Ana Mari Marín fallecía el 24 de agosto de 2020 día de San Bartolomé hacia las 14:00 horas, 11 días antes había cumplido 87 años. Ha sido un largo lustro donde se evidencia esa orfandad pictórica en la que nos ha dejado, a la vez que echamos en falta aquella gran exposición estival y su acto inaugural, donde la música, la dantza, la poesía y sobre todo la pintura, constituían un auténtico alarde de cultura, en su Elizondo natal. Es el Baztan en su cita estival, época propicia para exposiciones donde los pintores locales dentro del programa que se denomina la “Ruta del Arte”, desde hace más de dos décadas ofrecen lo mejor de sus trabajos pictóricos realizados durante el año. Así también lo hacía Ana Mari, que en esto también fue pionera como en casi todas las facetas de su vida; ya a comienzos de los años ochenta, inauguró sus exposiciones individuales, en aquel txoko pictórico tan encantador, como era “Villa Balda” y posteriormente en su casa – estudio de Bergarenea.

La segunda década del siglo XXI, fue especialmente triste en la pintura de Baztan, ya que después de fecundas trayectorias vitales y pictóricas fallecían tres grandes nombres que gestaron el núcleo de la pintura baztandarra hacia la mitad del siglo XX. Ismael Fidalgo (2010), Joxe Mari Apezetxea (2017) y Ana Mari Marín (2020). Atrás quedaban los grandes pintores históricos como Javier Ciga y Patxiko Etxenike, y posteriormente la fecunda generación actual, surgida en torno a los años ochenta.

Al igual que Próspero Merimée en su célebre obra Carmen, hacía que su protagonista don José de Lizarrabengoa, se proclamara vasco de origen, nacido en Elizondo, en el Valle de Baztan, igualmente se autodefinía Ana Mari Marín en 1990, en el marco de una semana cultural dedicada al valle en Donostia. No es casualidad que hiciera alarde de su origen, ya que la Pintura y Baztan, serán los dos ejes sobre los cuales pivote su existencia, formando parte de su misma esencia dando así sentido a su vida.

Breve análisis pictórico de su obra

No vamos a glosar su rica trayectoria pictórica y vital, ya que lo hemos hecho en otros artículos, tan solo señalaremos algunos rasgos distintivos de su quehacer pictórico, ya que por encima de todo, su pintura es emoción y explosión vitalista de color, matérica y gestual, que se traducirá en su particular grafía pictórica cuyo rasgo más definitorio es su trazo ondulante y curvilíneo, que se transforma en su peculiar “caracoleo”, creando una suerte de arabesco donde líneas y pinceladas se retuercen para crear un lenguaje pictórico propio, que hace que un cuadro suyo sea fácilmente reconocible, porque por encima de todo, es expresión del alma y de su yo interior. Su pintura es biomórfica como la naturaleza misma, huye de la línea recta y del frío geometrismo, para abrazar las sinuosidades y formas redondeadas que le ofrece el paisaje baztandarra. Las construcciones (pueblos, caseríos, bordas, lajas, metas), constituyen el contrapunto geométrico. Su pintura tiene una estética barroquizante, una especie de “horror vacui” y abigarramiento formal.

Con respecto a los géneros son muy variados: vendimias, marinas, bodegones o naturalezas muertas, retrato, y pintura etnográfica como expresión fiel de un país, plasmando dantzas, carnavales y tradiciones. Entre todos los géneros, hay uno que sobresale sobre los demás: el paisaje de Baztan. En su carrera pictórica muchas han sido las geografías plasmadas: La Rioja, Castilla, Andalucía, Francia, Holanda, Reino Unido, Italia, San Petesburgo y un largo etcétera. Sin embargo, es este paisaje baztandarra, vivido y amado antes que pintado, quién define su esencia pictórica. En su extensa obra, se puede decir que ha pintado los quince pueblos que conforman el valle, inmortalizando aquellos txokos de mayor encanto. Este paisaje idílico y bucólico, se convierte en esa Arcadia, que es locus o lurra referencial, como expresión platónica del Bien y de la Belleza. Montañas sinuosas, verdes intensos, caseríos blancos, manchas de color de la frondosa foresta, pero sobre todo la rabiosa gama cromática del otoño baztandarra con sus rojos, ocres, marrones y sus especiales malvas, magentas y morados. El crítico de arte y poeta bilbaíno, Mario Ángel Marrodán, ahondó en la relación de su pintura y el valle y decía así: “Artista de notable inquietud humana y de indudable calidad colorística, Ana Marín nos demuestra la compenetración entre el pintor y el ambiente, su identificación con el medio, Ana Marín pinta al Baztan haciendo poesía”.

En cuanto a las técnicas aunque predomina el óleo, es en la acuarela donde hace su aportación más original. Son ligeras, gráciles, libres, espontaneas, poseen un encanto naíf, pasando de los intensos colores a las trasparencias más sutiles, evanescentes y luminosas. La pincelada gestual, se torna en caligráfica, poblando todo el lienzo de un mundo de signos, que se transforman en formas que definen su imaginario estético y expresan su rico mundo interior.

Nuevas líneas de investigación y colección permanente

Aunque la obra de Ana Mari ha sido profusamente estudiada, aún hoy presenta novedades sobre las que es preciso investigar. Es necesario hacer una periodización de su larga trayectoria pictórica de más de setenta años, analizando las claves y características de cada una de las etapas. Al mismo tiempo hay que profundizar en temas pictóricos muy poco investigados como son la pintura social e industrial, así como obras de mayor profundidad ideológica: Canta gallo acorralado o Dieu existe, que revelan una faceta más filosófica y existencialista, muy poco conocida.

Por todo ello la obra de esta gran pintora, requiere una revisión global que además aborde la ingente y casi imposible tarea de catalogar su numerosísima obra (de varios miles de ejemplares) dispersos por colecciones particulares y públicas. Por todo ello es necesario un catálogo razonado y sobre todo una colección permanente en Baztan que de fe de la grandeza de su obra.

Baztan, como razón existencial

Además de la pintura, Baztan ha sido su otro motor vital. La podemos calificar de auténtica factótum, siendo el alma mater de numerosos proyectos: Baztandarren Biltzarra, Museo Etnográfico, además de participar e impulsar otros como la Coral de Elizondo, semanas culturales de las décadas de los 70, 80 y 90 en Elizondo, Iruña y Donostia y un largo etcétera. Nada de lo que ocurriera en Baztan le ha sido ajeno, poniendo especial énfasis en la pintura, música y cultura. Su capacidad de entrega le llevó a tomar parte activa en la política local, tanto como concejal del Ayuntamiento de Baztan, como alcalde - jurado de Elizondo durante tres bienios, cargo al que le tenía un especial cariño, y que le permitió trabajar sin descanso por su pueblo

Significado y actualidad de su pintura

Su pintura entronca con una utilización subjetiva y lírica del color. Es expresionista, porque sale de lo más profundo, pero no en forma de queja dolorida, sino de una alegría desbordante y vitalista como ella misma. Es fauvista, por su optimismo existencial, que lo expresa a través del color transmitiendo así, esa alegría de vivir, joie de vivre o bizipoza. Hoy vivimos tiempos convulsos, de injusticias y guerras, por eso su pintura es más necesaria que nunca para hacer frente a esta cruda realidad y por medio de la sublimación recobrar esa alegría vital de la pintura de Ana Mari Marín.

Zauden lekuan zaudela, beti gogoan eta gure baitan.

*El autor es historiador del arte y presidente de la Fundación Ciga