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La animación 'stop-motion' entra en el horno

El artista Daniel Llaría habita la sala circular de la Ciudadela con cuatro animaciones que, a través de las técnicas de ‘stop-motion’ y ‘time-lapse’, abordan cuestiones de identidad

La animación 'stop-motion' entra en el hornoIban Aguinaga

La animación, realizada con las técnicas de stop-motion y time-lapse, ha entrado en el Horno de la Ciudadela de la mano del artista Daniel Llaría. Hasta el 29 de marzo puede visitarse la sugerente instalación Medrando y otras animaciones, en la que la videocreación, trabajada desde un pensamiento escultórico, sirve como lenguaje para hablar de cuestiones vitales como la identidad de clase o la subjetividad.

“Hemos invitado a Daniel a ocupar este espacio porque su obra nos parece muy sensible, e invitamos a toda la ciudadanía a acercarse y disfrutarla”, decía en la presentación de la muestra, el pasado viernes, el director del área de Cultura, Íñigo Gómez Eguíluz.

El proyecto que presenta Llaría, artista multidisciplinar nacido en Logroño en 1985 y afincado en Bilbao, se enmarca en el trabajo que realiza “en el espacio que separa la escultura y la imagen-vídeo”. “La dimensión simbólica y material de esta oposición me condujo, desde muy temprano, a experimentar en el campo de la animación”, explica el artista. Así, desarrolló una ténica que parte de “un stop-motion, realizado con objetos más o menos mundanos, que se expande a entornos y paisajes, también más o menos mundanos, que a su vez son registrados en time-lapse”.

Las cuatro animaciones con las que habita el Horno Daniel Llaría tienen esa corporalidad propia de la escultura, ámbito en el que trabaja normalmente. Son piezas que ha desarrollado entre 2012 y este 2026 –Medrando (2021-2026), Be Seen Be Safe (2017-2020), No nadas mejor de lo que nadabas al principio (2015-2016) y So go and become a storyteller (2012)–, y en las que late “una idea de animismo un poco precario, en el que trato de dar vida a las cosas y personificarlas para, a través de ello, hablar a modo de metáfora sobre cuestiones de subjetividad e identidad, sobre cómo estas cuestiones muchas veces vienen determinadas por fuerzas externas”, cuenta el artista.

Cada pieza tiene su narrativa, su propia historia, aunque hay cuestiones que atraviesan a todas y que tienen que ver con la identidad de clase, la identidad de género y con las diferentes épocas de un recorrido vital. “En algunos aspectos son creaciones bastante biográficas”, apunta Llaría.

Medrando es su creación más reciente y habla “de una época en la vida en la que vas asumiendo ciertas verdades y tomando tierra, y aceptando un poco quién eres desde otro lugar. Elegí el verbo medrar porque puede hacer alusión a eso”, explica el artista. Be Seen Be Safe (Sé Visto Estáte a Salvo) está protagonizada por chalecos reflectantes de trabajo y es “una metáfora sobre la visibilidad y el reflejar la luz o emitirla”, dice sobre esta pieza, añadiendo que “algo que estructura mucho las cuatro animaciones es el suelo, porque todos los objetos animados se desplazan por el suelo”.

No nadas mejor de lo que nadabas al principio, por su parte, es una animación grabada en Nueva York y “una referencia a la película de Chantal Akerman News From Home (1976) en la que ella lee cartas de su madre mientras muestra la ciudad; habla sobre desplazamiento, sobre estar lejos de casa y lo que eso remueve en tu propia identidad”.

Y la primera animación de esta serie que realizó el artista, en 2012, So go and become a storyteller, “es una historia de amor entre una grada en miniatura y un escenario que va sucediendo durante diferentes eventos en los que son utilizados como mobiliario”. En las cuatro piezas se apunta a un “conflicto”: “un desajuste entre la forma, ligada a lo cotidiano, al hazlo tú mismo, al stuffing (rellenar, abigarrar), y el contenido, ligado a idearios políticos y simbólicos compartidos y representado por la figura magnánima del narrador (storyteller)”, cuenta el artista, que ha encontrado en la videocreación “más posibilidades narrativas y simbólicas” que las que veía en la escultura, y cuyos vídeos e instalaciones utilizan materiales como el tejido, el hormigó o el caucho para abordar cuestiones relacionadas con las identidades de clase, las relaciones de poder y la sexualidad en la construcción de ideologías e imaginarios colectivos.

Daniel Llaría reconoce que es “un auténtico reto” apostar por la imagen en vídeo para conectar con el público en un tiempo en que tenemos saturación de pantalla y de cultura digital. “Y esa es también una de las razones por las que trabajo la animación, porque tiene mucho potencial si la trabajas con cierta sensibilidad; son imágenes que resultan atractivas para el espectador, o al menos sugerentes, intrigantes... Digamos que son un poco magia”, dice.