaba mapas. Y tiempo después, el periodista Mikel Reparaz (Pamplona, 1975) decidió dedicar su vida profesional a viajar, aprender e informar. Fue así como Estados Unidos se convirtió en su hogar durante cinco años, siguiendo de cerca la actualidad del país. Un trabajo periodístico que le llevó a escribir Las grietas de América, libro en el que retrata la división que existe hoy día en Estados Unidos, derivada de un racismo que, dice, está en la esencia del país. Y lo hace desde la reflexión, compartiendo claves y analizando las raíces del problema porque "esa es la labor de un periodista". Profundizar. Aunque ahora vivamos en tiempos frenéticos, de titulares, últimas horas y crónicas de un minuto. Por esta publicación, el navarro recogerá el Premio Euskadi de Literatura, en la categoría de ensayo en castellano, el próximo jueves 18 de noviembre, en un acto que se celebrará en el Museo Artium de Vitoria-Gasteiz.

Comencemos por el reciente reconocimiento: ¿qué supone para usted recibir el Premio Euskadi por su libro Las grietas de América?
–Primero supuso una sorpresa, porque no me esperaba este reconocimiento, y una alegría, desde luego. Y también, como periodista, un orgullo que se le haya dado el Premio Euskadi de Ensayo a una crónica periodística porque me parece un reconocimiento hacia ese género. La crónica periodística que hacemos en la tele, en la radio o en los periódicos está ahí y tiene un recorrido limitado, pero el formato de un libro le da más proyección y sobre todo te da la posibilidad de profundizar un poco más en los temas, que es lo que he intentado hacer con el libro.

En ese sentido, se ha premiado también la labor del periodista, una profesión contra la que precisamente ha arremetido Donald Trump, uno de los protagonistas del libro...
–Sí y aparte también reivindica el trabajo periodístico. Al final, nuestra función más allá de informar de la última hora, es también profundizar en los temas, dar claves al lector, oyente o espectador, y contextualizar. Los problemas, en este caso la división y la crispación y polarización política en Estados Unidos, tienen unas raíces y unas implicaciones históricas. Es importante mirar al pasado, ver de dónde vienen los conflictos y explicarlos para dar esas claves, y eso es labor de los periodistas. Vivimos –y hoy en día todavía más– atados a la actualidad, a la última hora... Y creo que esto es otra faceta del periodismo que es importante reivindicarla.

Habla de esa división latente en Estados Unidos y es que Las grietas de América ahonda en ese racismo que divide al país, abordando una etapa en concreto, que va de la transición de Obama a Trump, y siguiendo un recorrido por diferente episodios históricos e incluso por diferentes estados del país. ¿Cómo definiría este viaje?
–El libro es también un libro de viajes y es un viaje simbólico del país. Como corresponsal, lo que me tocó vivir en Estados Unidos ha sido el final de la presidencia de Obama y después toda esa transición o trauma que golpeó a la sociedad estadounidense que fue la llegada de Donald Trump, que abrió tantas heridas en el país, y su presidencia. Después, no como corresponsal, pero sí cubrí las últimas elecciones de Biden, los incidentes del Capitolio... Y esta etapa histórica va a ser muy importante en el futuro de Estados Unidos. En 2008 cubrí la campaña de Obama, su elección y esa noche electoral de esperanza para la sociedad estadounidense, con todos esos espejismos que empezamos a ver los periodistas, de que ahí terminaba el racismo en Estados Unidos, que empezaba una sociedad posracial... Todo fue eso, un espejismo.

¿En qué sentido?
–Los años de presidencia de Obama fueron de alguna forma años en los que la mayoría blanca conservadora de Estados Unidos reaccionó ante el primer presidente negro y es durante estos años cuando, entre otras cosas, se multiplican los grupos de odio y grupos supremacistas blancos. Esto culminó con la elección de Donald Trump y creo que no sólo el fenómeno Trump, sino también el fenómeno Obama y esa esperanza que suscitó en la sociedad estadounidense, tienen que ver con el escenario que tenemos ahora en Estados Unidos. Por eso es muy interesante y tuve la suerte de vivir esos años en Estados Unidos y ver esa transformación, que era algo que me resultaba muy atractivo y quería contarlo, pero no en una crónica de un minuto. Y eso es lo que me llevó a escribir esto.

Como hemos comentado, en esta publicación reconstruye históricamente las raíces de ese racismo que existe en Estados Unidos. ¿Es una utopía pensar que estas grietas de América a las que apunta el título del libro algún día van a cerrarse?
–Estados Unidos es un país en continuo dinamismo y es una potencia mundial también porque sabe transformarse. Tampoco he querido hacer un retrato demasiado oscuro de Estados Unidos, pero es verdad que tiene una historia terrible y hay episodios de los que nunca hemos oído hablar, pero ni siquiera allá. Por ejemplo, el bombardeo de Tulsa, conocido como "el Wall Street negro" y que fue 16 años antes que el de Gernika y acabó con toda una población negra. Falta esa memoria histórica en Estados Unidos, no se ha trabajado. Su historia es muy dura, pero también es un país que está construido por inmigrantes, es la sociedad más diversa del mundo, muy dinámica, se está transformando... Y esto de alguna forma también lleva implícita una esperanza. Creo que Estados Unidos cada vez que ha dado un paso adelante en la lucha por los derechos civiles y contra la discriminación y contra el racismo, siempre ha dado un paso atrás.

¿Por ejemplo?
–Ocurrió después de la guerra civil, con la abolición de la esclavitud, pero después estuvieron las leyes segregacionistas. Ocurrió después de la revolución de los años 60, con la presidencia de Nixon, y ha ocurrido con la llegada del primer presidente negro y esa elección de Donald Trump. Históricamente, siempre ha sucedido ese paso adelante y ese paso atrás. Pero también creo que Estados Unidos es una sociedad cada vez más diversa, que demográficamente esta cambiando mucho, con una población de orígenes muy diversos y además es una sociedad que está tomando conciencia en parte de su propia diversidad. El respeto a eso va a estar cada vez más presente en los siguientes presidentes y hay razones para la esperanza, creo que se podrán ir curando esas heridas. Eso sí, va a ser muy difícil porque para poder cerrar esas grietas hay que hacer cambios estructurales. El racismo estructural en Estados Unidos sigue siendo algo que está en la propia esencia del país.

De hecho, en el libro recoge ejemplos cotidianos como que a la hora de matricular a sus hijos en el colegio, se encuentra con formularios que presentan casillas para definirse racialmente€
–Claro, el tema del censo en Estados Unidos y el hecho de que sea el único país del mundo que divide a su población conforme a criterios raciales –y racistas diría yo– del siglo XVIII es una cosa que me impactó viviendo allá. Hay quien defiende ese sistema y esas categorías desde posiciones muy progresistas, diciendo que así sabemos qué colectivo está más discriminado... Es un debate. Pero yo creo que Estados Unidos, por su propia historia, al seguir clasificando a negros, asiáticos, hispanos o indígenas con esas categorías, perpetúa ese racismo. Porque más allá de censos y categorías, el verdadero racismo está en su esencia, en sus estructuras socioeconómicas, en el sistema de justicia, en la policía, en las cárceles... allá donde vayas en Estados Unidos y rasques un poco, te vas a encontrar con el factor racial siempre.

Un factor racial que muchas veces acaba en episodios violentos y en muertes, como recogen los episodios de Las grietas de América, donde nos encontramos con abusos policiales a ciudadanos negros, que aunque están grabados en vídeo con teléfonos móviles, ni con esas se termina por juzgar y condenar a los policías agresores.
–Sí y ahí es donde ha surgido el nuevo movimiento de derechos civiles, que es Black Lives Matters, que por cierto es un fenómeno que empezó como has dicho cuando empezamos a tener cámaras con nuestros móviles y lo que llevaba pasando décadas y siglos, empezamos a verlo casi en directo. Y esto ocurrió durante los últimos años de la presidencia de Obama, no fue un movimiento contra Trump. Esto ha revolucionado también el movimiento de derechos civiles y se debe en gran parte a que con los vídeos grabados con los móviles hemos empezado a ver lo que hace la policía y lo que ha hecho durante toda la historia del país.

Mirando al presente, han pasado ya varios meses desde aquel asalto al Capitolio y la posterior toma de posesión de Joe Biden. En este tiempo, ¿ha cambiado algo?
–Bueno, Biden lo ha tenido muy difícil. Por un lado, el epílogo de la era Trump, que fue la toma del Capitolio, y acabó en un momento muy dramático, después llegó Biden y fue como un bálsamo tras esas imágenes de tensión y de crispación de la sociedad... Ese era un poco su lema, curar heridas. Pero le ha tocado gestionar una situación muy difícil, desde la pandemia hasta lo que ocurrió en Afganistán con la retirada, la llegada de los talibanes... A Biden no le están yendo bien las cosas, de hecho, a un año de su elección, creo que es el tercer presidente menos popular de la historia de Estados Unidos, después de Ford y Trump, con apenas un 42% de aceptación en las encuestas.

Muy simbólico.
–Deja clarísimo que la sociedad estadounidense sigue estando profundamente dividida. En estos meses, Biden no ha conseguido curar esas heridas ni lo va a conseguir durante todo su mandato, porque como decía antes, tendría que hacer cambios estructurales y no los va a hacer. Además, Biden no tiene el apoyo de todo el partido y eso se ha visto por ejemplo en el hecho de que una de las medidas que quería poner en marcha para ir cerrando heridas, eran las ayudas sociales después de la pandemia y esto no ha pasado en el congreso porque no tiene el apoyo de su propio partido. Biden no lo está teniendo nada fácil y va a ser muy difícil que vaya cerrando esas grietas, sobre todo porque Trump sigue estando muy activo y quiere volver en 2024.

¿Y volverá?
–No sé si volverá, todo va a depender de lo que pase en las elecciones de noviembre de 2022. Son las elecciones legislativas de medio término y ahí se va a renovar la cámara de representantes y, aparte del Senado, se va a ver cuál es realmente el poder y peso de Trump dentro del partido republicano. Creo que sigue siendo el movimiento predominante ahora mismo y que el trumpismo sigue estando muy presente y mandando en el partido. Habrá que ver a partir del año que viene y de esas elecciones si Trump sigue teniendo posibilidades de cara a las elecciones de 2024. Y si las cosas salen bien, no tengo ninguna duda de que Trump va a querer volver, es el presidente republicano que más apoyo ha recibido en la historia del país. Si algo queda claro ahora mismo es que la división de Estados Unidos sigue siendo profunda y que Trump, aunque no lo escuchemos a diario –le cerraron todas las cuentas–, sigue estando ahí y muy presente además.

Ha definido Las grietas de América como un libro de viajes e imagino que trabajar aquellos años en Estados Unidos como profesional habrá sido un periplo profesional en sí. De hecho, en uno de los capítulos llega a afirmar que llega ligero de prejuicios, ya que se le han ido cayendo por el camino.
–El periodismo al final es una profesión que te permite seguir aprendiendo continuamente. Cuanto más conoces una realidad, te van surgiendo más dudas por el camino. El proceso de haber escrito este libro, de haber viajado por los 50 estados del país, de haber conocido en profundidad la sociedad estadounidense... Todo eso lo que me ha hecho es multiplicar las dudas que tengo sobre el país. Y esto es parte del aprendizaje. Para mí, haber trabajado como corresponsal en Estados Unidos y haber tenido la posibilidad de escribir este libro y de reflexionar sobre la sociedad estadounidense, me ha hecho crecer mucho. Ha sido una experiencia inolvidable, no sólo profesionalmente, sino también personalmente. Además de haber estado viviendo en Estados Unidos, ahora sigo muy de cerca la política del país a través de mi trabajo en la televisión, de vez en cuando viajo a allí... Sigo muy ligado al país. 

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